Zidane: Retrato del siglo XXI

Por Pablo Cervera

El futbol, como la música, sucede a través del tiempo. En el balompié todo transcurre durante los reglamentados noventa y tantos minutos de juego. Para la música existe el compás, unidad de tiempo donde se desarrolla; parte de una idea musical general, un todo. La mezcla de música y futbol es inconcebible para muchos, incluso reflexionarlo a través de otras disciplinas ha sido un continuo debate. Pero el cambio es la constante del tiempo; las propuestas nuevas surgen, la distancia entre futbol y otras profesiones se puede reducir.

En esencia el cine es la mezcla de imagen y sonido. Se ha hecho de la música un tercer elemento, un complemento de los otros. Pero en contadas ocasiones se ha propuesto al futbol como tema para el cine y la música. En el año 2005, dos artistas (Douglas Gordon y Philippe Pareno) tomaron la idea del cineasta alemán Helmuth Costard y la repitieron en su contexto: un partido de futbol, muchas cámaras y un jugador al cual filmar.

Tres equipos peleaban la liga española del 2005: Barcelona, Real Madrid y Villareal. El 23 de abril se enfrentó el Real Madrid contra el Villareal en el Santiago Bernabéu. El equipo de la capital española contaba con una alineación de ensueño, compuesta de varios talentos y jugadores mundialmente famosos, mejor conocida como “los galácticos”. Entre ellos destacaba un mediocampista francés, considerado por muchos como uno de los mejores jugadores de la historia: Zinedine Zidane.

Durante el partido, el elegante jugador del Real Madrid fue seguido por 17 cámaras y micrófonos especiales. El encuentro era cerrado, se jugaba entre los mejores equipos de la temporada, pero las cámaras se enfocaron en saber quién era ese hombre, qué reflejaba su imagen. La conocida elegancia de Zidane es apreciable desde las primeras tomas: preciso estilo de juego, ritmo constante, amplio conocimiento de la cancha y sus espacios. Conforme pasa el tiempo, el partido parece desvanecerse y nuestra mirada se concentra en la soledad del personaje, la mirada y personalidad profundas de Zinedine. Un hombre comprometido, concentrado, con habilidades y errores, instantes de alegría y momentos de enojo; la dualidad humana retratada en un futbolista. En momentos observo emociones de Zizou, incomodidades por el transcurso cerrado del partido; la presión en el estadio se nota y lejos de los galácticos, se encuentra Zinedine luchando contra el mismo y el tiempo.

El futbol sería un juego mecánico, distante y frío si no florecieran los sentimientos. Similar a la vida, el balompié tiene sus alegrías y dificultades. La imagen del jugador dirige el pensamiento hacia lo peor: las cosas no salen como él quiere; la lucha es pesada e interminable. Sorprendentemente el retrato se transforma y la música se convierte en la mejor acompañante de la imagen, el perfecto catalizador de emociones. Con ritmos lentos e hipnóticos nos atrapa la música de Mogwai, grupo de post-rock escocés elegido para realizar el soundtrack. El mal tiempo de Zidane y la problemática del partido están acompañados de texturas sonoras envolventes y tensas, melodías nostálgicas y un perfecto sonido de incomodidad: la unión de los elementos musicales propone sentir lo que Zinedine no expresa en palabras.

Música, cine y futbol. Extraña mezcla para muchos, propuesta interesante para otros. El futbol tiene ritmo, espacios, tiempo; música. El cine documental indaga en la realidad. El balompié en todas sus expresiones (profesional y amateur) está cargado de sentimientos: la alegría al jugar de un niño, la emoción de un gol, la pelea incesante por el balón o la acción en defensa por un compañero abusivamente agredido. Los sentimientos inundan la cancha, la música y el cine pueden trasmitirlos. En el futbol el jugador que propone algo nuevo suele marcar la diferencia. En la música y en el arte es similar, el cambio nace con mezclas y propuestas nuevas.

El tiempo de la música es flexible, el del futbol rígido. Los noventa minutos son historia, Zidane sigue siendo un jugador enigmático. Una acción trajo consecuencias: Zizou sale de espaldas al campo, solo. Un año después el eterno retorno: los sentimientos de Zidane provocan algo similar. Los últimos subtítulos expresan: “A veces la magia no radica en gran cosa. De hecho, casi en nada. Cuando me retire, echaré de menos el verde del terreno, el cuadrado verde…”.

* Para aquellos interesados el documental se llama “Zidane: A 21st Century Portrait”.

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