Un estadio con memoria y con latidos

Diego Andrade @diego_a72

Lo que casi todos saben: Chile ganó el pasado domingo su primera Copa América y su primer título importante y de renombre en el futbol mundial al vencer en tanda de penales a la selección del país vecino, Argentina.

Lo que muy pocos saben: el estadio donde se jugó la final, el Estadio Nacional de Santiago de Chile, ubicado en la capital del país, fue uno de los principales centros de detención de los opositores al régimen político del dictador Augusto Pinochet. Hace 41 años, entre septiembre y noviembre de 1973, el estadio sirvió como centro de detención del grupo opositor y vencido: la izquierda de Salvador Allende. Se estima que 40,000 presos políticos pasaron por ahí. La actual presidenta, Michelle Bachelet (que no ha sido muy querida durante su mandato) también fue víctima de las atrocidades de la dictadura militar cuando era joven. Ayer se le vio sonriendo y feliz por el triunfo de su selección.

Como escribía nuestro colaborador, Julián Nader, en la gaceta número 9: "Pensar las atmósferas que hemos creado es pensarnos a nosotros mismos. (...) El estadio es (...) un espacio geopolítico donde está el juego la lucha por el poder". Ayer, el poder se vio en la unidad del pueblo chileno, festejando con algarabía y júbilo el triunfo de "La Roja". Gritando y apoyando, la afición creó un solo entorno que empujaba a los jugadores, una sola voz que trazó un ambiente de lucha y de entrega; la "suerte" que tuve el equipo bien podría haber venido de la energía del estadio.

El amante del balompié entiende que visitar un estadio vacío es una experiencia mística, pues este nunca calla, sino que sigue latiendo. Parece que no hay nadie, sólo algunos turistas disfrutando del paseo; parece que no hay ruido, sólo los aspersores que riegan la cancha. Pero cuando uno se sienta en las gradas, pisa el pasto, recorre sus vestidores y sus pasillos, escucha ruidos y ve imágenes; recrea a su manera los goles y las hazañas ahí cometidas, en pocas palabras, los fantasmas lo hacen sonreír. En el Estadio Azteca sigue Negrete suspendido en el aire y aún se ve a Maradona alzando la copa; en el Camp Nou se puede ver a Rivaldo levantando con el pecho el balón; en el Maracaná lloran todavía por el gol de Uruguayo hace 50 años. Todavía gritan los aplastados en Bruselas y en Ciudad Universitaria.

Percibir la historia que permanece a través del concreto y del espacio es una experiencia única. Entran Vidal, Valdivia, Bravo y los demás al vestidor, ahí donde torturaron a sus paisanos 40 años atrás. Ahí, en el mismo espacio donde ellos se visten y reciben las instrucciones técnicas, ahí hubo personas que sufrieron... Están en el mismo lugar donde se sufrió y se resistió por un país mejor, por una democracia donde cada quien fuera libre de expresarse. Qué mejor motivación que salir a jugar y a sudar por darle una alegría a mi pueblo.. por enseñar que esas épocas quedaron atrás y que juntos saldremos adelante. Queda claro, una vez más, que esto del futbol es mucho más que sólo un juego, es un fenómeno que nos permite entender nuestra realidad.