Un barco que se hunde es siempre un escenario perfecto para el pánico: la esperanza comienza a desvanecerse y los débiles pilares que nos cohesionan como sociedad se transforman en polvo. Justo este escenario de desastre es el que permite que algunas de las hazañas más grandes hagan su aparición. Un buen ser humano en cualquier escenario, se reconoce. Pero cuando aparece ahí donde parece imposible, se le encumbra. Tal es el caso de Sebastián Jurado en el Veracruz.

Desde pequeño encontró su lugar debajo de los tres palos. Su sitio no era el del ariete que derrumba las murallas de la ciudad; él quería ser el último bastión de su equipo. Con Adolfo Ríos y Oliver Khan como norte, se enfundó los guantes desde muy joven.

A pesar de ser aficionado águila, se encargó de resguardar el marcador del Veracruz, donde finalmente llegó a la primera división. Aunque en esta parte de la historia es donde los ascensos y victorias comienzan, su caso es distinto. A pesar de que logró arrebatarle el lugar a Robert Dante Siboldi, hubo momentos en los que parecía estar sólo: su portería era un paredón.

Sebastián Jurado en la tormenta

Veracruz es una crisis: desde Duarte hasta Kuri. Los escualos llevan bastante tiempo navegando en la parte baja de la tabla, y su constancia ha dado frutos: el equipo debería irse de la primera división. Es el descenso más prematuro en la historia de la Liga MX, lo que no hace sino subrayar la magnitud de la catástrofe. El club ha perdido todo rumbo y los escándalos han sido parte fundamental de unos años para acá. La posibilidad de comprar su permanencia terminó por acentuar la crisis de un conjunto que se diluye lentamente.

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Este fue el campo de cultivo que posibilitó la aparición de Jurado. Con 21 años a sus espaldas, destacó por ser un muro. Sin embargo, esto no bastó. Y es que el futbol es un juego de conjunto, un sólo jugador no puede salvar a su club, por mucho que lo intente. El Veracruz está abandonado, y su portero no es Atlas. Sólo él puede cargar con el esférico sin auxilio alguno.

Tuvo que resistir demasiados partidos para conocer la victoria. Pero por fin llegó y el llanto inundó sus ojos. Esta alegría aparece como injusta debido a que sabe a poco. Queda a deber para un joven que merece mucho más que una victoria en 41 encuentros. Su vuelo apenas logró rendir frutos, pero es claro que la noche que se cierne sobre el Pirata Fuente no ha logrado eclipsar el brillo del joven guardameta.

Si Sebastián Jurado demostró  que el resultado es siempre engañoso. Quien vea los números de la institución durante los últimos 41 partidos, pensará que el equipo era un desastre. Y hay mucho de verdad en ello, pero el que vio los encuentros sabrá que en medio de aquella catástrofe, apareció una perla. Las lágrimas de todos los jugadores denotan tristeza, pero sin lugar a dudas, las que más simpatía han despertado son las del joven arquero, que apareció como el faro de un barco que no logra arribar a buen puerto.

Por: Alberto Roman / @AlbertoRomanGar

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