Tania es mejor gambetera que Maragol y él no siempre está dispuesto a quedarse con la impotencia de un túnel. Van tres veces que todos decimos uuuhhh después de la bailada. Esto puede costarnos a cualquiera, pero vale la pena.

Desde que aceptaron a Tania en la escuela del América le quitó a Maragol su pedestal del rockstar de la canchita. Él era el único que más o menos había sentido los vapores del éxito, hasta que decidió, o en realidad no creo que lo haya decidido, madrearse a un par de compañeros que le hicieron burla por sus tachos descarapelados, no sé si la segunda o tercera semana que estuvo en las fuerzas básicas del Cruz Azul.

Óle, y óle, y óle, y sus cachetes se ponen como niño cuando va a la marquesa y sus papás no lo dejan subirse a las cuatrimotos. Parecen proporcionales los pedazos de finta que hace Tania a lo rojo de la cara del Maragol. Es una ley que el enojo traiga más enojo. Hasta yo me doy el lujo de ganarle el balón con una media finta, con un intento de finta… bueno, la neta es que pisé mal la pelota y por fortuna me volvió a caer a mí.

Me comienza a preocupar Vilchis, quien por algún impulso del destino es al que le tocan los chingadazos cuando Maragol está enojado. No es a propósito, o eso parece, pero cuando estamos solamente entre la bandita y se contiene, llega el momento esperado: en una jugada equis, el talón, el empeine, el loquesea de Maragol se incrusta en las piernas de Vilchis. Pobrecito.

-A huevo, chingadamadre.

¡Gol! Me alivia pensar que eso lo dejará más tranquilo y quizá sea buen momento para irnos, o al menos dejar de jugar.

Pido cambio para ir al grifo a echarme agua. Desde aquí arriba veo la carrera que pega Tania, se va sola, desde su área, por la banda izquierda, es un contragolpe; Maragol falló el gol que pondría el empate. O eso creo, quién sabe cuánto irá el juego, ¿once a diez?, ¿veintiuno a veinte? Él la sigue, aún es más rápido que ella, eso que ni qué.

Tania se acerca al área, Adriancho está sólo contra el mundo, voltea a ver su portería, parece dominada. Ella quiebra y queda muy cerca de la barda, casi de espaldas al arco, taconea un pelotazo que nadie se esperaba. Adriancho se queda como el resto: siguiendo el camino de la redonda. Casi tan metidos en la trayectoria como para perdernos la barrida violenta de Maragol sobre Tania. Adriancho, Vilchis, Jessica cierran los ojos esperando el putaputazo. Yo sólo me encojo de hombros, como si fuera dirigida a mí pero el chisme es el chisme.

Tania pega un brinco hacia atrás con los brazos levantados. Sonríe, casi imperceptible, antes de que Maragol se estrelle con la barda; esta vez los cachetes ardiendo, fuego en la mirada, un tobillo torcido y con el partido perdido.

Por: Arturo Molina

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