Cuatro equipos británicos en las finales internacionales de la UEFA y ninguno de ellos es el campeón de la Premier League. ¿Cuáles son las claves del gran momento que atraviesa el futbol inglés?

La batalla por saber cuál es la mejor liga del mundo se da todos los fines de semana en la intimidad de cada sillón. El arma con la que se libra la guerra es el control remoto de los televisores, las victorias y las derrotas se computan en rating o hashtags.  El título de la mejor liga del mundo es, la mayoría de las veces, subjetivo. Habrá cuestiones de gustos personales de cada espectador. Pero de vez en cuando muchos se ponen de acuerdo. Lo usual es que esos acuerdos se basen en resultados que generan el atractivo. Nadie mira una liga aburrida.

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Otra característica del título improbable de la mejor liga del mundo es que es cíclico. Durante años sostuvimos que la mejor liga del mundo era la española. Un título de Champions de Barcelona seguido por el tricampeonato del Real Madrid; acompañados, claro, por diversas UEFA Europa League obtenidas por Sevilla y Atlético de Madrid; eran pruebas suficientes.

Antes de eso, en vista de que los dos finalistas de Champions League 2012-2013 eran alemanes, Bayern Munich y Borussia Dortmund, la mejor fue la Bundesliga, confirmada luego por el título alemán en la Copa del Mundo 2014.

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Hoy por hoy, nadie puede discutirlo, la mejor liga del mundo es la Premier League. Arsenal y Chelsea en final de UEFA Europa League, Tottenham y Liverpool en la final de Champions League. El campeón de la liga es Manchester City, con una cantidad casi obscena de puntos y partidos ganados.

Ya el año pasado, en ocasión de la Copa del Mundo de Rusia 2018, la Premier era la liga que mayor porcentaje de jugadores tenía actuando en su campeonato. Entre todos los equipos del Mundial, Inglaterra tenía a la mayor cantidad de jugadores en su seno. No es casualidad. Tampoco lo es el cuarto puesto de Inglaterra, después de muchos años de Copas del Mundo con actuaciones más que discretas. Gareth Southgate ha logrado algo difícil, capitalizar un buen momento general del futbol inglés con talentos locales. Sin dudas que será uno de los quipos a observar en Qatar.

Muchas veces las ligas exitosas en lo deportivo, lo que se anexa rápidamente a lo económico, suelen nutrirse de jugadores extranjeros en cantidades enormes. En 2017, por ejemplo, surgió el dato de que el 68% de los jugadores de Premier League era extranjero.

Experimentos de inyección de dinero en grandes cantidades, como en los casos de Chelsea y Manchester City, ha dado lugar a equipos obscenamente extranjeros que elevan el promedio. Esto puede llegar a generar cierto adormecimiento por parte de la estructura de inferiores de un país. ¿Para qué invertir en la formación de jugadores si al hablar de equipos es más simple contratar a un latinoamericano?

El peligro de que esto genere un círculo vicioso negativo es muy alto. La maquinaria inglesa ha sabido evitarlo por ahora. La camada actual de su Seleccionado tiene mucho para mejorar, juventud a raudales y una ambición intacta. Pero no hablemos solo de jugadores. Una de las claves ineludibles de la actualidad es el hecho de que en los equipos finalistas de Europa y el campeón de Liga no hay técnicos ingleses. Se trata de
dos españoles (Guardiola y Emery), un italiano (Sarri), un argentino (Pochettino) y un alemán (Klopp).

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Pero este dato resulta más interesante si se lo contrasta con la historia reciente. De hecho si nos asomamos al pasado veremos que durante un buen tiempo la Premier League ha sido dominada por entrenadores extranjeros: Guardiola, Mourinho, Ranieri, Wenger, Conte, Ancelotti, Pellegrini, Mancini, etc. La última Premier ganada por un británico fue en la temporada 2012-13 por el último Manchester United de Sir Alex Ferguson, quien, por cierto, es escocés.

Si nos vamos todavía más atrás nos llevaremos la sorpresa de que nunca un técnico propiamente inglés ha ganado la Premier League en su actual formato (inaugurado en 1992-93), ya que después de Ferguson el anterior es Kenny Dalglish con Blackburn Roberts en 1994-95, quien también es escocés. El último técnico inglés en coronarse campeón de Inglaterra fue Howard Wilkinson, en la Football League de 1991-92 con Leeds United.

Eso fue hace 28 años, e incluso después de campeonatos triunfos seguidos de técnicos escoceses. El dato no es menor. La aparente sequía de técnicos ha llegado también a perjudicar en cierta forma al equipo nacional, al menos hasta este gran presente. Nueve técnicos en veinte años (cinco en los últimos diez años), de los cuales dos fueron extranjeros (Fabio Capello y Sven-Goran Eriksson), en el país en el que se inventó el futbol.

Más que alarmante, ¿dónde está entonces el problema? Que los técnicos ingleses no lleguen al primer nivel pero los jugadores ingleses sí podría ser un indicador de que los mejores entrenadores están en divisiones formativas. Tendría cierta lógica.

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Es algo que la Premier debe intentar remediar en el corto plazo para no convertir su realidad en una dependiente del dinero. Porque el dinero se acaba cuando se acaban los éxitos deportivos o la billetera del benefactor, y sin dinero no hay talento extranjero, sean en entrenadores o jugadores. Una buena cantera, en cambio, es un bien difícil de lograr y que requiere mucha inversión, pero con un valor tan alto que no es cuantificable en dinero.

La conclusión lógica de estas reflexiones es que el gran presente de la Premier no es casual. Han coincidido en ella no solo equipos con grandes posibilidades económicas (Manchester City y Chelsea) sino también proyectos de largo plazo con mucha capacidad de desarrollo todavía (Tottenham, Liverpool y Arsenal). Incluso existen todavía más posibilidades de crecimiento. Un equipo histórico como Manchester United tiene una deuda pendiente que en algún momento será saldada inevitablemente. Everton,
West Ham y Leicester, incluso el sorpresivo Wolverhampton, son equipos quizás considerados menores, pero con grandes aspiraciones a mejorar en el mediano plazo.

Quizás la única falla de la Premier League sea la misma que se le achaca a otras ligas europeas, el gran abismo que existe entre los pocos equipos que pelean arriba y el resto. Entre el campeón, Manchester City, y el último de la tabla, Huddersfield, hay 82 puntos de diferencia.

Entre el primero y el décimo hay 46 puntos. La diferencia entre la Premier League y otras ligas europeas dominadas por un equipo o pocos equipos (Ligue 1 con PSG, Serie A con Juventus, Bundesliga con Bayern Munich, Liga BBVA con Barcelona, Real Madrid y Atlético Madrid, quizás podríamos sumar a Sevilla o Betis), es hoy una mayor dispersión del éxito. En vez de uno o tres equipos peleando títulos hay cinco, quizás seis.

El problema es evidente. Una liga con pocos equipos competitivos disminuye exponencialmente la cantidad de partidos entretenidos y claves para el torneo cada fin de semana. Quizás habría que separar en este punto los conceptos de la mejor liga y de la liga más atractiva. No siempre son lo mismo.

En fin, si el gran momento de la Premier League no traduce en una sangría general de jugadores, y sus técnicos extranjeros, hacia otras ligas europeas; o bien una sangría desde los equipo menores a los mayores generando más brecha entre equipos ricos y modestos; este gran presente puede sostenerse también durante un tiempo razonable.

Por: Juan Bautista Correa / @bautistacorrea 

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