Don Cata prometió llevarnos a comer barbacoa del Paisano si ganábamos la final. Tal vez sea este equipo el culpable de tanta tirria que me da la banca: solamente me meten cuando alguien se cansa o, para la mejor de mis fortunas, se lastima y no puede terminar el partido.

Hoy he jugado más de cuarenta minutos porque Andrés no llegó. Suponemos que sigue castigado por la peda que nos pusimos la semana pasada. Según él lo tenía todo controlado, pero no se acordó que justo ese día los visitaban sus tíos de Puebla, tan mochos como poblanos y tan estereotipados. Llegó tambaleándose, medio que se comió una cemita y la terminó vomitando en las piernas de su tía, todavía con pedazos enteros de carne y pápalo. Sus papás se pusieron como los tíos de Harry Potter con él y no dudo que lo tengan durmiendo debajo de las escaleras de su edificio.

Don Cata mandó al Tortas de medio campo (la especialidad de Andrés) y a mí me hizo un huequito en la defensa; entre la defensa y el Tortas, me temo que su estrategia es que me caiga para nada el balón. Si es así le está funcionando de maravilla: entre que me le escapo y entre que la mayor parte del juego se ha mantenido la pelota en el otro lado de la cancha, parezco el compañero de oficina de mi mamá, ése que, según ella, se la pasa durmiendo en los recónditos de su chamba, pero cuando llega el jefe ahí anda en primera fila. Dice que hay días enteros que no lo ve, y parece tener un sensor que le avisa cuando el jefe estará por allí. 

Pues así debe sentirse el huevón, contento como yo de estar sacando la chamba… El marcador sigue cero a cero y me pregunto si con Andrés esto sería distinto. Ni Mati ni el Maragol han podido penetrar el área, aunque se la pasan llegando a los linderos. Me recuerdan a un partido local que vi de Bolivia el otro día, donde los dos equipos nomás llegaban hasta el área y de ahí la volaban o se caían o se hacían fintas solos o se las quitaban sin mayor esfuerzo, ¿no seré boliviano?

Tania tampoco está porque tuvo concentración en fuerzas básicas, pero nos dijo que su corazón estaba con nosotros. Ojalá me haya dejado alguito de talento aunque fuera. 

Don Cata armó este equipo hace varios años, antes de que le salieran canas y cuando la mayoría de nuestros hermanos mayores y algunos tíos todavía no se habían dejado crecer la panza. Atlético Mirador, como su andador, como su tiendita que se llama Mirador III. Cuando el equipo gana el campeonato, o alguno de los clásicos, nos invita a todos, sin excepción, una buena comida. Por eso estoy haciendo como que hago, porque a pesar del calorón que está pegando, ya me estoy saboreando el caldito, la barbacha y una cocota bien fría.

Sigo pensando en la cemita guacareada de Andrés, qué habrá dicho su tía, ¿se le habrá salido alguna grosería a pesar de ser tan mocha? Despejo con un patadón la primera bola que me llega en todo el juego. La alcanza a desviar un rival por la banda. Mati la saca de volada y tengo que ir yo hacia arriba por la inercia misma de la jugada. Siempre me han puesto nervioso estos momentos, se me bloquea la mente y la termino cagando como en ese partido que vi. Tengo que seguir corriendo, el balón está en mis pies por algún milagro, quizá porque Tania me dejó una pizca de talento. Sigo corriendo y sólo tengo un rival de frente.

No sé por qué rayos, pero levanto la vista hacia la luz intensa del sol que me quema las pupilas, siento además un golpe interno que marea, un hueco en el estómago y la visión se me empieza a nublar, tal vez como a Andrés mientras comía su cemita. Pienso en los pedazos de carne y pápalo a medio masticar y quiero vomitar, ni siquiera pensar en la coca helada me devuelve, quedo solo frente al portero pero se me termina de borrar todo, la ilusión de la barbacoa, el sol, el balón, el portero. Entre nubes veo a Andrés guacareando las faldas de su tía, veo solamente los restos molidos de comida y un último mareo me aprieta las sienes.

Al abrir los ojos Mati me está cacheteando, la voz de Don Cata se escucha cada vez más cerca. El balón está al fondo de la red. No entiendo qué sucede, no puedo leer el rostro de los jugadores contrarios, solamente pienso en que, si fue gol, estamos a un bocado de la barbacoa.

Lee más: Purgatorio 

Por: Arturo Molina

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