Candidatos con Garra: con la precandidata del Frente Amplio, Carolina Cosse.

Alguien llama desde un montón de números a mi teléfono. Es Ana, que dice que vienen con Carolina demoradas en el tráfico. No hay problema, esperamos. La planta de un pie sobre la vereda y la otra sobre la pared de la casa del Frente Amplio. Vamos hasta el callejón que sale a la Intendencia y hay quince clases de vientos. Apechugamos los minutos de demora entre los barrios, y nos disponemos a aprovechar los otros veinte, antes de que Carolina Cosse parta nuevamente, rauda y veloz, hacia otros menesteres del calendario, propios de lo turbulento, ritmos agitados de campaña. “No tenemos helicóptero”, explica, y la risa confirma tierra fértil. “Y no sé nada de fútbol” es lo siguiente. Como el fútbol de alguna forma nos pega, no saber es saber desde otro lado, digamos. Y el fútbol, además, más allá de acaparar casi todos los ojos y oídos después del silbato, existe en una amplia gama deportiva criolla o adaptada, con niveles parecidos de pasión, de sudor y de lágrimas. Tras nosotros el semblante de Seregni como un líbero de la conversación, en el aire de la sala el eco de sempiternas discusiones, parecidas a un murmullo de tribuna.

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¿Ha cambiado la concepción del deporte en la sociedad uruguaya en los últimos tiempos?

Está más integrado a la cultura, creo que debería ser integrado incluso más. Es un gran aliado el deporte en la inclusión social. Es un aliado con el que hay que contar y sobre el cual también hay que trabajar valores culturales. El otro día estaba en la final de básquetbol en el Antel Arena, deporte del que tampoco sé nada, pero que me resulta muy interesante por la agilidad. Era una final después de seis partidos, con hinchadas potentes, y al principio los capitanes leyeron una frase que decía entre otras cosas que no hay que olvidarse “de que esto es un juego”. Eso es lo que me parece que está bien. Hay que ver cuánto cala, pero me parece que está bien, que es por ahí. Como presidenta de Antel apoyé mucho a la actividad del baby fútbol, porque es una actividad importante, colectiva. No me gusta ver padres desaforados gritándole a los niños y haciéndoles sentir que si no agarran la pelota son unos fracasados, hay que trabajar todo eso. Eso pasa. Pasan las dos cosas. Pasa que el fútbol hace cosas muy buenas en contextos complicados, y pasa lo otro, que los padres le ponen al gurí una responsabilidad brutal. Entonces me quedo con lo que dijeron los capitanes: es un juego.

¿Qué importancia tiene recuperar el espacio del Cilindro, icónico para el deporte y los espectáculos, y en pleno barrio?

Es muy importante. También estuve hablando con algunos jugadores de básquetbol para hacer movidas en los barrios. Muchos tienen la vocación de querer devolver algo, vocación social. Los deportes tienen que ir a los barrios, es un elemento ideal para complementar la educación secundaria. Nosotros tenemos un problema con el abandono. En cada barrio, los liceos deberían tener la capacidad de generar vínculos con los clubes deportivos de la zona, para que la actividad educativa continúe una vez que salen del liceo. Es un gran aliado el deporte.

¿Ha cambiado la concepción con respecto a la educación en el deporte?

Sí, pero hay que centrarse en los barrios, en los clubes deportivos de los barrios. Y no sólo con los gurises que van al club, que a veces son de otros barrios. Que el centro educativo directamente tenga una actividad en el club. Lo mismo con cada espacio del barrio donde se hacen otras actividades que tienen que ver con la educación y no necesariamente con el aula. La educación es mucho más que el aula. La realidad impone hacer alianzas de este tipo.

¿Hay un plan específico con respecto a deporte?

El plan es usarlo, mucho. Porque además está muy vinculado a cuestiones que han sido centrales en los gobiernos del Frente Amplio, como por ejemplo la salud. Como ministra de Industria trabajé mucho con el Ministerio de Salud Pública por temas como la alimentación. Aprendí sobre los problemas que tenemos en los hábitos de alimentación, los problemas de sedentarismo, los índices de obesidad en los niños. Entonces el plan es usarlo, y que sea nuestro aliado en todo lo que pueda.

¿Está bueno que el fútbol se lleve casi todas las miradas o puede ser contraproducente?

Hay que permitir que otros deportes también avancen. Es multicultural, cada deporte tiene su realidad, su manera de encarar la competencia. No soy una experta, pero me parece que sí, que hay que dar esa oportunidad. En el trabajo con el Antel Arena tuve la oportunidad de hacer la alianza estratégica con la NBA. Y la NBA desarrolla con Antel una acción en los barrios, son como clínicas donde los gurises del barrio terminan jugando con las figuras internacionales. Y eso se está llevando a cabo y en ese recorrido me encontré con jugadores uruguayos que quisieron aportar y sumar. Tiene que haber más ofertas de deporte, con el rugby también hay algo parecido, avanzando por los barrios y los contextos de encierro. Cada deporte tiene su cultura y está bueno que no haya una sola opción. No es contra el fútbol, es para sumar.

¿Cómo ves los movimientos políticos sociales de los últimos años en el fútbol?

Me doy cuenta de que es un mundo. Pero no sé si en ese mundo está toda la gente. Entiendo que el fútbol es una pasión y eso lo respeto mucho porque es muy íntimo. Ni yo misma gritando un gol de Uruguay sé por qué lo grito, lo grito y ta. Porque es una pasión. Y después están las instituciones y las superestructuras que están ahí y con las que no tengo nada que ver. Me da pena que se distorsionen los espacios de poder, porque la gente no los necesita para eso. No creo que la gente, cuando grita un gol, esté pensando si es funcional a intereses políticos. Está poniendo su corazón y su querer. Entonces parece que hubieran dos mundos. El mundo del corazón y del deporte y otro que anda por otro lado.

¿Parece que hay un mundo popular y otro donde se toman decisiones que terminan influyendo en el mundo popular?

El mundo popular es al que yo pertenezco. Pero, el fútbol es un gran negocio. Grandes políticos en el mundo han sugerido la incorporación del fútbol en su país con una visión geopolítica, como [Henry] Kissinger. Yo en Uruguay me voy a ocupar de lo que me tengo que ocupar que es de la gente. Y ese aparato que se resuelva a sí mismo.

¿Habría que enseñarlo en las escuelas el fútbol?

No sólo el fútbol. Tiene que haber diversidad. Pero hay que saber cuál es el objetivo de enseñar fútbol y otros deportes, yo tengo un objetivo, que la gente sea más libre y que viva mejor en sociedad. Y para eso está el deporte y todo lo que tiene que ver con la educación. Pero hay que ser muy cuidadosos en lo que estamos enseñando: ¿estamos enseñando a trabajar en equipo, a perder, a superarse? ¿o estamos enseñando a hacer cualquier cosa por el gol?

¿Ves la posibilidad de que en Uruguay se profesionalice el fútbol femenino?

Lo que me parece interesante es que el fútbol puede ser un elemento igualador para el resto de las cosas de la vida. Cuando mis hijos estaban en la época del liceo, se armó un partido en casa y había una gurisa que la destrozaba, Florencia se llamaba. Siempre la mixtura iguala. Que haya fútbol femenino es igualador. Cuando pienso en el próximo gobierno y en el deporte, no estoy pensando en todos esos líos de aparatos, estoy pensando en cómo aplico la actividad deportiva para profundizar la democracia, para profundizar la igualdad.

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