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Thierry Henry: de la cancha al banquillo

 

No hay duda, los tres mejores futbolistas franceses de toda la historia son: Zinedine Zidane, Michael Platini y Thierry Henry, qué Just Fontaine y Erick Cantona. Seamos serios, Mbappé aún le falta camino para pertenecer al olimpo francés, aunque da esperanza. Los primeros tres son los gigantes, y si bien Fontaine es un histórico, me parece que Tití se ha ganado su puesto en el podio galo. Veamos el porqué.

De Zidane y de Platini sabemos mucho, pero Henry siempre fue un jugador de bajo perfil. Claro, jugar en el Arsenal le favoreció, un equipo sumamente dinámico y fresco pero de pocos triunfos, de poca relevancia, le duela a quien le duela. Quizá su amor por los gunners venga de su temprana relación con su entrenador y mentor, Arsène Wenger quien lo debutó en el Mónaco en el 94. En su paso por la Juventus no se acomodó, era inexperto y nombres como Del Piero o Inzagui lo opacaron, pero como toda estrella, su brillo tardó en llegar, tardó en forjarse.

Thierry Henry asciende

Como interior izquierdo se desarrollaba bien pero fue Wenger quien lo clavó en la punta cuando llegó al club londinense. Él lo había visto en las juveniles y había descubierto su talento innato para recepcionar pelotas y jugar fácil. Lo puso al lado de quién más, su señoría Dennis Bergkamp. Con esos compañeros uno despega porque despega. La cosecha llegaría en 2004 con el famoso campeonato invicto del club siendo Tití el máximo goleador del torneo y de Europa con 30 goles. En el 2006 llegaron a la final de la Champions en París y sólo el Barcelona los pudo parar con aquel extraño gol de Belletti.

Su llegada al Barcelona en 2007 representó el ocaso de su carrera. Si bien fue Frank Rijkaard el que lo llevó a España, Pep lo supo explotar en sus sistema 4-3-3, como delantero centro en papel, porque en realidad se movía tanto que más bien jugaba como interior por la banda izquierda. Cómo no recordar el 2-6 que le hicieron al Madrid en el Bernabéu donde Thierry marcó el primer tanto con uno de sus gestos habituales… balón bien pegadito al botín derecho, casi arrastrando la bola, y de pronto, un latigazo con la parte interna fuerte y colocado abajo, ahí donde el arquero sufre más, donde no llega pues cuesta quebrar la cadera en tan poco tiempo y espacio. Lo festejó también como de costumbre: trotando por la banda, provocando a la hinchada con el rostro serio o ligeramente sonriente, mirando a la grada diciendo aquí mando yo.

La marca en el Arsenal

Un tipo sobrio que impone respeto. Máximo goleador de la historia del Arsenal y el mejor jugador de la historia del club según los propios aficionados. Como dato curioso, está en el top 7 de los máximos goleadores de La Champions con más goles que Di Stéfano. Campeón del mundial del 98 a los 21 años, subcampeón en Alemania 2006. Campeón de la Euro en el 2000 y triplete con el Barca en 2009. Lo ganó absolutamente todo.

Uno lo veía jugar y el primer pensamiento que atacaba era el siguiente: este es un árbol, es demasiado alto y parece torpe. Pero tenía que agarrar su primer balón y cambiar el ritmo del juego. Mucha elegancia francesa cuando el balón cambiaba de pierna y sin detener la marcha, mucha clase cuando la colgaba del ángulo y levantaba los brazos para festejar pero sin perder los estribos. Tití es ese tipo que todo traje le sienta bien, que el estilo lo acompaña dentro y fuera del campo.

Hasta cuando metió la mano para colar a su selección al mundial y dejar fuera a Irlanda lo hizo de forma casi natural (sí, como Diego Armando). ¿Ya se les olvidó el gol que ejemplifica el juego del francés? Octavos de final, Real Madrid – Arsenal. Una jirafa con patines controla la bola en tres cuatros del campo rival, aguanta la carga, se quita a Guti, se enfila a portería y aguanta la barrida de un joven Sergio Ramos para vencer a Íker con un tiro cruzado. Adiós blancos, bonjour Tití.

Los banquillos

Tras retirarse, Henry tuvo un nuevo reto en la mira: ser director técnico. Para cumplir esa misión, se convirtió en asistente de la Selección de Bélgica, donde aprendiendo de Roberto Martínez, donde enfrentó su primera prueba real: el trabajo y el profesionalismo frente al corazón. Henry llegó con los diablos rojos para imprimirles motivación y inteligencia ofensiva. Después dio el siguiente paso, pues Thierry Henry se probó como director técnico en Mónaco equipo que lo viera nacer como futbolista, para desgracia de la pelota, los resultados no llegaron de su mano: de veinte partidos, sólo ganó cinco y perdió once. Sin embargo, las redes siempre dan revanchas y el Impact Montreal de la MLS apostó por él, dándole la oportunidad de regresar a los banquillos y de redimirse como entrenador.

por: Diego Andrade/@diego_a72

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