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Blanca Félix tiene 22 años -el 25 de marzo serán 23-, el cabello lacio y la responsabilidad de cuidar el arco del equipo de Chivas Femenil. Su historia comienza a casi diez horas de Guadalajara, en Colonia, un pueblo de aproximadamente quinientas personas ubicado en el municipio de Angostura, en Sinaloa. Desde sus cuatro años estuvo a cargo de sus abuelos, pues su padre murió y su madre se mudó del lugar.

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Desde muy niña dejó en claro que no le gustaban las muñecas -incluso las tiraba-, y pasó sus tardes jugando a las escondidas o con tazos, trompos, canicas y, por supuesto, balones. Su sueño era porterear como Oswaldo Sánchez, el ídolo e inspiración de toda su vida. Siempre le llamaron la atención las jugadas donde se arriesga el físico y qué mejor posición para participar en ellas que la de arquera.

Fiel a su vocación arriesgada y determinante, Blanca Félix fue hasta Guadalajara con poco dinero y apenas un cambio de ropa.

Sin embargo, jugar en su posición favorita no le sería tan fácil. Blanca Félix, como muchas otras de las actuales futbolistas profesionales, inició jugando en equipos varoniles a falta de conjuntos femeniles. Esta situación provocaba comentarios despectivos por parte de algunos adultos y jugadores de otros equipos. Incluso, en palabras de Félix, los mismos integrantes de su equipo la llegaron a rechazar y a muy pocos les agradaba la idea de que una mujer fuera la portera del equipo.

Fue a base de paciencia e insistencia que el entrenador decidió que, por un partido, Blanca jugara, por fin, como portera. Después de esa actuación nadie quiso que se moviera del travesaño pues tenía seguridad, talento y concentración.

Así pasó una temporada, sin embargo, sus abuelos le dijeron que sería mejor que dejara el futbol, pues los comentarios y faltas de respeto siguieron. Blanca aceptó esa decisión, de todas formas, el apoyo al deporte en Colonia disminuyó y a veces ya no había ni equipos varoniles. No obstante, su hiperactividad la llevó a encontrarse con otro deporte que también le ha dado grandes enseñanzas y experiencias: el karate. Lo practicó durante seis años, aprendió su filosofía, llegó a ser cinta negra y también a participar en una olimpiada nacional.

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Al terminar la preparatoria, Blanca se mudó a Culiacán para así estudiar la licenciatura en Educación Física. Lo primero que hizo al entrar a la UAS (Universidad Autónoma de Sinaloa) fue formar parte del equipo de futbol. Así pasaron los siguientes tres años de su vida, hasta que se enteró de las visorías en Guadalajara.

Fiel a su vocación arriesgada y determinante, Blanca Félix fue hasta Guadalajara con poco dinero y apenas un cambio de ropa. Sus esfuerzos valieron la pena, sin conocer a nadie del medio, sin tener la recomendación de algún entrenador o escuela, se había quedado dentro del equipo. La decisión de dejar toda su vida en Culiacán por irse a cumplir su sueño no fue fácil. Sí, la habían seleccionado, pero como tercera portera. Fueron las palabras de su abuela, quien le recomendaba tener paciencia y aprovechar la oportunidad cuando llegara. 

Al inicio de la liga la portera titular fue Karen Gómez, a quien una lesión la alejó de las canchas. Entró en su lugar Ana Ruvalcaba, pero sus desafortunadas actuaciones le dieron a Blanca la posibilidad de jugar como portera titular en la fecha seis, frente a Santos. Desde ese momento, el arco fue suyo.

Una de sus mejores actuaciones fue en la semifinal del Apertura 2017. Se jugaba el pase a la final contra el América en el Azteca. El encuentro fue un partidazo y, contrario a lo que muchos pensaron, las Chivas salieron victoriosas. El triunfo, claro, no se hubiera entendido sin las grandes atajadas de Blanca Félix. Al final sus compañeras, equipo y afición reconocieron su excelente trabajo y la portera salió en hombros del coloso de Santa Úrsula.

Su buena actuación en el Apertura 2017 le valió ser convocada a partidos de preparación con el representativo nacional, desafortunadamente, no fue llamada para la selección final. Lejos de ver esto como un fracaso, Blanca Félix lo tomó como una motivación y, tomando en cuenta las palabras de su abuela y la filosofía karateka, sigue esperando, preparándose y luchando por otra oportunidad que la lleve aún más lejos.

Por: Alejandra Sánchez / @_aredop

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