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El día que robaron la Jules Rimet

Quizás para los no tan viejos el nombre Jules Rimet no suene de mucho, pero sin lugar a dudas es el trofeo más trascendental, místico y lleno de anécdotas en la historia del balompié.

Una copa que fue robada dos veces, la primera en las vísperas al Mundial de Inglaterra 1966, para días después ser encontrada envuelta en papel periódico por un perro de nombre Pickles, quien sostuvo en su hocico lo que se le negó levantar a Alfredo Di Stéfano, Eusebio, George Best, Ferénc Púskas, Lev Yashin, Paco Gento, entre otros. 

Sin embargo, no fue hasta 1983 cuando el trofeo que se le entregaba al Campeón del Mundo fue robado en Brasil, y a la fecha nadie sabe de su paradero, te contamos la historia.  

Mármol, oro y plata

Jules Rimet fue presidente de la FIFA de 1921 a 1954, y además de ser el encargado de organizar la primera Copa Mundial de la FIFA Uruguay 1930, fue también quien ordenó al artesano francés Abel Lafleur la creación de la Coupe du Monde. Lafleur la terminó en abril de 1929 y la bautizó como “La Diosa de la Victoria”

Con un gasto total de 50,000 Francos, la copa adornaba una base de mármol donde se fueron escribiendo los nombres de los campeones, una medida de 30 centímetros y 3,8 kilos de plata esterlina enchapada en oro, su peso era de 4,5 kilos. Durante sus primeras entregas el galardón fue llamado “Copa del Mundo”, no fue hasta 1948 cuando se le renombró como “Copa Jules Rimet”

Los elegidos

Primero, en Uruguay 1930 la levantó Jose Nasazzi; en Italia 1934 Giampiero Combi; en Francia 1938, Giuseppe Meazza; en el Maracanazo, Obdulio Varela; en Suiza 1952, Fritz Walter; en Suecia 1958, Bellini; en Chile 1962, Mauro Ramos; en Inglaterra 1966, Bobby Moore; en México 1970, Carlos Alberto. De esta manera marcando la última entrega del galardón. 

Una Copa para siempre

La tradición marcaba que el ganador de cada edición conservaba el trofeo durante sus cuatro años de reinado, sin embargo en México 1970, Brasil consiguió su tercera corona, así que la FIFA decretó heredarles el trofeo, para que los sudamericanos lo conservarán para siempre. 

En Alemania 1974, fue la primera vez que se otorgó el trofeo que conocemos en la actualidad. 

El mayor botín

Es una lástima que el trofeo vitalicio que ganó Brasil en 1970 solo les durara 13 años. Cuando la Scratch do oro regresó a casa, resguardaron el trofeo en la sede de la federación, dentro de una sala llena de trofeos; la joya de la corona: la Jules Rimet fue puesta en una vitrina con cristales antibalas y un buen equipo de seguridad en la sala, pero pasaron por delante un detalle que les costó la gloria. 

La urna estaba pegada a una pared con cinta aislante, de modo que bastaba con despegarla para robarla. Fue el 20 de diciembre de 1983 cuando dos ladrones entraron a las instalaciones de la federación, sometieron al vigilante de seguridad con armas de fuego, quien los llevó a la sala donde se encontraba la copa, y lograron robarla en cuestión de minutos. Tan solo les bastó despegar la cinta y retirar los vidrios antibalas para hacerse del poder del trofeo más importante en la historia del futbol. 

La envidia argentina

La sociedad brasileña se encontraba consternada, sabemos cómo se vive el futbol en la tierra del carnaval y un trofeo de esa magnitud era considerado un de patrimonio del país. Para el pueblo fue más que un simple robo, fue un golpe a la identidad brasileña, pues era la prueba tangible para denominarse la mejor selección de la historia. Al punto que el mismo Pelé salió en cámaras pidiendo a los asaltantes devolver el mismo, no por su valor monetario, si no por su valor sentimental. 

“Me gustaría hacer un llamado, para que devuelvan la copa, no por su valor monetario, si no por su valor simbólico”, Edson Arantes do Nascimento. 

Una conclusión triste

Después de iniciar una investigación sin prácticamente un punto de inicio y con todo el pueblo sobre ellos, la policía brasileña dio con el líder del golpe: un joyero argentino de nombre Juan Carlos Hernández, que entre otras cosas se dedicaba a traficar drogas y oro. Según la investigación el preciado trofeo fue fundido al instante. La Copa Jules Rimet creada en 1928 dejó de existir. 

Tiempo después, la federación brasileña se vio en la penosa necesidad de encargar una réplica exacta con un costo de 254,000 libras esterlinas. Poco después los responsables fueron juzgados y condenados, sin embargo, nunca se pudo probar que fueron los responsables de su fundición. 

“Juna Carlos Hernández era un tipo muy astuto, fingía no saber nada, pero cuando le dije que para los brasileños era una bofetada que un argentino haya convertido a la copa en lingotes de oro, me miró con una sonrisa que todavía recuerdo. Para mi fue como una confesión”, relató el investigador del caso. 

Leer más: Pickles: olfateando la victoria

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Por: Diego Albarrán / @diego_cuba08

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