Raoul Diagne
Raoul Diagne

Si hoy entendemos a una Selección Francesa con once jugadores de ascendencia africana es gracias a Raoul Diagne, el primer futbolista negro que formó parte del combinado galo en 1931. Pasó a la historia por ser de los pioneros que defendieron la camiseta ‘bleu’ en un equipo que, para 1998, cuando alzaron su primera Copa del Mundo, decían que era muy francesa por sus colores: Black (negro) Blanc (blanco) Beur (árabe); y que para 2018, su segundo campeonato Mundial, en el conjunto habían 13 jugadores cuyo padre o madre eran de África.

De entre los diversos combinados nacionales que hay en Europa destaca Francia, debido a la cantidad de futbolistas negros que representan a una nación que no solo se ha preocupado por cimentar un equipo multicultural en el futbol, sino que también se ha dedicado a implementar políticas migratorias más flexibles que otras naciones, tras el desplazo de ciudadanos de África a lo largo de las décadas, desde que el país fue colonialista de países al norte del continente africano y algunas islas en el Caribe. 

El balón como destino

Raoul Diagne nació el 10 de noviembre de 1910 en la Guyana Francesa, mientras que su padre, Blaise Diagne, era de Senegal. Nunca fue muy afín a los estudios y prefirió dedicarse a patear el balón, primero en el Stade Francais a los 13 años de edad y luego en el Racing Club de París, donde se mudó a los 16, allí permaneció la mayoría de su trayectoria como deportista. Diagne era esbelto, medía 1,87 metros y era un gran defensa central pero también jugó como portero cuando hacía falta y hasta fungió como delantero.

A los 20 años, sus buenas actuaciones en cualquier lugar del campo en el que lo pusieran, le valió para ser convocado con la selección de Francia. Debutó con el combinado el 15 de febrero de 1931, en un duelo amistoso contra Checoslovaquia en donde perdieron 2-1. En ese momento, según la FIFA, no hubo mayor problema por ser el primer futbolista negro en jugar en una selección nacional de Europa. Si hubo alguien se opuso, fue su padre, Blaise Diagne, pues nunca estuvo de acuerdo de que jugara futbol.

Blaise fue el primer diputado negro de la Asamblea de Francia y luego alcalde de Dakar. Éste se negaba a ver a su hijo jugando futbol, pues siempre deseó que fuera militar o médico, pero Raol terminó por elegir al balón como compañero. Su talento le valió para estar en 18 juegos con la selección, todos como titular, y también disputó el Mundial de Francia en 1938

Jamás dejar la cancha

Soledad Gallego-Díaz, de El País, recuerda que la última copa que ganó con el Racing Club de París fue en 1940, a tan solo cinco días de que estallara la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas de Adolfo Hitler tomaron Francia. Lo que provocó que Diagne saliera de la capital y arribara a Toulouse. Puso fin a su carrera con un palmarés de una Campeonato de Francia en 1936 y tres copas (1936, 1939 y 1940).

Diagne nunca pasó desapercibido, ni en la cancha ni en la calle. De acuerdo con la FIFA, era un hombre que le gustaba asistir a los centros nocturnos de la capital e incluso leyendas urbanas apuntan a que se le llegó a ver caminando con un guepardo que tenía como mascota, un regalo que le habían hecho a su padre y que él conservó hasta que comenzó a crecer.

Tras dejar las canchas de futbol en 1946 con el Annecy FC, Diagne se preparó para ser director técnico y en un principio estuvo al frente del US Goree de Senegal. También entrenó al Oudenaarde de Bélgica, al Gallia Sports de Argelia (donde ganó un Campeonato de África del Norte), y al Constantinois de Normandía. Asimismo, se convirtió en el primer DT de la selección nacional de Senegal en 1961, a un año de que se independizaron de Francia. Además de dirigirlos, en 1963 lograron derrotar a les ‘Bleus’ en los Juegos de la Amistad 2-1 por primera vez.

“Murió en 2002, en un momento en el que se celebraba y se debatía la diversidad étnica y cultural de la selección de Francia. Lo interesante es que cuando Diagne entró en el escenario internacional en Francia no encontró la misma hostilidad que sus contemporáneos compañeros franceses de origen africano”, relata el portal Football Makes History.

Para su muerte, en noviembre del 2002, la Francia de Zinedine Zidane, de origen argelino, y de Thierry Henry, hijo de padre de Guadalupe y madre de Martinica, se convirtió en campeona del mundo en 1998.

“El equipo se llamaba Black (negro) Blanc (blanco) Beur (árabe). Una interpretación de los tres colores de la bandera francesa”, explica el escritor Martín Rodríguez, “era una selección muy francesa: blanca, negra y árabe. Muy parisina, digamos. Muy del imperio francés”. 

Así como Zidane se volvió un estandarte de la selección y de todo un país al ver como un jugador de clase baja y de padres argelinos pudo liderar a una nación a la consagración del futbol mundial, detrás de él estuvo Raoul Diagne, 60 años antes. Representando a Francia como cualquier otro francés, sobre todo en un país que ha tenido políticas migratorias que lo han permitido, pero acentuando que en el deporte y sobre todo en el futbol es un lugar que agiliza y acepta más este fenómeno.

Presente y pasado

Para el Mundial de Rusia 2018, la base de la selección dirigida por Didier Deschamps también reflejó la integración de jugadores de ascendencia africana o de las islas del Caribe, que también eran colonias francesas. De la convocatoria de 23 jugadores, 13 tenían un padre o madre de África y también volvieron a ganar el trofeo más importante del balompié. Por lo que Diagne dejó un camino abierto para que eso fuera posible, a pesar de su muerte 16 años antes.

“El equipo tiene jugadores de África y de los territorios de ultramar. Eso siempre ha sido una riqueza para el futbol y para todos los deportes franceses. Todos ellos son franceses y todos se sienten orgullosos de ser franceses”, explicó Deschamps antes de jugar la final contra Croacia en 2018, reafirmando el compromiso de cada uno con el país.

En la última convocatoria del entrenador para las eliminatorias de la UEFA rumbo a Catar 2022, hay once futbolistas que son negros. Por lo que la herencia de Diagne prevalece en el deporte francés en cara al siguiente Mundial. Francia es el resultado de su colonialismo e imperialismo pero también de la historia que continúa alimentándose del pasado, de lo que hace en el presente y de cómo el futbol ha fungido como espacio de integración en un país que es multicultural desde sus bases y que se refleja y se puede entender desde el balón.

 

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Por: Samantha González Silva / @ssmanthaglez

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