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Lev Yashin

Con 80 años, Valentina Yashina rememora la manera casi simétrica con la que su esposo se tendía para proteger la portería. Lev Yashin fue un histórico tanto en Rusia como fuera de sus fronteras. El mote ‘Araña Negra’ ejemplifica la sintonía que mantenía con su arco, sabiendo que un microcosmos como el área chica es casi el universo de las cosas celestiales donde un gol lo cambia todo.

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Yashin nació un 22 de octubre de 1929 en los albores de la U.R.S.S. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue enviado a trabajar en una fábrica militar, allí se dice que comenzó a interesarse por los deportes. Sin embargo, no perdió nunca la humildad del muchacho que quería jugar futbol. En 1950 debutó con el Dinamo de Moscú, equipo de sus amores, cumpliendo el sueño que acuñó cuando de niño miraba la película El portero.

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A pesar de eso, solo apareció formalmente hasta 1953 con el Dinamo. Pero era Lev Yashin, no podía simplemente quedarse con los brazos cruzados. Pese a que se quedó en la reserva, ese mismo año ganó una copa de hockey en la Unión Soviética, alcanzando el tercer lugar en el campeonato como mejor portero. El hielo era otra campo para la Araña. Y sí, jugaba para el HC Dinamo, en la modalidad de hockey.

En el futbol, si bien es importante el toque y la estrategia mediante la cual un equipo se para en la cancha, de ninguna manera se desechan otras habilidades como la velocidad o la fuerza. Sin embargo, es la coordinación de todos estos elementos los que establecen un paradigma dentro del campo. Yashin era un experto no solo al momento de pararse, sino también complementando su juego con habilidades motrices. La causa de esta magia tiene un nombre y es sin duda el de: hockey.

La Araña Negra llegó a 326 partidos con el Dinamo de Moscú, donde se convirtió en una leyenda. De 1950 a 1970 -mientras encendía un cigarro y fumaba- ganó cinco torneos de liga en la U.R.S.S. Allí arrasó con la competencia, vestido de negro y con una serenidad inconfundible. Se cuenta que su generosidad lo llevó a conservar a lo largo de toda su vida un Balón de chocolate que le habían regalado unos chefs franceses.

Tenía un corazón gigante. No por nada se llevó el Balón de Oro en 1963, habiendo ya ganado antes los Olímpicos de 1956 y la Copa de Naciones de Europa de 1960. Y es que por un lado mezclaba la habilidad con el carácter. Características que uno puede mirar en la estatua de bronce que levantaron en su honor en el estadio de Luzhnikí de Moscú.

Lev Yashin, un portero total que mira al siglo XXI desde una posición que despierta admiración.

Por: Andrés Piña/@AndresLP2

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