Robinho violador
Robinho violador

La Corte de Apelación de Milán confirmó que el futbolista brasileño Robinho es sentenciado a 9 años de prisión por violación colectiva. Mi primera sensación fue de orgullo, al fin había justicia, sobre todo en un medio plagado de machismo, discriminación y corrupción como lo es el futbol.

Casi inmediatamente desapareció mi sonrisa satisfactoria para dar paso a una mueca pesarosa… ¿en realidad este sujeto pasaría 9 años en la cárcel? Si algo me ha enseñado mi profesión, pero más la vida en esta Ciudad, es siempre a dudar -a veces al grado de desconfiar la mayoría del tiempo de todo-. Decidí que lo mejor sería leer al respecto.

En efecto, Robinho fue sentenciado, pero durante 2016 seguía contratado por el Atlético de Mineiro, incluso había rumores sobre una renovación en su contrato. Su exclub no se pronunció al respecto, y como el delito fue cometido en Italia, Robinho no podría ser extraditado de acuerdo con la ley brasileña. Después, el jugador fue contratado por el Sivasspor turco, a pesar de la condena impuesta. Esto hace que me pregunte: ¿ese es el respeto que merecemos como afición, como sociedad, como mujeres?

Independientemente de que muy probablemente, Robinho y el Atlético Mineiro -y todos aquellos que han cometido estupro y a quienes la impunidad les ha favorecido- pueden salirse con la suya, me alegró ver una muestra de inconformidad por parte de la misma afición, de un grupo llamado Feministas do Galo, quienes colgaron pancartas afuera de las instalaciones de su equipo. Galo, tu silencio es violento. No aceptaremos violadores. ¡Grandes!

A inicios de de octubre de este año, Santos había anunciado el regreso del delantero de 36 años de edad, pero poco después suspendió su contratación tras las presiones surgidas por la condena por violencia sexual que recibió en Italia. Lanzaron un comunicado en el que expresaron que tomaron dicha decisión para que el jugador pudiera “concentrarse exclusivamente en su defensa en el proceso que transcurre en Italia”.

El primer paso para romper el statu quo del que gozan los delincuentes es con el relato de la víctima -lo que me recuerda la labor de la escritora bielorrusa Svetlana Aleksiévich, que le valió el Nobel de Literatura en 2015-. No es ninguna coincidencia lo que ha pasado últimamente: grandes figuras de poder acusadas de depredadores sexuales y miles de voces denunciando esa violencia -que lleva siglos presente-.

El caso de Robinho no es un hecho aislado, se une a todos aquellos delitos sexuales que se han cometido, pero también señalado. En una de las pancartas de las Feministas do Galo se lee: Un condenado por violación jugando en el Galo es una violencia contra toda las mujeres.

La expresión es, sin duda, una primera medida, y los medios de comunicación juegan un papel importante -véase el caso de la revista Time y su persona del año-, sin embargo, no es suficiente. Si se sigue protegiendo desde las altas esferas de poder a estos personajes, ¿de qué habrá servido la lucha de miles de personas que han sufrido acoso y abuso? El futbol no debe ser cómplice de la violencia sexual.

 

Por: Carolina Caballero / @Maca_Zzz

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