Zacatepec
Zacatepec

La historia del balompié mexicano tiene un toque de drama y otro tanto de comedia. Además, en ocasiones lleva consigo un fuerte arraigo cultural. La leyenda de los Cañeros de Zacatepec incluye muchas de estas anécdotas, famosa escuadra que hizo grande la leyenda de un ingenio azucarero en el estado de Morelos.

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El surgimiento de Zacatepec: el espíritu de Zapata juega futbol

El equipo se fundó en 1948 por cañeros del ingenio azucarero Emiliano Zapata, aunque ya existía desde años atrás y se formalizó para ocupar un lugar en la Segunda División. Aunque al principio parecía que solo trascendería en campeonatos nacionales de carácter amateur, se abrió la posibilidad de participar en la Liga Mayor de Futbol Mexicano y su extensión de equipos en una categoría previa a la élite. Así fue como el proyecto comenzó a tomar forma.

Guillermo Cañedo se convirtió en la cabeza y trajo a un experimentado formado para dirigir los pasos de estos guerreros en la Segunda División: Ignacio Trelles. El técnico más ganador del balompié nacional estaba al frente de una escuadra que prometía grandes logros.

Los años maravillosos: la década de los 50

El resultado fue el esperado. En 1950 debutaron en la División de Ascenso y la ganaron. Las claves fueron la entrega y el sacrificio; hicieron valer la localía en un pequeño infierno: su estadio. Aquí cabe una gran anécdota. El Cachuchas (Trelles) obligaba a sus pupilos a entrenar al mediodía. Cuando el calor abrazaba a cualquier otra persona, regaba el campo previo a sus partidos para sofocar al contrario con 38 grados, lo que facilitaba sus victorias.

En 1951 llegaría el sueño de la Primera División. Aunque no fue el debut soñado, lograron permanecer en la categoría, aún con la partida del banquillo de Don Nacho. Pero otra estrella llegaría, el legendario Horacio Casarín que ya era jugador y entrenador, se hizo cargo de la institución. En la temporada 52-53 dejaron ir la liga frente a otra escuadra de antaño, los Jaibos de Tampico Madero.

En 1954 volvió Ignacio Trelles. La gloria se alcanzaría en la siguiente campaña… campeones, al fin campeones. Derrotaron a un equipo de leyendas, el mítico Campeonísimo de las Chivas Rayadas de Guadalajara. El cuadro titular tenía entre sus filas a la mayoría de jugadores oriundos de la región cañera, además de José Antonio Roca, Panchito Hernández y Raúl Cárdenas, emblemas para la fiel afición.

El siguiente año perderían el Campeón de Campeones, pero el buen futbol no los abandonaría. Poco a poco, el Estadio Parque Zacatepec ganaba respeto por todos los equipos del balompié nacional. En la 1957-58 llegó un ídolo para nunca más abandonar a los cañeros: Agustín Coruco Díaz. Le apodaban así por moreno delgado y bajito, pero ¡qué calidad, qué futbol y qué crack! El primer morelense en llegar a la Selección Nacional.

Les brindó la alegría de otro campeonato, junto con otra figura, Carlos El Charro Lara, ahora dejando atrás a un equipo grande como el Toluca. Agustín y El Charro -un argentino naturalizado- se inmortalizaron cuando consiguieron la Copa en la 57-58.

La muerte de un ídolo: presagio del abismo

Sin embargo, no todo sería miel sobre hojuelas. El caso del Coruco fue terrible, una leucemia lo atacó y le privó de seguir regalando destellos al equipo azucarero. El 26 agosto de 1961, a sus 26 años, se casó y jugó su último partido como profesional. Tres meses después falleció. Fue testigo de la decadencia del club, que en 1959 fue vendido a los Azcárraga y condenado al descenso. El primero de cinco que han sufrido en su historia.

Después de su descenso, los cañeros honraron la memoria de Coruco Díaz, pues en 1964 regresaron al mejor nivel del futbol profesional. Sin embargo, la vida frenética del ingenio azucarero anunciaba otro descenso al final de la 65-66. Hundidos en el drama y la comedia de la Segunda División, permanecieron hasta los gloriosos años 70, cuando otra figura emergió para la memoria colectiva de los aficionados: Alfredo El Harapos Morales.

Siempre se debió a la afición, grandes regates, excelente gambeta y una personalidad bárbara. Desafortunadamente, un penal errado frente a Necaxa marcó la historia de Zacatepec y se desató una bronca de antaño. Otra vez perdieron la categoría y ni su máximo ídolo de esas épocas los pudo salvar.

La imposibilidad por renacer

Los años posteriores fueron en una sola dirección: hacia abajo. El ingenio azucarero de Emiliano Zapata quebró y esto intensificó su caída. Se vendió el equipo y terminó en manos del Estado, para luego pasar a un vendedor de autos, Juan Antonio Hernández, personaje que se encargó de hundirlo. Hernández terminó por cambiarles el nombre y el escudo, y vendió la franquicia a Querétaro en 2003.

El equipo reapareció en la Tercera División, incluso Fox Sports lanzó un reality show con el nombre Al rescate de los cañeros. Pero los malos manejos, la poca inversión y el alejamiento de sus raíces, causó que el proyecto fracasara.

Tras un constante coqueteo entre divisiones inferiores, en 2014 lograron conseguir una plaza en la Liga de Ascenso, pero los problemas económicos nuevamente acecharon al club y para la Apertura 2017, el Zacatepec Siglo XXI desapareció. En mayo de 2017 surgió el Club Atlético Zacatepec, gracias que otro equipo del Ascenso, Coras de Tepic, cambió de nombre y de sede para vestir los colores verde y blanco.

Resurgir de las cenizas: Club Atlético Zacatepec

Esta semana, los cañeros disputarán una final de ascenso tras 20 años de no acceder a estas instancias (la última ocasión fue en 1999 y perdieron el campeonato contra Irapuato). Se medirán ante los Alebrijes de Oaxaca. El anhelo de que un día, el infierno del Coruco Díaz, en Zacatepec, se respete de nuevo, está por cumplirse.

 

Por Jorge Emilio Mendoza Piña @georgehatetweet

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