Blog

El River “Play” de los 90 (Capítulo 1)

No había equipo más poderoso que el River Play. Tres años consecutivos dominando el campeonato del recreo. La esencia del nombre venía de Buenos Aires, pero la fonética y gramática fueron cortesía de Chucho, el eterno profesor de educación física de la escuela. Sí, Chucho era el docente, árbitro, y presidente de la liga.

La inscripción era gratis, el arbitraje unos cuantos pesos, nada que pudiera dañar el presupuesto para el lunch. Todos los equipos tenían el mismo uniforme. Tenías suerte si te tocaba jugar en día de deportes pues, entonces al menos lo harías más cómodo con pants y los obligatorios tenis blancos. Pero si te tocaba otro día entonces tendrías que darlo todo con zapato, pantalón, y chaleco. Incluso me tocó ver valientes jugando con suéter. Yo lo odiaba porque sudaba a cántaros debido a la herencia genética de mi papá.

Te puede interesar: Futbol romántico

River Play fue un ícono. Teníamos figuras como el Chino, Robert, Guicho, César, entre otros. Parecíamos una camada destinada a lo grande en esos años. Cuando empezamos a jugar juntos, arrasamos a la competencia en la categoría de cuarto, les ganábamos a los grandes de quinto, y asustábamos a los viejos de sexto. Incluso hubo una vez que jugamos con los abuelos de preparatoria. Esto se dio porque en aquel entonces mi primo cursaba ese grado y conocía a sus amigos. Ni los dirigentes de la selección pudieron haber organizado un partido así. Perdimos, pero les dimos un buen susto. Nos reconocieron, ganamos su respeto.

El roce con los otros equipos del mismo grado nos acercó con compañeros que no eran de nuestro salón. Empezamos a transformar la rivalidad deportiva en amistad. El River como local era tan bueno que el campeonato del recreo quedaba chico. La amistad entre los grados ya se había consolidado entre fiestas de cumpleaños y reuniones para jugar FIFA de pixeles.

Te puede interesar: Muriendo cada partido

Estudiar la primaria con la misma base de jugadores permitió lo inevitable, conjuntar los elementos que en el futuro conformarían una selección que representaría a la escuela en torneos externos. Ni los mejores cazatalentos profesionales de hoy lo hubieran hecho mejor.

Con el tiempo los padres de familia se conocieron entre sí, y cuando vieron el potencial que teníamos y el cómo nos divertíamos, nos ayudaron a inscribir al equipo en el famoso torneo nacional patrocinado por una conocida marca refresquera. El premio era ni mas ni menos que jugar a nivel nacional en Acapulco, el destino dorado de cualquier niño que viviera en la zona metropolitana. En ese tiempo ya éramos los veteranos de sexto, y estábamos listos para el desafío. Buenos Aires tenía a su River Plate, pero nuestra escuela tenía al gran River Play.

 

Por: Rogelio Calderón / @irogeman

Comentarios
rabona

Deja un comentario

Entradas recientes

Kanouté: cuestión de fe

Frédéric Oumar Kanouté (1977) es un exfutbolista maliense nacido en Francia. Su padre malinense, ya…

2 días hace

Futbol femenil, por un espacio seguro en las gradas

El pasado fin de semana se jugó la vigésimo cuarta edición del Clásico Regio Femenil…

2 días hace

Jared Borgetti: el zorro trotamundos

Con un olfato fino en zona de caza, el zorro es mayormente omnívoro, es decir,…

2 días hace

Osvaldo Castro: “Pata bendita”

Todo aficionado de la Liga MX suele llegar a la conversación o debate sobre quién…

2 días hace

Pickles: olfateando la victoria

El 11 de julio de 1966 en Inglaterra, inició la disputa por ver qué selección…

3 días hace

Jorge Campos: el hombre caleidoscopio

Jorge Campos es un caleidoscopio. La idea me vino al ver una de sus fotos…

3 días hace