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Michael Ballack: perder es cuestión de método

El futbol es un gran deporte, les presenta la oportunidad a cientos de personas de convertirse en jugadores de élite, y unos más les da el privilegio de ser leyendas. Pero también les otorga a otros la maldición de la derrota, y Michael Ballack fue uno de los desafortunados que vivió con ello toda su vida.

Su historia comienza el 26 de septiembre de 1976. Desde los 19 años de edad su talento comenzó a abrirle puertas en el futbol profesional, y firmó su primer contrato con el Chemnitzer FC. Ese mismo año hizo su debut con los Die Himmelblau en la Bundesliga 2, aunque no tuvo mucha suerte, porque perdieron el partido 1-2 frente al Leipzig. 

El Káiser de una nueva generación

Para este momento su estilo de juego ya daba que hablar, y a pesar de estar jugando en la segunda división, ya era comparado con Franz Beckenbauer, el primer defensa en ganar un Balón de Oro, esto debido a la manera en que comandaba el equipo y su liderazgo en cada partido Michael anotó 15 goles en cuatro temporadas y obtuvo su oportunidad de llegar al máximo circuito.

Franz Beckenbauer es uno de los mejores jugadores en la historia alemana. Comandó a Alemania a la final del Mundial de Inglaterra en 1966, y fue parte del Bayern Múnich que dominó Europa. Ganó dos Balones de Oro, uno en 1972  y otro en 1976. El Káiser conquistó 19 trofeos como jugador, y otros 3 como entrenador.

En la temporada 1997-1998 el Kaiserslautern se hizo con sus servicios, pero no lo debutó hasta la séptima jornada del torneo. En su primera campaña tuvo 17 participaciones brillantes, y así “el pequeño Káiser” fue campeón. Este sería un logro histórico, ya que era el primer equipo que era campeón en su primera temporada después de ascender. Lamentablemente no pudo ratificar su campeonato, pero fue considerado en 30 ocasiones.

Caer, ganar, subir , perder

Ya siendo considerado como uno de los mejores jugadores en Alemania, el Bayer Leverkusen lo contrató en 1999. Con este equipo alcanzó parte de su mejor futbol, sus pases largos eran prácticamente perfectos, y sabía cómo salir de una jugada desesperada sin perder el esférico. A larga distancia fue un dolor de cabeza para los porteros, su pierna derecha soltaba auténticos balazos que perforaban la red con mucha precisión.

Su carrera iba en ascenso, pero todo lo que sube tiene que bajar, y desgraciadamente a partir de este punto se comenzó a formar la historia que persiguió por siempre a Ballack. Durante su primera temporada en el Leverkusen el equipo fue sólido, concreto y letal, fueron líderes en prácticamente todo el certamen, peleando codo a codo con el Bayern Múnich por el título de liga.

Las escuadras llegaron a disputar el campeonato hasta la última jornada 1999/00, el equipo rojo ganó su partido, empatando los 73 puntos de su rival, dejando al Leverkusen con la posibilidad de empatar para ser campeón por primera vez. Sin embargo un autogol de Ballack fue el primero de los dos goles por los que terminó perdiendo el encuentro, dejando al Múnich como el monarca por diferencia de anotaciones.

A pesar de ser el comandante del equipo, de plantarse en el campo, de ser una verdadera muralla en defensiva y un arma letal en ofensiva, veía su sueño frustrado por primera vez. Aunque no fue la última.

Seguir jugando a pesar de…

Para la temporada 2001-2002, el Leverkusen se mostraba poderoso de nuevo. Se mantuvo peleando por el título de liga, llegó a la final de la Copa Alemana, a la final de la Champions League, y Michael Ballack fue pieza fundamental de Alemania para la Copa del Mundo Corea-Japón 2002. Esta era la temporada perfecta para trascender en la historia del futbol. Ser el campeón absoluto de Alemania, obtener el mejor título de Europa a nivel de clubes, y ser la mejor selección del mundo.

Pero dios tiene a sus favoritos, y Ballack nunca fue uno de ellos. A falta de tres jornadas ya tenía 5 puntos de ventaja sobre el segundo lugar, pero dos derrotas frente al Werder Bremen y el Nürnberg, combinadas con las victorias del Borussia Dortmund hicieron que quedara en segunda posición de nuevo.

Para tratar de sanar la herida, enfrentaron al Schalke 04 por la Copa Alemana una semana después. Sin embargo las cosas no mejoraron, el partido culminó con un 4-2, que dejó al Die Werkself sin la posibilidad de ser el único equipo europeo que podía conseguir el triplete.

Pero poder ser el máximo ganador de Europa podía arreglar absolutamente todo, así que se vieron cara a cara con el Real Madrid, que venía sin poder ganar nada en España. El partido se disputó en Glasgow, Escocia, y tan solo a los 8 minutos de haber iniciado el juego los madrileños ya estaban arriba en el marcador, aunque 5 minutos después los alemanes se recompusieron con un cabezazo cobrado por una falta sobre Ballack.

Para los últimos minutos del primer tiempo, Zinedine Zidane de la nada creó una volea magistral, digna de ser el mejor gol del año, y sentenció el 2-1 definitivo. Aún así el Bayer atacó y acorraló a los españoles, peleando hasta el último segundo del partido, sin embargo, Iker Casillas, que entró por lesión de César Domínguez, impidió el empate.

Una oportunidad más

El fracaso persiguió por toda Europa a Michael Ballack, y no lo dejaría en paz, ni siquiera a nivel selección. El Mundial celebrado en Corea-Japón en el 2002 tuvo a Alemania en el grupo E, teniendo como rivales de grupo a Camerún, Irlanda del Norte y Arabia Saudita. Terminaron como primeros de grupo al imponerse 0-2 a los africanos, 0-8 a los sauditas y empatar a 0 con los norirlandeses.

Para este momento el equipo se mostró fuerte como roble, y contundente cuando era necesario, avivando la llama del campeonato del mundial. En los octavos de final ganaron 1-0 a Paraguay y por el mismo marcador a Estados Unidos, pero esta vez con tanto de Ballack, que ya sumaba dos goles en el certamen.

En las semifinales Alemania se enfrentó con Corea del Sur, al que se impuso con un 1-0. Michael se mostró como el ángel del equipo, pues dos goles suyos colocaron en la semifinal y la final a la selección teutona, sin embargo la pieza vital se perdió el último partido. En las semifinales, al minuto 71 Ballack recibió una tarjeta amarilla, con la que, por acumulación de tarjetas, no pudo disputar el siguiente encuentro. 4 minutos después anotó el gol que le dio a sus compañeros la oportunidad de pelear por el campeonato.

“Puede ser un buen augurio que no juegue. El equipo tiene tanta confianza en sí mismo que estoy seguro de que ganará. Ningún inconveniente nos puede hacer mella”. (Michael Ballack)

En la última instancia tuvieron que enfrentarse a Brasil que, además, recuperó a Ronaldinho después de una roja en los cuartos de final, y junto con Ronaldo encaminaron el partido al 2-0 definitivo que terminó con la gran y desastrosa campaña de Ballack. No hay manera concreta de decir si el resultado hubiera cambiado con Michael en el terreno de juego.

Sin dejar el balón de lado

En años posteriores el futbol lo “recompensó” por las derrotas, y le concedió 13 campeonatos en los siguientes 8 años: 7 con el Bayern Múnich (equipo con el que fichó en 2002), y 5 con el Chelsea. En 2008 “el Káiser” volvió a tener la oportunidad de ganar un trofeo con la selección mayor, pero la mala fortuna siguió a su lado y perdieron la final de la Eurocopa con España 1-0, a pesar de tener el control del partido casi en su totalidad.

Antes de ese torneo había perdido la final 2007/08 de la Champions League frente al Manchester United, esta vez en tanda de penales. El partido terminó 1-1 y obligó a los tiros desde los once pasos, donde Michael anotó su cobro, pero un resbalón de Nikolas Anelka le dio el título a los Red Devils.

La mala suerte ya era algo asociado con él, y sus compatriotas comenzaron a separarlo. Lothar Matthäus y Philipp Lahm comentaron que era mejor, tanto para él como para el equipo, que abandonara a la Selección Alemana, pues jugaba mejor sin su presencia. Posteriormente, Michael Ballack se perdió el Mundial de Sudáfrica 2010 y nunca más volvió a ser considerado para el combinado nacional.

“El equipo juega mejor sin Ballack y tiene éxito. Otros jugadores han asumido el liderazgo y se han formado nuevas jerarquías”. (Lothar Matthäus)

Finalmente, y después de tantos golpes, regresó al Bayer Leverkusen en el 2010, equipo donde decidió retirarse dos años después. Contrario a lo que muchos creerían, se mostró agradecido con los logros que había obtenido, pensando que cuando era niño nunca imaginó llegar hasta donde está, pero el futbol le había demostrado que tenía que parar.

 

Leer más: Oliver Kahn, la perfección como pasión

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Por: Miguel Ángel Bustamante Rosas / @MiguelB07

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