Chmel Blšany: El modesto club que nos dio a Čech

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Petr Čech se retiró el 29 de mayo del 2019. La última vez que usó como profesional los guantes y su mítico casco, supusieron un amargo adiós: Un 4-1 contra el Chelsea, que le arrebató la posibilidad de abandonar la cancha con la Europa League. Más allá del pesar que pudo suponer la caída en aquella final, el arquero checoslovaco decía adiós a una carrera luminosa que no sólo lo colocó como uno de los mejores guardametas a nivel mundial, sino que también lo puso como uno de los grandes históricos de su país. 

Al retirarse del campo, Čech ingresaba a una grada donde: Panenka, Nedved y Stejskal lo recibían con los brazos abiertos. Vale la pena voltear la mirada hacia atrás, para encontrar la raíz del vertiginoso ascenso de nuestro arquero. Ahí es donde emerge el pequeño y modesto FK Chmel Blšany, club que le daría su primera oportunidad a la futura leyenda.

Chmel Blšany, los inicios

Blšany es una pequeña ciudad en Checoslovaquia que en 2006 contaba con apenas 954 habitantes. Se dedica principalmente al cultivo de lúpulo, planta que cuya hembra no fecundada se suele usar para la realización de cerveza, una industria importante dentro de este país. Sin embargo, este pequeño poblado no es muy grande y no es una de las potencias cervezaras la zona. Solamente se dedica a la cosecha de la materia prima. La importancia de estos cultivos es tal que el nombre del club lo lleva como estandarte: Chmel se puede traducir como lúpulo.

Fundado bajo el nombre de Sokol Blšany en 1946. Apenas unos meses después de que la Segunda Guerra Mundial terminara, nueve aficionados a la pelota se reunieron en el U Kováře Pub, donde llegarona la conclusión de que el pequeño asentamiento necesitaba un club que lo representara. Así fue como comenzó la historia del FK Chmel Blšany. Su primer presidente fue Otto Heinz.

Pasó sus primeras dos décadas en los circuitos más bajos del futbol checo, siendo un equipo francamente discreto. Fue poco después de estos veinte años cuando el hombre más importante en la historia del club, el responsable de su ascenso (y su futuro verdugo) llegó. František Chvalovský comenzó su camino como jugador en las fuerzas básicas del FK Chmel Blšany y no tardó mucho para hacerse de un sitio entre la escuadra del primer equipo, donde militó durante cerca de un cuarto de siglo.

Durante el tiempo que vivió bajo los tres palos, logró ver cómo su equipo pasó de la octava división a la I. Česká Národní Liga, apenas un peldaño por debajo del máximo circuito de checoslovaco. Abandonaría las canchas en 1993 para dar paso a una exitosa carrera como empresario.

František Chvalovský toma las riendas

El mismo año, poco antes de su jubilación, fue elegido presidente de la Českomoravský Fotbalový Svaz. Bajo su mando el futbol de su país vivió un ascenso importante. Cuando el recibió las riendas, su selección se encontraba en el número 34 en el ranking de la FIFA. Para 1996 Checoslovaquia (ya como la República Checa) le quebró la cadera a toda Europa al terminar como subcampeona gracias a que el Alemán Oliver Bierhoff anotó un agónico gol en el minuto 95

En paralelo, František Chvalovský no dejó de ascender como empresario, y de su mano, el Chmel Blšany comenzó a volverse un equipo de mayor relevancia. Gracias al surgimiento de jugadores como Václav Drobný, Jan Šimák y el mismo Petr Čech. El club comenzó a tener un presupuesto que antes no había rebasado el medio millón de euros. La venta de estos jugadores representó un ingreso de aproximadamente tres millones.

Con todo y esto, las cosas comenzaban a complicarse en la vida del presidente de equipo, que sufrió un secuestro en 1995. Siempre se especuló que el responsable detrás de tal acto había sido František Mrázek, miembro de la mafia rusa que intentaba separar a Chvalovský de su puesto en la asociación de futbol de su país. Sin embargo nunca se pudo comprobar nada.

El ascenso

Casi de manera paralela, Miroslav Beránek llegó al banquillo del club. Aunque en ese momento nadie lo sabía, Beránek devendría en una de las figuras medulares del meteórico ascenso del Chmel Blšany. Bajo su mando el club lograría llegar hasta la primera división de la República Checa por primera vez en toda su historia.

En 1998 el “Chmelaři”, como lo solía llamar su afición, llegó al máximo circuito de su país, y apenas un año después se colocaba en la sexta posición de la liga, comenzó a perfilarse como un equipo al que había que tener en cuenta. Por aquella época también inició la construcción de un complejo deportivo que le costó a Chvalovský cerca de tres y medio millones de euros. Parecía que el club tendría un crecimiento exponencial, aunque al final terminó por desmoronarse.

La caída

Con la aurora del nuevo milenio comenzaron a llegar las sombras del club. Su presidente fue acusado de fraude en el 2001 y pasó casi una década envuelto en feroces batallas legales que concluyeron con su derrota: recibió una condena de diez años de cárcel. Con la debacle de la cabeza, todo comenzó a venirse a bajo. En el 2006 el Chmel Blšany volvió a la segunda división, donde los jugadores comenzaron a desbandarse. 

Sin recursos económicos y lejos de la primera división, el club empezó a adolecer al momento de llevar a sus filas jugadores de calidad. A esto se debían sumar los problemas financieros: aunque quedaron en el octavo lugar en su primera temporada en la segunda división, no pudieron recibieron la licencia de la liga debido a asunto económicos y fueron relegados al tercer circuito.

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Durante la temporada 07-08 en la tercera sólo se hicieron de cuatro victorias y fueron relegados de nuevo. No fue hasta la temporada 2009-2010 que esta caída se detuvo, tras cuatro descensos seguidos. Aunque hubo gente interesada en salvar al club, como Horst Siegl  (máximo goleador en la historia de la Liga Checa) todo fue inútil y el 26 de agosto del 2016 el club anunció su desaparición.

Con el retiro de Petr Čech, el mayor aporte al mundo del futbol por parte del modesto Chmel Blšany salió del escenario y quizá con ello se comienza a trazar la ruta hacia el olvido, sin aficionados ni representantes que hagan que su nombre se vuelva a corear en sus gradas. 

 

Por: Alberto Roman / @AlbertoRomanGar

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