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Sin playera hay futbol

Hubo un tiempo no tan lejano (aunque ya empiece a hablar en décadas) en el que los jugadores, en medio del momento climático que significaba el gol, se quitaban la playera y la agitaban por encima de sus cabezas mientras corrían enfrentando a la porra. O la aventaban. O la ponían en el césped y se inclinaban ante ella. Hasta que un buen día, en 2004, la FIFA decidió que iba contra las reglas hacer eso. "Quitarse la camiseta tras marcar un gol resulta innecesario y los jugadores deben evitar tan excesiva muestra de júbilo" fue la excusa que pusieron... Cómo se nota que nunca anotaron un gol en su vida.

Iniesta sin camiseta

Craig Oldham y Rick Banks tomaban una cerveza y hablando sobre la regla de la FIFA que castigaba tener cualquier tipo de mensaje en cualquier parte del uniforme. Brillantemente, se les ocurrió hacer un libro sobre los mensajes más emblemáticos que nos han dado los jugadores una vez que hacen cruzar la pelota por la línea de gol. Titulado "I Belong To Jesus", es una compilación que tomó dos años en redactarse sobre las historias alrededor de estos instantes. A pesar de las reglas, el futbolista es un rebelde por naturaleza (juega con los pies en un mundo hecho para usar manos) y ha habido momentos recientes en los que una tarjeta amarilla valen la pena. Balotelli y su Why Always me?, Zlatan y su cuerpo tatuado con los nombres de 50 personas con hambre en el mundo. Iniesta recordando al fallecido Dani Jarque con el gol que coronaba a España en Sudáfrica, o Kaká, mostrando su entrega a Dios. ¿Por qué la FIFA tiene que prohibir este tipo de muestras, sean políticas, religiosas, de apoyo a aficionados y amigos, o simplemente humor? El futbol es parte fundamental de una sociedad conformada por política, religión, relaciones y humor. Prohibir es contra la esencia humana. Amsterdam no es la ciudad más tolerante del mundo por una cuestión humanística, sino porque entendieron perfectamente que para que haya bonanza económica, todos deben de convivir con todos. Esa es una opción, pero la que aplica la FIFA es la de convertir a todos en un ladrillo más en su muro.

Kaká final champions

Pero el ser humano por naturaleza no es un ser inexpresivo. Tarde o temprano, el cúmulo de sentimientos va a salir.
La imagen del Azteca en éxtasis, con el ídolo mostrando la imagen de la Virgen y el jersey del equipo en el puño que agita, mirando hacia la porra con las mantas colgadas de las rejas con máximas que incitan a seguir a tu equipo hasta el final y los rostros de los héroes del pasado, mientras avientan papelitos de colores a la cancha es una imagen que las más recientes generaciones solo verán en las fotografías, o en escasos momentos donde se viole una ley que le ha quitado al futbol el alma de carnaval que tiene. ¿A dónde se fueron las banderas, las bengalas, las mantas, las máscaras, los confetis? Basta con ver los estadio de la Premier, donde estar de pie está prohibido, y ser demasiado efusivo tanto en la ira como el júbilo provocan una visita de los agentes de seguridad. Nick Hornby en su libro Fever Pitch se queja sobre eso, después del Informe Taylor que vino con la tragedia de Hillsborough. Y aunque se debe velar por la seguridad, las autoridades han caído en tal exceso que lentamente van convirtiendo al jugador número doce en un mero espectador y a los 11 de ahí abajo en trabajadores de pantalón corto, lejos de su papel de líderes y héroes; guerreros defendiendo la identidad de la que somos parte y en los que necesitamos ver la emoción y la pasión que nos embarga. La FIFA no lo entiende ni lo entenderá, así que no se preocupen.

El alma del futbol es tan grande que cualquier envase en el que se quiera contener, al final se va a romper.

Por: Bernardo Otaola / @bernaov