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La violencia en las gradas de Argentina ha empañado al futbol, sin embargo las noticias recientes no provienen de las barras y sus actos. La violencia se ha consumado y por largo tiempo, desde el interior de los clubes, para ser específicos en las inferiores de la liga Argentina.

El año pasado salió a la luz algo lamentable, el abuso de menores en las inferiores de Independiente. Todo se detonó por la acusación al árbitro Martín Bustos, quien está ligado con una red de prostitución infantil que opera en las divisiones inferiores del Rey de Copas. Al día de hoy, el árbitro y cuatro culpables más han sido detenidos.

Tras destaparse la cloaca, tanto Ariel Holan estratega del club y Daniel Bertoni leyenda de Independiente, declararon sobre el delicado tema. El estratega dijo que: desgraciadamente no me sorprendió, porque es algo que está tapado. Mientras que Bertoni declaró: Eso existió siempre. Ambos coincidieron también en que la institución no es la culpable, que es un problema social en Argentina.

El caso trajo consigo toda una vorágine que culminó con el destape de una red de pedofilia en Argentina. De acuerdo con las autoridades, dicha red opera dentro y fuera de los clubes. Como era de esperarse, al caso de Independiente se sumó el de River Plate, con las acusaciones de tres menores abusados entre 2004-2011, las cuales esperemos sean esclarecidas.

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Como siempre, y después de hacer el recuento de los daños, surgen mil preguntas ¿cómo operan?, ¿por qué?, etc. En cuanto al cómo, la respuesta se esclarece con las declaraciones de las víctimas y de los implicados, estas redes funcionan al interior de los clubes, en las denominadas pensiones, para contextualizar, nos referimos a casas club, donde los menores se quedan para poder entrenar y buscar el profesionalismo.

A estas acceden los infractores, mismos que les ofrecen a los juveniles, zapatos, tarjetas para el transporte público o dinero en efectivo, a cambio de los “favores” —no hay que especificar esto—. Por otra parte, algunos de los menores pasan de abusados a cómplices, ya que se encargan de concretar citas o de convencer a sus compañeros a que accedan.

Quienes han hablado del tema, puntualizan que el “cómo”, se da gracias a la condición económica de los prospectos a jugadores profesionales. Señalan que provienen de distintas provincias, que por lo general son de bajos recursos, y que no tienen contacto con sus familiares, es la necesidad —de acuerdo con estas opiniones— la que los orilla a aceptar.

Ahora bien, ya tenemos una idea del cómo, incluso del quién, pero el ¿por qué? siempre es muy complejo cuando hablamos de un delito, sobre todo cuando implica a menores. Tal vez, por eso la resignación en las declaraciones de Holan y Bertoni, ellos lo resumen a la siguiente frase, eso existió siempre y perdón que reitere en la declaración, pero es clave para entender el porqué. Que sean reiterados o que no sean hechos aislados, no significa la normatividad de los mismos, o que deban ser encubiertos. Desgraciadamente hoy es el futbol, pero este tipo de actitud hacia la infancia ha marcado el rumbo de delitos abuso a lo largo de la historia.

Y sin el afán de enumerar la amplitud el delito de abuso infantil, hay que ser puntuales en lo siguiente: en la Liga Argentina opera una red de abuso, de la cual todos saben pero pocos denuncian. La razón —el porqué— es la indiferencia hacia quienes no tienen voz, vamos la opinión de un menor toma relevancia hasta que deja de serlo. En síntesis, la indiferencia ante el otro parece ser el motivo, pues te sabes capaz de comprar su silencio, de aprovecharte de su condición, de saberte impune, esa es la motivación de los infractores.

Para concluir, debo sincerarme. Yo le creí a Maradona cuando dijo: La pelota no se mancha, paradójicamente desde Argentina obtuve mi balde de agua fría. Por supuesto que la pelota se mancha, se corrompe, se convierte en indiferencia, en delito. Espero que los culpables paguen, que declaraciones como las de Holan y Bertoni desaparezcan, y que el camino al profesionalismo, sea eso y no una perdición.

Por: José Macuil García

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