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Pumas beneficia a otros equipos menos a su propio equipo femenil

Se acercaron a la grada dibujando un círculo en el aire con el dedo. No como un cero, vertical, sino acostado – una hélice volando. Señal reconocida, una petición: participen todas. Respondieron 22 mil 289 voces: “¡Goooya!”. No importaba el empate, ni la falta de goles: se celebraba una victoria: su primer partido de local en un estadio, el estadio, el Olímpico Universitario – su estadio. “¡Goooya!”. Pero la victoria también era melancólica: no sabían cuándo o, si acaso, volverían. A fin de cuentas, tuvieron que pasar tres años desde que nació la liga femenil en México para que las dejaran pisar la icónica cancha, y la noticia en el sitio oficial de Pumas advertía, “por única vez”. “¡Cachún, cachún, ra, ra!”. Además, a los pocos días, el país se sumaría a una cuarentena mundial que desapareció al público de los estadios. “¡Cachún, cachún, ra, ra!”. El club decía que era muy caro, que no había espacio para que ellas ocuparan el estadio, aunque fuera de vez en cuando. “¡Goooya!”. Pero, durante el 2020, sí hubo dinero y espacio para otros equipos, como Cruz Azul y América. “¡Universidad!”.

Compartir los estadios entre los equipos femeniles y varoniles es una particularidad del futbol mexicano (en Europa, suelen tener estadios propios, el Barcelona Femenino acaba de jugar por primera vez en el Nou Camp), pero es una buena medida para crear difusión e interés en la todavía joven liga femenil. Desde su inicio en 2017, torneo tras torneo, ante la Federación Mexicana de Futbol, el club Universidad Nacional registra al estadio Olímpico Universitario, perenne símbolo del deporte nacional, como la casa de su equipo femenil, pero no fue sino hasta el 14 de marzo de 2020 que jugaron ahí – todavía, “por única vez”. Aunque otros equipos, como el América, también lo hacen principalmente en su propia cantera, disputan aquellos partidos importantes – el clásico contra Chivas, los de liguilla – en el estadio Azteca.

El Estadio es de la Universidad y […] tiene una agenda de uso con márgenes muy estrechos para agendar”, justificó el club Universidad Nacional, el 30 de enero de 2020, en su cuenta oficial de Twitter. Para que el equipo femenil pueda jugar ahí, añade en un correo electrónico, hay que “modificar [su] calendario de actividades”: “personal, seguridad pública, mantenimiento, deportivo, visitas guiadas, etc…”.

Por un tiempo, las jugadoras y el cuerpo técnico no parecían muy interesadas en jugar en el estadio. Cuando se les preguntaba, opinaban que la cancha 1 de las instalaciones de la cantera, ciertamente muy bellas, pero con gradas de roca volcánica, sin protección contra el sol o la lluvia y un aforo menor a las 2,000 personas (menos del 10% del público que convocaron el 14 de marzo), era su casa, donde se sentían “más cómodas”, narrativa que repetían los medios en las transmisiones de los partidos. Sin embargo, la emoción de sus comentarios en redes sociales, cuando se anunció el partido del 14 de marzo, aniquiló esa percepción. “Es una experiencia inolvidable”, cuenta la capitana Dania Padilla a Universal Deportes. “Estábamos impactadas de todo lo que desconocíamos”. De estar, recalca, “en nuestra casa, más allá de Cantera”.

Mientras fue presidente del patronato, el organismo que rige al club Universidad Nacional, Rodrigo Ares de Parga buscó controlar lo que decían jugadoras y jugadores a la prensa. Tras su salida en octubre de 2019, esa ley mordaza parece haber terminado y las jugadoras como Padilla han podido expresar libremente su experiencia de jugar en el estadio – y su deseo de que se repita. Finalmente, tras ser ratificado a finales del año pasado, el actual presidente, el ingeniero Leopoldo Silva, prometió que el estadio sería su casa. La euforia por la noticia quizás ha opacado la letra chiquita de su promesa: cuando el público pueda volver.

Si no había cupo en el “calendario de actividades” del estadio para que Pumas Femenil jugara ahí, aunque fuera un partido más, como lo declaró el club, la cuarentena ciertamente lo liberó. Incluso se usó, de improviso y por primera vez en la historia de la UNAM, para aplicar el examen de admisión a la universidad, el 19 de agosto. Sin embargo, ellas jugaron el Torneo Apertura 2020, incluyendo un partido de liguilla, de vuelta en la cantera, donde tienen programados todos los del siguiente, según el calendario del Clausura 2021. Mientras, durante ese mismo periodo, el equipo varonil siguió jugando en un Olímpico Universitario vacío. También lo hizo el equipo de la filial (también varonil) de la Liga Expansión, que trajeron desde Tabasco a causa de las fuertes lluvias que azotaron al estado; así como Chivas, Cruz Azul y América, todos en condición de local, cuando se organizó, y se llevó a cabo un torneo veraniego adicional.

Después de que, en la primera mitad del 2020, se cancelara el futbol por la pandemia de la covid-19, la compañía de seguros GNP y Fundación Televisa idearon un torneo benéfico. La Copa GNP por México consistiría de dos grupos, de cuatro equipos cada uno, y todos los partidos tendrían lugar, sin público, solamente en dos estadios: el Akron, en Guadalajara, y el Olímpico Universitario, en Ciudad de México. En este último, además, se disputarían las dos semifinales y la final – nueve encuentros en total. “El Club Universidad se hará cargo de los gastos operativos que se lleguen a generar”, escribió Manuel Alcocer Castelazo, el representante legal del Club Universidad Nacional, al Director General del Patrimonio de la Universidad Nacional Autónoma de México en un comunicado obtenido por medio de la Plataforma Nacional de Transparencia.

La sexta cláusula de la escritura constitutiva del Club Universidad Nacional declara que “la UNAM se obliga a proporcionar a los administradores [del club] el Estadio Universitario, […] para las actividades propias del equipo de futbol, así como registrarlo, cuando se considere conveniente, ante la Federación Mexicana de Futbol, para que sea sede y se realicen en él tanto los partidos oficiales como los amistosos”. Está bien documentado como, desde entonces, que el club se independizó de la universidad, ha explotado ese privilegio, que también aprovecharon para organizar la Copa GNP por México.

“El Club Universidad, junto con otros siete equipos, está pensando”, avisa Alcocer Castelazo en el mismo comunicado, “en organizar […] un torneo amistoso”. “En este sentido”, sigue más adelante, “con fundamento en la Cláusula Sexta del Convenio para la Administración del Club de Futbol Universidad […], y por considerar que dicho torneo es una actividad propia del Club, se hace de su conocimiento […] que se utilizará, en su caso, el Estadio Olímpico Universitario como sede de los nueve partidos correspondientes a la Ciudad de México”. Pumas, entonces, parece haberle ahorrado a Seguros GNP y Fundación Televisa, los organizadores del torneo, el arrendamiento del estadio, que de otra manera debían pagar a la UNAM.

Por las remodelaciones del Estadio Azteca, durante las primeras fechas del Torneo Guardianes 2020, que empezó el 24 de julio de 2020, América y Cruz Azul se mudaron temporalmente a CU, donde jugaron dos partidos cada uno con restricciones muy similares a los de la Copa GNP: sin público, tapabocas y sana distancia. En total, Cruz Azul pagó $711,152 y, el América, $652,426.

Pumas, en cambio, por los nueve encuentros de la Copa GNP, pagó $837,415.35, según un comunicado que la Dirección General del Patrimonio Universitario le envió a Alcocer Castelazo el 17 de junio, también obtenido por medio de la Plataforma Nacional de Transparencia. En un desglose, la UNAM dice aportar un operativo “reducido” de 42 personas, “que realizará labores de protección civil, monitoreo y seguridad” en cada partido, lo cual resulta en un costo de $84,930.56 por aquellos en periodo vacacional, la mayoría; $42,465.28 por dos aún en periodo regular; y por la final, el más caro, $127,395.84: $721,909.79. en total, más IVA – un descuento extraordinario.

No está claro por qué se negoció así. Se buscó al club, pero hasta ahora no se ha obtenido respuesta. Por otro lado, está claro, que el club Universidad Nacional está dispuesto a usar sus privilegios, negociar, y hasta pagar, para que cualquier equipo ocupe el estadio Olímpico Universitario – siempre y cuando no sea su propio equipo femenil.

“Yo soy estudiante de la UNAM”, sigue diciendo Dania Padilla, que además estudia Matemáticas Aplicadas. “Y [portar sus colores] se siente más. Al final gritaba el Goya y me trasladé al momento en el que grité mi primer Goya en mi Facultad y en verdad es muy bonito”.

 

Por: Patricio Bidault / @pbidault 

Foto: Agencia Reforma

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