En 1998, Daniel “El Mochaorejas” Arizmendi fue detenido. En ese momento tenía al país asombrado por sus sanguinarios y despiadados métodos de secuestro: enviaba souvenirs corporales (principalmente orejas, de ahí su apodo) a las familias de sus víctimas, para presionar y conseguir a la brevedad el pago acordado. 

Para finales de 2010, un niño de catorce años, apodado “El Ponchis” fue detenido y confesó haber asesinado a cuatro personas. Además, afirmó haber usado métodos que hacían parecer al “Mochaorejas”, el monstruo de los noventa, una broma. Este fue solo un síntoma que dejó de manifiesto la evolución de la violencia en México.

El sexenio de Felipe Calderón (2006 – 2012) vivió una escalada de criminalidad sin precedentes en el México moderno. Un crisis de legitimidad al inicio de su sexenio lo llevó a declarar una guerra contra el narcotráfico en la que el bando de la gente de a pie fue la que más bajas aportó (daños colaterales les llamó el ex presidente). Para el 2012, según números del Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, México contaba con cinco de las diez ciudades más peligrosas del mundo. Entre ellas, Ciudad Juárez había caído (en aquel año) a la segunda posición, luego de liderar tres años seguidos el ranking.

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El ascenso de los Indios de Ciudad Juárez

Este campo de cultivo posibilitó la aparición de los Indios de Ciudad Juárez y su singular historia. Fue fundado en el 2005 como una filial de Pachuca, hasta que en el 2008 consiguieron llegar a la Primera División y se deslindaron de los Tuzos. Su ascenso fue todo un evento debido a que llevaba más de quince años que esta ciudad no contaba con futbol en el máximo circuito nacional.

Su casa fue el Estadio Olímpico “Benito Juárez”, ubicado en el filo del país. Con una modesta capacidad de 22 mil aficionados, el poco afuero que tenía fue suficiente para convertir en un fenómeno a los “Indios”. Según el semanario Proceso, cuando el equipo jugaba de local, los índices de violencia de la ciudad bajaban de manera considerable. Y es que la gente de la zona necesitaba encontrar una vía que les ayudase a olvidar, por lo menos por un momento, el violento entorno en el que se encontraban.

Durante su primer torneo en la Primera División el equipo tuvo un desempeño discreto, pero con la llegada del Clausura 2009, las cosas cambiaron de manera radical. El club comenzó a jugar de mejor manera y logró conseguir boleto a la liguilla, donde se encontraron con los Diablos del Toluca, campeones a la defensa de título. Tanto el partido de ida como el de vuelta fueron muy cerrados y solamente un penal (marcado en el primer encuentro) pudo abrir el marcador a favor de los de Juárez. Contra todos lo pronósticos, los Indios lograron avanzar a la semifinal.

La semifinal contra Pachuca

El rival fue Pachuca, contra quien perdieron 2-0 en el partido de ida, en Juárez. Para la vuelta, cuando el reloj apenas marcaba los trece minutos, los Tuzos anotaron un tanto que parecía condenar a los Indios. Lo mejor estaba aún por venir. Poco antes de que el primer tiempo concluyera, Edwin Santibáñez anotó lo que parecía ser únicamente el gol de la honra. Con la llegada del medio tiempo casi todos daban por muertos a los Indios, que eran los recién llegados a la Primera División y contaban con dos goles en contra.

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El minuto 61 fue el testigo del segundo gol de los de Juárez, con el que recortaron la distancia de manera alarmante para Pachuca. Apenas unos minutos después de esta anotación, Miguel Calero cometió una mano al salir a achicar a Santibañez. Aunque el árbitro la sancionó, le perdonó la tarjeta roja al arquero, a pesar de las protestas.

En el 79 Ezequiel Maggiolo ingresó al campo y no tardó en marcar el tercer tanto para La Tribu. Fue en el minuto 81 cuando un brillante servicio desde atrás de la media cancha (cortesía de Tomás Campos), cuando Indios logró empatar el marcador. Solamente necesitaban de un gol más para dar una de las más grandes sorpresa en mucho tiempo dentro el futbol mexicano.

En la agonía del segundo tiempo, los Tuzos lograron anotar el gol que les daba la victoria. El sueño de llegar a la final no se cumplió, pero los Indios consiguieron pasar de ser los nuevos dentro del máximo circuito, a estar a nada de llegar a la final en tiempo récord. El prometedor inicio en la liga terminó por diluirse en un desastroso Apertura 2009: 17 partidos jugados, seis empatados, once perdidos. Ni una sola victoria. Para el Torneo Bicentenario 2010 el desenlace sentenció a la institución: descendieron para no volver nunca más a la Primera División.

La caída

¿Qué pasó? Es evidente que no existe un sólo factor dentro de la ecuación. Pero la inseguridad y la violencia que azotaba el norte del país alcanzó a los jugadores de La Tribu. Edwin Hernández condensa de manera magistral la situación que tuvieron que vivir los jugadores “Acá hay que sobrevivir también en la vida real, no sólo en la Primera División”.

Javier Saavedra pertenecía a Tigres, pero fue prestado a los Indios, lo que lo obligó a cambiar su lugar de residencia a Ciudad Juárez. La situación con la que se encontró a su llegada lo obligó a modificar su estilo de vida: como él mismo declaró: Pasó a tener un auto más discreto (por recomendación de sus compañeros), las salidas a cenar o al cine se redujeron drásticamente. “Parece que fuera una ciudad en guerra” llegó a aseverar.

La violencia sobre los jugadores

El colombiano Andrés Chitiva vivió en carne propia las dificultades de la ciudad. Durante el Apertura 2008 jugó a préstamo con el equipo fronterizo, al terminar su estancia volvió a Pachuca, equipo al que pertenecía. Mientras se encontraba decidiendo cuál sería su futuro en Hidalgo, su esposa (que se encontraba en Juárez) recibió una amenaza de secuestro. Su familia abandonó de manera inmediata la ciudad. Este evento llevó a otros jugadores a enviar a sus esposas e hijos lejos, con tal de que estuvieran seguros. Ezequiel Maggiolo prefirió que estuvieran en Argentina, mientras que Juan Ramón Curbelo los envió a Uruguay.

Quizá uno de los casos más dramáticos sea el del portero Cirilo Saucedo. El guardameta circulaba en su vehículo cuando una camioneta le cerró el camino. De ella descendieron sujetos armados que lo despojaron de su automóvil. “Te da pavor porque no tienes manera de hacer nada: si me arranco, me dan un balazo; si me bajo, igual; si me llevan, lo mismo, me pasa algo. Vives con miedo” declaró.

Desaparición

Según declaraciones de Francisco Ibarra, en ese momento propietario del club, doce de los jugadores que componían el plantel fueron víctimas de extorsión. A pesar de todo lo que puede suponer vivir en este tipo de circunstancias, Ibarra llegó a afirmar “que no es la razón por la que descendimos. También quiero agradecerles porque les debo quincena y media”.

Esta última situación terminaría por desaparecer al cuadro, ya que  a finales del 2011 los adeudos que el club tenía con los jugadores y el cuerpo técnico obligaron a la Femexfut a desafiliar al conjunto de la Liga de Ascenso.

Ese equipo que logró disputar la semifinal contra Pachuca, sería el último en llegar desde Ciudad Juárez hasta la Primera División. En el 2012 se fundó un equipo que intentó tomar la batuta, llamado  Indios de la UACJ, que finalmente terminaría por desaparecer cuatro años después.

Para 2015 llegó el Futbol Club Juárez, mejor conocido como Los Bravos de Juárez, quienes han tenido buenos momentos en la Liga de Ascenso, pero no ha logrado conquistar el sitio que alguna vez ocuparon los Indios en el máximo circuito.

Para 2019, Ciudad Juárez ocupó el quinto lugar entre las ciudades más violentas del mundo. Aunque el futbol no puede arreglar toda la problemática en la que se encuentra sumergido este lugar, es claro que una alegría proveniente del balón sería un respiro para sus habitantes, que viven entre el miedo y la angustia.

Por: Alberto Roman / @AlbertoRomanGar

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