El futbol es bello y trágico como la vida, lo que sucede con la historia también acontece con la pelota. Imaginemos por un momento, que entre la primera y la segunda descarga, cuando el drama amanecía en Valladolid, Mariano Matamoros caudillo de la Independencia mexicana, se hubiera salvado de ser fusilado. Un grito y un jinete corriendo el 3 de febrero de 1814, escapando de la muerte e idolatrando a la vida.

Sin embargo nada de eso sucedió, la memoria demandaba un nombre y a veces la suerte no basta. Supongamos ahora, que Los Colibríes hubieran evitado milagrosamente el descenso, allí cerca del Río Apatlaco, en aquel partido contra el Cruz Azul en la Jornada 19 un 17 de mayo de 2003; soñemos por un momento con la Carretera 95 encendida por los gritos de los hinchas. Sin duda habría sido un gran relato, repleto de metáforas y listo para ser transcrito como un apartado más, dentro de las Obras Morales de Alcuino de York. Pero la realidad va siempre en otro sentido y las leyendas perduran, no por alegres sino por trágicas. Al final, efectivamente, solo nos queda la memoria.

10 de Diciembre del 2002

Ha ocurrido algo extraño, el esférico en tierras aztecas tiene una condición que mezcla a un tiempo, la fantasía de lo extraordinario con la tristeza del aficionado, ése que se marcha con lágrimas en la cara después de que su equipo cae misteriosamente. Fue así que el Atlético Celaya, gracias a un mensaje enviado desde la pontificia FMF, anunció su cambio de sede y de nombre. Transformándose así en Los Colibríes de Morelos, cuyo título original era Club de Futbol Cuernavaca, sin embargo el pueblo los recordaría con otro nombre.

Lamentablemente los problemas no se hicieron esperar, por un lado el naciente equipo se enfrentó con el desdén del Club Zacatepec, que según rumores veía con malos ojos la llegada de otra franquicia al estado. A esto se sumó la renuncia de Carlos Leonel Trucco, timonel del Celaya, el 7 de enero del 2003. Dejando a los Colibríes en el limbo, las cosas no pintaban bien.

Por otra parte, la sorpresa empapó a la comunidad del balompié, ya que no solo un equipo con el porte del Atlético Celaya movía su institución, ahora a Xochitepec. También quedaban atrás las viejas hazañas y comenzaba el último gran mito del futbol mexicano. Aquiles en la posmodernidad, acompañado por sus mirmídones, alucinando la inmortalidad en plena batalla. Y en esa visión, es donde aparece el principio de la nostalgia. Un inicio de temporada épico.

El esplendor de los Colibríes

Paul Louis-Landberg, alguna vez escribió que el esplendor de la batalla no puede estar en su desenlace, sino en la dignidad del acto. Es cierto, en la medida en la que comprendemos que la vida no está definida por una sola acción a destiempo, sino por aquello que le imprimimos, eso que no se codifica en el ámbito material. Un suspiro fuera de la lógica mundana, un sentimiento exacerbado, un grito, un gol. La pasión que se desborda en las canchas. El inicio fantástico de una temporada del recuerdo. Los Colibríes de Morelos ganando en el Olímpico Universitario, con un marcador de 3 a 1 a los Pumas. Al final la historia se empuja desde abajo, dejando el corazón en la cancha.

Las noticias corren rápido. El Estadio Mariano Matamoros ya sabe antes de que termine el día, que volverá a tener vida. Es un coloso de los tiempos antiguos junto al río, no tiene la categoría de otros estadios, pero sabe lo que es el futbol y cómo se juega. Será hasta el 16 de enero del 2003, que la Federación de Futbol Mexicano lo apruebe como estadio, pese a los problemas que presentaba. Era oficial, el futbol del pueblo había regresado.

Con un marcador de 3 a 0, los Colibríes le ganaban a los Tecos de la UAG en Xochitepec, la gente no lo podía creer. En su casa triunfaban como ídolos, vivían la época de los héroes, la alegría estaba por las nubes y es que el futbol tiene ese capacidad de inspirar. Cohetes en la noche, festejos y aplausos. Nada era imposible y parecía que los once jugadores que ganaron el partido, vivirían para siempre. Los números no mentían, 3 victorias en 4 jornadas. La permanencia se veía cerca.

Xochitepec Año 0

Todo comenzó con la llegada de Zlatko Petricevic, después del descalabro en la Jornada 10 del Clausura 2003, donde el equipo de Xochitepec cayó 4-2 frente a San Luis, el entrenador Sergio Rubio fue cesado, la llegada al banquillo del croata pronto evidenció el distanciamiento que ya había del equipo con la directiva, trabajó dos semanas y luego se marchó; acusó a los jugadores de insubordinación. Hasta el punto que llegó a afirmar, que Mario Grana y Jorge Jerez se habían unido para sacarlo del plantel. Dejo una victoria y una derrota. Pese a que el reglamento lo impedía, le sucedió Sergio Rubio que regresó por segunda vez a la dirección técnica.

Los Colibríes apelaron que nunca lo habían corrido, sino que había pasado a ser auxiliar, salvando así la sanción. A pesar de todo ya para la Jornada 15, después de la derrota 2 a 0 frente al América, Rubio volvería a marchase de la institución, llevándose el récord de haber sido despedido dos veces en una temporada. Los jugadores por su parte, reclamaban el pago de sus honorarios, se supo después que entre ellos costeaban su transporte y a veces según rumores entrenaban en la casa de Claudinho, uno de los jugadores del equipo. La solidaridad no escaseaba solo el dinero, al punto de que salieron a la cancha del Estadio Azteca, con una playera denunciando los problemas económicos del club. Todo esto llevó a una crisis, que culminó con los auxiliares, Rodolfo Sotelo y Felipe Ocampo comandando al equipo en la dirección técnica. Esperando que el último partido contra Cruz Azul los salvara, solamente necesitaban una victoria. En caso de empate, lograrían la permanencia con resultados combinados, esperando que Jaguares de Chiapas y Tecos de la UAG, igualaran. Pero la historia tenía otros planes.

Xochitepec Año 1

Cuentan los que estuvieron ahí, que se necesitaron dos cargas para quitarle la vida a un valiente, pese a los intentos del General Morelos, el insurgente y genio militar Mariano Matamoros fue fusilado. Dicen que cuando Los Colibríes igualaron con el Cruz Azul, la gente no lo podía creer, alguien había dicho que los Jaguares empataron el partido y por eso invadieron la cancha festejando, Claudinho cantaba con la afición.

Pero siendo Xochitepec un poblado pequeño, pronto se supo la noticia y las palabras comenzaron a llover como papelitos en la cancha. Los Tecos no habían empatado el partido, el descenso era una realidad, Jaguares se alzaba con el triunfo y solo en un poblado del Estado de Morelos, pequeño como la esperanza, por un momento se tuvo el sueño de ganar la permanencia.

Todo mundo comenzó a llorar, lo que antes eran sonrisas derivaron en muecas de dolor, solo una temporada había durado el equipo en Primera. La bronca era mucha, no lo podían creer, el máximo circuito se esfumaba, pero el futbol de la memoria comenzaba. Un día algunos contarán que vieron a Mariano Matamoros y que era cura como Hidalgo, otros dirán que vieron jugar a Los Colibríes y eran dignos representantes de Xochitepec. Y pocos sabrán qué de verdad tiene la leyenda, pues la memoria como el buen futbol, suele ser frágil y pasajero, pero inmortal.

Por: Andrés Piña/@AndresLP2

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