Sergio Schulmeister

El papel de guardameta es uno de los más solitarios del futbol. Si el de árbitro vive en un constante desprecio en el que la norma es el insulto, el portero debe lidiar con un ir y venir que no cesa. Un fin de semana puede ser el héroe imbatible, el muro contra los embistes del rival. La grada se entrega a él, su nombre es coreado por el estadio, los comentaristas no dejan de señalar la importancia que tiene dentro del conjunto. La aclamación es total.

Pero el siguiente fin de semana, un desliz, un recuerdo de su humanidad, termina por hacer que el balón ingrese a la portería. Nadie está cerca para darle consuelo, los jugadores se miran entre ellos o ponen la mirada en el suelo. Los insultos son una cascada que desemboca en el cancerbero. No hay más culpables y la redención no existe para el primero en número y último en enfrentar al rival.  

La soledad no solamente se manifiesta en el error. El aislamiento es constitutivo de su encargo pues vive acotado al cuadro más minúsculo del juego. Aunque el portero puede desplazarse lejos de los tres palos e incluso puede llegar a anotar goles, su juego es el eterno retorno hacia la portería.

Su puesto es una ecuación desequilibrada pues la presión es mucha, la gratitud poca y la memoria casi ínfima. 

Sergio Schulmeister

El argentino Sergio Schulmeister fue uno de los arqueros más destacados de la Segunda B del futbol argentino. Aunque se probó en las fuerzas básicas de Boca Juniors e incluso entrenó con gigantes de la talla de Maradona, no pudo hacerse de un lugar en esta escuadra. Recaló en Defensores de Belgrano, San Miguel y Atlético Rafaela. 

Fue en este último club donde las alarmas se encendieron por primera vez. Luego de sufrir una lesión que no lo dejaba jugar al cien y de cargar el peso de estar en  México para probarse con el Morelia, equipo que terminó por rechazarlo, intentó terminar con su vida en septiembre del 2001. 

Su pareja lo encontró a tiempo y evitó el peor de los desenlaces. Diez meses después habló de los sucesos y aseguró que todo estaba superado.

El trabajo de Sergio Schulmeister logró hacerle un nombre en el ambiente, donde ya se le veía como un candidato para la primera división. La oportunidad llegó de la mano de Huracán. En el 2002 alternó la titularidad con Martín Ríos, portero que había sido parte de la plantilla que consiguió el ascenso en el 2000. Las cosas pintaban bien para “Schulmi”. 

En la fecha 16 de aquel Apertura 2002, los de Huracán enfrentaron a San Lorenzo y los sitios en la tabla también anunciaban las dificultades para Schulmeister: mientras que los primeros se encontraban en el sótano de la tabla, los segundos peleaban los mejores sitios de la clasificación. El resultado del encuentro fue un 0 4 a favor de los visitantes, además de que el partido se canceló quince minutos antes del tiempo reglamentario dados los disturbios en el estadio.

Luego de este suceso el guardameta no volvió a ser titular en el resto del torneo. Aunque existen versiones que aseguran que podría haber sido el portero titular la siguiente temporada, esto no llegó a suceder debido a su  prematura muerte. El portero se quitó la vida el 4 de febrero del 2003.

Los detalles y la crónica del suicidio poco importan. Lo relevante es pensar en aquel joven de 25 años en pleno vuelo con las manos extendidas en dirección a un balón bien angulado y la mirada fija en el esférico. Ahí nos gustaría suspender el tiempo. Schulmi es un joven lleno de futuro que está dibujando su mejor atajada, la que se avecina, la próxima.

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Por: Alberto Roman / @AlbertoRomanGar

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