El Golpe militar de 1973 sacudió fuertemente a la sociedad uruguaya y al futbol. La acción del Presidente Bordaberry terminó por darle el tiro de gracia a las cámaras de Senadores y Representantes, vehículos de carácter popular que bien o mal funcionaban como canales democráticos que constituían la soberanía. Su disolución representó el ocaso de la democracia en la República Oriental y el ascenso de las Dictaduras Militares en el Cono Sur. Le seguiría Chile en 1974 y más tarde Argentina en 1976. El futbol no se escaparía de esta institucionalización de la tiranía. De hecho, sería uno de los polos que desde la cancha contrapuntearía el discurso oficial. Tensando la relación entre el Consejo de Estado poblado de militares y la voluntad civil que ya fuese en el exilio o dentro del país, soportaba y resistía desde el fragmento íntimo que significaba el amor al futbol.

Inauguración del Complejo Cinemateca (Agosto 1978). Foto: Centro de Documentación de Cinemateca Uruguaya.
Inauguración del Complejo Cinemateca (Agosto 1978). Foto: Centro de Documentación de Cinemateca Uruguaya.

El jugador Pedro Graffigna es quizá la expresión más emblemática de lo que apunto anteriormente, centrocampista como pocos sabía distribuir equitativamente el balón. No sólo llevaba la colaboración y la solidaridad al nivel de la cancha, también se alzaba a partir de ahí con una fuerte conciencia social. La cual lo llevó a simpatizar con la central obrera CNT, que al momento del golpe se había declarado en huelga. Era pues a todas luces un disidente y se asumía junto a sus compañeros del Defensor Sporting Club, como un elemento más de la larga lista militante que componía el cuadro del equipo montevideano. Entre sus filas se encontraban miembros del Frente Amplio y del PCU. No faltó mucho para que, entre la hinchada se asumiera el Defensor como un club que se oponía al imperio de la tortura desatado por la dictadura.

Defensor

El mismo Graffigna fue detenido en varias ocasiones, en 1974 por tener papeles de la central obrera, los cuales eran de un amigo y le ocasionaron el primer choque contra la dictadura. En 1976 cuando viajaba con la Selección Uruguaya le detuvieron su pasaporte obligándolo a portar uno especial, sin duda la dictadura estaba presente en todos los ámbitos, ser del Defensor no solo para Graffigna sino también para sus compañeros representaba un problema mayúsculo.

El futbol fue entonces adquiriendo dentro del Uruguay un tinte de resistencia.

Es bien sabida la anécdota de que mientras el cuadro del Defensor calentaba se escuchaban canciones prohibidas por los golpistas, allí sonaba de todo. Desde música chilena hasta versos de Alfredo Zitarrosa. Al final la pelota es también circunstancia, época y tiempo. Y no es qué vivimos sino cómo lo vivimos. Hoy la pelota sigue rodando en Uruguay y con ella todos los nombres que la dictadura quiso silenciar. Allí esta Ibero Gutiérrez pensando que: al futbol no lo puedes detener.

Ibero Gutiérrez
Ibero Gutiérrez

Por: Andrés Piña/@AndresLP2

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