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Japón, las tigresas asiáticas del futbol femenino

Un día, Japón comenzó a ser el caballo negro de las Copas Femeninas de la FIFA. Eliminó a potencias como Alemania, Francia, Inglaterra e incluso le ganó a países como Estados Unidos. La historia no es fortuita, desde hace algunos años, Japón trabaja arduamente por el crecimiento del futbol femenino en el Mundial. El resultado se ha visto en las dos finales consecutivas que jugó en el Mundial Femenino Sub-20 de 2018 y 2022.

En ambas, las niponas se enfrentaron a la Selección de España. En Francia 2018, vencieron a las europeas y aunque buscaban el bicampeonato en el de Costa Rica 2022, cayeron ante las de Salma Paralluelo, combinado que también ha apoyado el desarrollo de este deporte.

El primer golpe de autoridad

Par ellas, uno de los episodios más notables fue cuando obtuvieron la Copa Mundial de la FIFA en Alemania 2011, al derrotar a Estados Unidos en penalties 3-1. Si bien antes de este certamen se encontraban en el cuarto lugar mundial, el triunfo atrajo los reflectores y desde luego escalaron posiciones.

Tanaka Masahiro, periodista de deportes del periódico Sports Hōchi, relata que al regresar las chicas al aeropuerto de Chübu, 400 fans las recibieron con gran júbilo. Asimismo, en ese año fueron reconocidas con el premio Kokumin Eiyo Shō, el Premio de Honor Popular.

Los años de lucha

La historia del futbol femenino en Japón se remonta a 1966, cuando la escuela Kobe decidió formar el primer equipo de la categoría en todo el país. Otras escuelas emularon la iniciativa, de modo que en 1979 se llevó a cabo el primer torneo nacional llamado Campeonato Nacional Femenino de Fútbol, la versión femenina de la Copa del Emperador (Tennō Hai). Las reglas eran diferentes a las del futbol varonil.

Un año después, nació la Liga Femenina Nacional. Hasta 1991 que la Selección Japonesa participó en la primera edición de la Copa Mundial Femenina en China, sin embargo, cayó eliminada en primera ronda. Las posteriores participaciones de esta selección en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96 y en la siguientes ediciones del Mundial en Suecia 95 y Estados Unidos 99 no fueron exitosas. Además, no lograron clasificar a los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, por los que el futbol femenino perdió aficionados, y, desde luego, se dejó de invertir en infraestructura para su desarrollo.

El resurgimiento

Uno de los emblemas del futbol femenino japonés es la ex mediocampista Homare Sawa, a quien se le debe el relanzamiento de este deporte. Sawa jugó en Estados Unidos a finales de los años noventa. Al volver a su tierra natal, en 2003 logró que su selección consiguiera el repechaje al Mundial de ese año, que se celebraría en China, pero que por un brote de SARS fue reubicado a Estados Unidos.

El juego para el pase a este Mundial fue, por cierto, contra México. Sawa fue quien marcó el gol del desempate para el equipo asiático. Aunque quedaron eliminadas en Fase de Grupos, se veía venir un repunte del futbol femenino. De este modo, en 2004 clasificaron a los Juegos Olímpicos de Atenas, donde llegaron a Cuartos de Final. Cuatro años más tarde, en Beijing terminaron en cuarto lugar, y dos años después fueron campeonas continentales.

El secreto

El salto cualitativo de Japón llegó en 2010, cuando la Asociación Japonesa de Futbol empezó a exportar jugadoras a países como Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Noruega, Suecia. Esto con el fin de emparejar el nivel internacional en competencias de mayor prestigio. El gobierno subsidió y becó por un año a las jugadoras que emigraron a América y Europa. Los resultados llegaron al año siguiente con el campeonato Mundial y un año más tarde con la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Respecto a selecciones menores, consiguió el subcampeonato femenil sub 17 en 2010 y 2016, así como el campeonato en esta categoría en 2014.

En la sub 20 obtuvo dos terceros lugares en 2012 y 2016; además del campeonato de 2018. Este modelo se ha replicado en selecciones menores y se ha expandido a otro países. En 2018, la Liga Nadeshiko firmó un acuerdo con la Liga Iberdrola, la máxima categoría del futbol femenino en España, para desarrollar, de forma bilateral, estrategias para el crecimiento de este deporte. Dicho acuerdo contempla, además actividades y proyectos que fomenten la igualdad de género y la integración de las mujeres en el deporte.

Actualmente, las japonesas ya consiguieron colocarse como potencia en futbol femenino. Ahora solo falta consolidarlo con la Copa del Mundo de Australia y Nueva Zelanda 2023, objetivo que seguramente está contemplado en los planes estratégicos nipones.

*Con información de Tanaka Masahiro, del portal Nippon.com*

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Por: Georgina Larruz Jiménez | @LarruzMG

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