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Cerrado por Guerra

A veces el futbol es alegoría; otras, pretexto. Hoy, además de ser excusa, será guía; un perro lazarillo. Usaré los siguientes párrafos para narrar, a través de la cronología del Shakthar Donetsk —uno de los equipos más célebres de Ucrania— el pasado político reciente de un país hoy en guerra. El futbol, como toda institución, nos permite periodizar la historia, dividirla en capítulos breves, contarla y entenderla mejor. Abarcaré desde el año de fundación del equipo hasta el pasado jueves 24 de febrero en que la guerra entre Ucrania y Rusia provocó la suspensión de la Liga ucraniana.

El Shakthar Donetsk, aunque con otro nombre, el Stajanovets Stalino, fue fundado en 1936 —veintiún años antes de la muerte de Stalin— para representar a la Cuenca de Donbás, ya sonada provincia en donde se encuentran Donetsk y Luhanks: hoy famosos territorios por ser el centro de la disputa entre rusos y ucranianos. ¿El contexto histórico en que se erigió el equipo? Iósif Stalin gobernaba la recién creada Unión Soviética y perseguía a la oposición, lo que se materializaba en miles de detractores enviados a los Gulag, conocidos centros de trabajo correccional. En aquel clima, nacía también la llamada Constitución de Stalin: aquel documento que establecería, finalmente, la victoria del socialismo y las bases para la erradicación de la propiedad privada en la Unión Soviética. 

Recordemos que pocos años antes, en 1922, Lenin había fundado la llamada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) agregando en una sola entidad a Rusia, Ucrania, al Cáucaso sur (hoy Armenia, Azerbaiyán y Georgia), las repúblicas bálticas (Lituania, Letonia y Estonia), Kazajistán, Kirguistán, Moldavia, Uzbekistán, Tayikistán, Turkmenistán y a Bielorrusia. El Stajanovets Stalino, desde su fundación, nació como parte de aquella Unión en la que existía una primera división: la máxima competición a nivel de clubes que sería bautizada años después como Liga Suprema. Fue creada en 1934 para suceder a la Unión de Futbol de Rusia, instituida originalmente en 1912 y refundada en 1992 tras la desaparición de la URSS. A tal Primera División pertenecía entonces el Stajanovets Stalino que, al puro estilo de las ligas europeas, contaba con un campeonato de Liga, una Copa y una Supercopa. El Stajanovets Stalino ganó la copa en cuatro ocasiones. 

A inicios de la década de los 40, a pocos años de la fundación del club, llegarían sus primeros tiempos recios: se acercaba la Segunda Guerra Mundial a la que la URSS se unió en 1939. Conviene aquí detenernos y recordar el dramático encuentro conocido como el Partido de la Muerte jugado en 1942 en la heroica ciudad de Kiev, Ucrania, durante su ocupación por el poder alemán. Aquella mortal competencia que se disputaba entre dos bandos; dos agrupaciones nada balanceadas. Por un lado, un equipo integrado por soldados de las fuerzas armadas unificadas nazis. Por el otro, el FC Start: un equipo integrado por jugadores ucranianos del Dinamo y del Lokomotiv Kiev. Los superhombres contra los muertos de hambre; así describió Galeano la competencia que aquellos individuos convencidos de su superioridad racial terminarían perdiendo. En aquel partido, los ucranianos —con absoluta certeza de lo que se jugaban— vencieron a los soldados alemanes. La mayoría de ellos serían posteriormente torturados por la Gestapo y llevados a campos de concentración. No volverían a patear un balón.  

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Regresemos a nuestro hilo conductor: el Stajanovets Stalino. Después de la Gran Guerra Patriótica —nombre con el que los rusos llaman a la guerra contra la Alemania Nazi— habiendo perdido a todos menos a tres de sus jugadores, el club cambio de nombre: el Shakthar Donetsk. El Stajanovets Stalino no quería tener más que ver con el dictador. El equipo mantuvo su nueva denominación para jugar en la liga rusa hasta el año de ruptura de la Unión: 1991. 

Los primeros equipos en abandonar la Liga fueron, poco antes de la separación de la URSS en 1990, el Dinamo de Tbilisi de Georgia y el Zalgiris Vilnius de Lituania. Tras la independencia que habían logrado, tanto la Federación Georgiana de Futbol como la Lituana se negaron a participar más en los campeonatos organizados por la Unión Soviética y fundaron los propios bajo sus respectivas ligas nacionales. Otros equipos siguieron el mismo derrotero. 

Ucrania también se independizó de la URSS en 1990 con todo y Donbás. En su nueva liga, la Liga Premier de Ucrania, el Shakthar Donetsk pasó con más pena que gloria; obteniendo únicamente una copa en 1995. El club evolucionó como casi cualquier otro. Digo casi porque no a cualquier equipo le asesinan a un presidente por conexiones con la mafia. En pleno estadio. Tras aquel incidente que dejó varios muertos, el club dio un brusco giro de timón y comenzó a ganar. Hoy cuenta con trece títulos de liga en su registro y una copa de la UEFA: la de 2009. En aquel mismo año, el club inauguró su propio estadio: el Dombás Arena, así bautizado durante la guerra civil de 2014 como la Arena de la Misericordia por fungir como centro de recolección de bienes para la población afectada.

Observar la distribución de títulos entre los clubes de la Liga Ucraniana es bastante revelador; sobre todo si uno va analizando tales estadísticas para elegir a qué hinchada desea pertenecer. Una práctica ruin. Los títulos otorgados por la máxima liga de aquel país se distribuyen entre tres de los doce equipos existentes: dieciséis para el Dinamo Kiev, trece para el Shakthar Donetsk y uno para el Tavriya Simferopol, un equipo de Crimea que no juega más en la primera división. Así el Shakthar Donetsk es hoy, junto con el Dinamo Kiev, uno de los cimientos de su balompié nacional. El encuentro entre ambos: el derbi Ucraniano. Sí, derbi. Aunque no sean equipos de la misma ciudad. La rivalidad entre los clubes, como ya podrán anticipar, no solo es resultado de una aguerrida lucha por una mejor posición en la tabla de títulos. Cada equipo busca mostrarse mejor que su rival. El encuentro entre el Dinamo Kiev —equipo de la capital que lleva la ucranización como bandera y cuna de nuestro querido Andriy Shevchenko— y el Shakthar Donetsk —que, como ya sabemos, tiene su origen en una región mayormente rusófona— es, como siempre, una metáfora de algo más.  

La historia del Shakthar Donetsk volvió a ralentizarse durante el 2014, esta vez por influencia rusa. La guerra civil al este del país —la guerra del Dombás, el conflicto entre las llamadas fuerzas independentistas de las Repúblicas Populares de Donetsk y Luganks,— orilló a casi la mitad de su plantilla a permanecer en suelo extranjero y no volver a jugar con su club. La guerra obligaba además al club a abandonar su flamante y recién inaugurado estadio: el Dombás Arena. El Shakthar Donetsk se iba de Donetsk. El equipo jugó algún tiempo en la Arena Lviv de Leópolis al oeste de Ucrania para cambiar nuevamente de sede en febrero 2017 al Estadio Metalist en la ciudad de Járkov al este de Ucrania. Nuevamente cerca del corazón de la guerra. El Shakthar Donetsk no es el único club cuya sede ha sido afectada por la guerra, en situación similar se han encontrado el Olimpik Donetsk y el Zarya Lugansk.

La primera consecuencia deportiva de la recién estallada guerra entre Rusia y Ucrania afectó directamente al equipo de Dombás con la suspensión de la Liga Ucraniana. El Shakthar Donetsk iba primero en la tabla. Después de aquella secuela, siguieron otras: el cambio de sede de la final de la Champions League 2022, la suspensión de Rusia y sus equipos de todo tipo de competencias por la FIFA y la UEFA e inclusive el retiro de la Orden Olímpica por parte del Comité Olímpico Internacional al primer mandatario ruso, apasionado del yudo.

Por algún tiempo nadie jugará al futbol en Ucrania. Durante estas semanas, que podrán convertirse en meses o años, no se escucharán en aquel rincón del mundo las composiciones que, entonados como himnos, anuncian el inicio de una competencia. A los jugadores del Shakthar Donetsk, a sus hinchas y, en general, a los ucranianos, les tocará, como señala el himno del club, « dejarse brillar en ciudades ajenas y evitar la derrota para siempre». Se trata de un himno que dejará de entonarse por largo tiempo en cada uno de los estadios que han albergado al equipo en su historia reciente. Estadios que hoy aguardan desiertos, sin goles

Por: Vanessa Romero Rocha 

*Es abogada. Estudió la licenciatura y maestría en Derecho en la Escuela Libre de Derecho, así como una maestría en la University College London. Escribe sobre derecho, género y deportes. Ha publicado en Porrúa sobre cuotas de género y la igualdad en México.

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