Anthony Burgess es mundialmente conocido por ser el autor de A Clockwork Orange. Lamentablemente, casi nadie recuerda el final original de la novela y se sigue alabando solo un fragmento de la obra del autor inglés. Este final dista mucho de la edición norteamericana de 20 capítulos o de la prodigiosa película de Kubrick que también se basó en la versión editada de la novela.

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Los fanáticos de Alex DeLarge se empeñan en profesar una fe religiosa por el que fuera, sin quererlo, el creador de uno de los personajes más emblemáticos del cine. Esta fe, por cierto, suele ser bastante traicionera pues son pocos los conocedores de su vasta producción literaria, y lo que es peor, se suele desdeñarla sin miramientos.

Anthony Burgess at home in 1968.

Anthony Burgess: una increíble obra recordada por un fragmento

No hay duda que el autor de Honey for Bears, -linda crítica de los viajes a la URSS durante la guerra fría- con su tono irónico, despreciaría el amor enfermizo que sienten por solo una de sus novelas. Tal y como lo menciona en la introducción de A Clockwork Orange escrita en 1986, año en que se publicó en su versión íntegra por primera vez en Estados Unidos.

Allí dice de manera notoria la molestia que siente por ser ubicado como el autor de la versión literaria de una película, compara su dolencia con la de Rachmaninoff, el cual también protestaba por la notoriedad de su Preludio en Do sostenido menor, ambos unos genios y ambos acosados por una red de fanáticos que se guían por el gusto común, dando carpetazo así a toda una vida dedicada a la expresión artística.

La historia por otra parte se repite, pero ahora con sus textos sobre futbol, los cuales se encuentran cercados y olvidados. Sin embargo, aquí los estudiosos del traductor de Cyrano de Bergerac suelen dividirse en dos grupos; los primeros apelan a que la frase dicha en boca del personaje Walpole de la novela Inside Mr Enderby es sin duda una de las mejores frases jamás escritas sobre el balompié, y otros más moderados afirman que lo que verdaderamente le interesaba a Burgess era la pasión desbordada que se vertía en el campo, la cual tenía un nexo irremediable con la adicción que provocaba.

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Ya que la supuesta teleología positivista que enmarca al futbol, es una constante en sus artículos. Le asombra y al mismo tiempo le causa un dejo de extrañeza, pues es casi irracional pensar que después de un gol viene otro; no hay nada seguro y todo puede suceder. A pesar de eso creemos todo el tiempo en imposibles, soñamos con grandes batallas y afirmamos que nuestro equipo aún puede remontar. Es en ese momento que entendemos la frase de Walpole:

Today is Saturday. Five days shalt thou labour, as the Bible says. The seventh day is the Lord thy God’s. The sixth day is for football and spreading the word and punishing and suchlike.

clockwork orange

El juego de futbol como la obra literaria de Anthony Burgess, guarda más de lo que se ve a primera vista. Es efectivamente el campo perfecto para repartir la palabra, el verbum latino que tanto conmocionó a los escolásticos.

Lucha donde aparecen y desaparecen todas las esperanzas. Allí se juega la permanencia de la memoria, sitio en donde un autor sigue escribiendo y sus novelas esperan ser leídas, como el balón que esperamos que se meta por una causalidad racionalista a la portería. Ni naranja ni mecánica sino todo lo contrario,  una teleología positivista que suele ser bastante irracional, pero llena de amor y coraje.

Por: Andrés Piña/@AndresLP2

 

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