En 1970, la Unión Soviética llevó a cabo el proyecto nuclear más ambicioso: la planta de Chernobyl, en Ucrania. Se construyeron varios pueblos y ciudades para alojar a los trabajadores de la planta. La más grande y próspera de ellas fue Pripyat. La ciudad creció hasta tener más de 40 mil habitantes. Sin embargo, una ciudad sin equipo de futbol no está completa, por lo que se fundó el FC Stroitel Pripyat, el club de los constructores.

El equipo jugaba en el segundo nivel de la liga amateur de futbol de la Unión Soviética. Aunque con participaciones discretas, era ya parte de la dinámica social en la ciudad. En 1985 lograron su mejor posición al quedar en segundo lugar del torneo. Cerca del parque de diversiones de Pripyat se empezó a construir el nuevo estadio para el FC Stroitel Pripyat. Llamado Avanhard Stadium, iba a tener una sola tribuna para cinco mil personas y una pista de correr.

El estadio iba a ser estrenado oficialmente el primero de mayo, Día del Trabajo y de elecciones, pero el destino quiso que las cosas fueran de forma diferente. A 5.5 km de la ciudad, poco después de la una de la mañana, el Reactor 4 de Chernobyl tuvo una sobrecarga de energía inesperada mientras probaban el nuevo núcleo enfriador de emergencia. Al fallar los protocolos de emergencia, una gran explosión cobró la vida de 31 personas y de paso mandó una gran cantidad de radioactividad a la atmósfera y los alrededores.

En un principio, el gobierno soviético trató de ocultar el hecho y actuar con normalidad. Treinta y seis horas después, al ver que la situación estaba totalmente fuera de control, el ejército llegó y en 3 horas evacuó a la fuerza a los habitantes de Pripyat, que dejaron tras de sí toda su vida. En la actualidad, la ciudad es escenario de una película de terror, pero también un remanente de una era pasada. La tribuna del Avanhard Stadium se cae a pedazos, su campo y su pista de correr desaparecieron completamente. Nunca pudo recibir un gol, ahora es simplemente un mudo testigo del peor desastre nuclear de la historia.

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Por: Bernardo OV

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