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En el mundo globalizado parece que olvidamos – u omitimos— las aportaciones históricas culturales que brindan diversos sectores sociales. Uno de ellos y quizás de los más vulnerados, son las mujeres. Si hablamos exclusivamente de futbol, los convencionalismos señalan que aparentemente la aparición de las mujeres en el deporte es reciente. La falacia se descubre con el British Ladies Football Club en Inglaterra a mediados del siglo XIX.

Los inicios 

Es necesario dimensionar el contexto de las actividades deportivas-recreativas a finales del siglo decimonónico. Si bien el futbol como práctica deportiva surgió aproximadamente en 1863 cuando se sentaron las bases para separar el futbol del rugby, al mismo tiempo las actividades de uno y otro género se afianzaron.

Mientras que los hombres contaban con una mayor apertura a la vida pública, el entorno de las mujeres giraba alrededor del núcleo familiar. Aunque sus horas se repartían entre los cuidados a los hijos y las atenciones a sus parejas, la lectura y la pintura fomentaron un esparcimiento cultural entre ellas. En el espacio público, el tiempo transcurría en caminatas y salidas diplomáticas o de entretenimiento bajo la compañía de un tercero.

Las limitantes sociales a las que se enfrentaron las mujeres por desempeñar sus roles dentro del hogar, retrasaron la posibilidad de explorar deportes en exteriores como el futbol. Con base en esto, el posible desfase en el desarrollo del futbol femenil se construyó a partir de la dinámica social y no precisamente por el desinterés en el juego, pues este sí existía.

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British Ladies Football Club: la primera página del futbol femenil

British Ladies Football Club  fue una de las primeras muestras de que la disposición al balompié existió. El equipo se fundó el primero de enero de 1855 gracias al trabajo de Lady Florence Dixie, aristócrata quien fungió como dueña y administradora del equipo, y a Nettie Honeyball quien se encargó de realizar la convocatoria en el Daily Graphic para conformar el British Ladies Football Club. Dicha convocatoria reunió a cerca de 30 mujeres que formaron la institución.

La misma Nettie Honeyball señaló los motivos para crear el proyecto. «Fundé el club a finales del año pasado, con el objetivo de probarle al mundo que las mujeres no son esas criaturas ‘ornamentales e inútiles’ que los hombres pintan».

Una vez conformado el equipo se puso en marcha el entrenamiento de las jugadoras. Para ello, la misma Nettie Honeyball buscó al jugador de Totteham Hotspur, J.W. Julian, mismo que accedió a entrenarlas. De acuerdo con fuentes de la época, British Ladies Football Club entrenó dos veces por semana y tuvo su primer partido tres meses después de haberse formado.

La sede fue el campo de Crouch End y aunque en teoría no tenían un rival, British Ladies Football Club se dividió en dos equipos y jugó un partido de exhibición. Se estima que al encuentro asistieron 10 mil espectadores.

Ya con el balón en sus pies, el club realizó una gira de partidos de aproximadamente cien encuentros. La cobertura de prensa y la fuga de capital de Lady Florence Dixie  incidieron para que el equipo no lograra mantener a sus jugadoras. Además, la prohibición del futbol femenino en 1902 puso en pausa el deporte por diez años hasta que un partido entre las trabajadoras de las fábricas inglesas hizo rodar el balón una vez más.

La constante lucha del futbol femenino

Si bien el equipo logró reunir a más de 10 mil personas en su primer encuentro, muchos asistentes no fueron a disfrutarlo. La principal pregunta que estaba alrededor de la cancha era ¿por qué ellas?

Los estereotipos que rompieron las Ladies Football Club rebasaron las esquinas al presentarse en el campo con pantalones, camisas y botas, muy distinto a la etiqueta que las “mujeres debían usar”.

Los prensa publicó diversas opiniones, por ejemplo Jarrow Express comentó: «Las miembros del British Ladies Football Club han jugado su primer partido en público. Esperamos que sea el último. Siempre hay curiosidad por ver a mujeres hacer cosas impropias de su sexo, y no es sorprendente que varios miles de personas fueran a ver el partido, aunque muy pocas de ellas querrían tener a sus hermanas o hijas exhibiéndose en el terreno de juego».

Por su parte, el medio Daily Sketch señaló: «un futbolista requiere velocidad, juicio, habilidad y agallas», cualidades que a su juicio no tenían las jugadoras. Por lo tanto, la práctica deportiva femenina no tenía valor suficiente. La rigidez de la época y las críticas fueron unas botas muy pesadas para la escuadra pues en realidad ésta no competía por un campeonato sino por reconocimiento, mismo que no obtuvo por diversos estereotipos de la sociedad inglesa.

Ahora bien, al leer las opiniones sobre British Ladies Football Club es notorio que en la actualidad algunas críticas permanecen prácticamente iguales. Sin embargo, parte de su lucha se mantiene: mostrar una apertura de género en el deporte.

Concluyo con un extracto de lo que expresaba el corresponsal del diario The Sportsman: «No creo que la mujer futbolista se apague a causa de unos cuantos artículos escritos por señores mayores sin simpatía alguna por el fútbol como juego ni por las aspiraciones de las mujeres jóvenes». Estamos seguros que el futbol femenil no desistirá, y que acciones como la de British Ladies Football Club marcaron un precedente sumamente valioso para la historia que es preciso recordar.

Por: José Macuil García

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