Uno de los episodios más fuertes de la historia de la humanidad lo protagonizó el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, fundado en la primera mitad del siglo XX como respuesta a las inclemencias impuestas a la sociedad alemana después de la Primera Guerra Mundial. Adolfo Hitler tomó las riendas de esta asociación política en 1921 que lo llevó al poder como Reichskanzler de Alemania en 1933, fusionando su puesto con el de canciller, y como resultado obtuvo el título de Führer.

La política de Hitler tenía como principal enfoque formar un estado consolidado, donde la población tuviera acceso a la salud y un plato en la mesa, además de bajar la tasa de desempleo que se había disparado a mediados de la década de los 20. Sin embargo, no es secreto que la industria militar fue una de sus primordiales preocupaciones, ya que anhelaba que Alemania volviera a su puesto como potencia armada y económica.

Dentro del régimen de Hitler la oposición era perseguida, encarcelada y asesinada, las olas de terror eran algo de cada día, y aunque la población en general era consciente de las atrocidades de su gobierno, poco les importaba ya que veían en su Führer una nueva oportunidad para que el país se recuperara, pues sin él no tenían nada. El líder alemán tampoco era nada tonto, sabía cómo manipular y dirigir a las masas con discursos y acciones, pero lo más importante es que encontró en el deporte una forma para llevar su mensaje a toda Alemania, y entre ellos destacaba el futbol.

Con el inicio del Tercer Reich los eventos deportivos se convirtieron en un escenario de propaganda política, basta con mencionar los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 donde se mostró un discurso de poder y la supuesta superioridad del pueblo alemán a través de la arquitectura de los estadios, la coreografía y la competitividad de sus atletas ante las demás naciones. Sin embargo, poco se ha hablado sobre el apoyo tan peculiar que dio Hitler al balompié, ya que era, y hasta el momento es, el deporte más popular del estado germano.

No sería la primera y última vez que política y futbol se mezclaran, ejemplos como el de Franco con el Real Madrid o Mussolini con la A.S Roma. Se dice que la relación más directa que Hitler mostró con el balompié fue con el Schalke 04, club que salió beneficiado bajo el gobierno del Tercer Reich, aunque hay que aclarar que la conexión entre la escuadra alemana y el dictador se basa más en el mito que en la realidad, ya que no existen pruebas sobre algún vínculo.

La popularidad que generó el Schalke 04 bajo el gobierno de Hitler se dio cuando la escuadra proveniente de la ciudad de Gelsenkirchen obtuvo seis campeonatos de liga, además de tener una de las mejores rachas en la temporada 1935-36 al solo perder seis partidos como local. Antes de estos triunfos el Schalke no había logrado conseguir título alguno, y según directivos de otros deportivos, los Azules Reales habían tenido favoritismo por parte del gobierno alemán para salir victoriosos.

El acercamiento de Hitler con el Schalke 04 se vincula por el hecho de que los aficionados y habitantes de Gelsenkirchen habían adoptado el modelo dogmático impuesto por el Partido Nazi, el cual consiste en la construcción de una sociedad superior basada en aspectos genéticos e intelectuales. Es por ello que el dictador alemán optó por brindarle apoyo a la gente de esta urbe y sus alrededores a través del futbol, como una manera de demostrar que el balompié también era otra forma de hallar el amor por su nación y gobierno.

Esta es una de las posibles teorías por la cual se asemeja a Hitler con el Schalke 04, incluso ha sido sustentada con el argumento de que durante el Tercer Reich equipos como el Borussia Dortmund y el Bayern Munich fueron perseguidos por el régimen alemán ya que catalogaba a ambos como clubes con tendencias judías. Estos hechos explican también la rivalidad que se gestó entre el Schalke y el Dortmund, pues mientras uno era apoyado por el gobierno nazi, el otro era acosado, lo que desató una de las mayores rivalidades que sobreviven hasta hoy en la Bundesliga.

Durante el inicio de la Segunda Guerra Mundial la liga alemana continuó su actividad, incluso el Schalke ganó tres títulos en el 39, 40 y 42, todo esto parecía hecho para que la población de Alemania tuviera un entretenimiento y no solamente pensara en la guerra. Hitler no solo demostró que podía favorecer a equipos, sino que además podía hacer caer el peso de su dictadura. Tal es el caso de los jugadores del Dinamo de Kiev quienes se negaron a perder un partido ante un equipo de soldado alemanes, tras la victoria de los ucranianos éstos fueron llevados a campos de concentración donde fueron condenados a trabajos forzados y otros tanto a la muerte.

Otro caso de abuso dentro del futbol fue el de Matthias Sindelar jugador de la Selección de Austria, quien estaba amenazado por el régimen nazi por negarse a formar parte del combinado teutón. El punto de inflexión llegó cuando se disputó un partido amistoso entre los alemanes y austriacos, el cual estaba arreglado para terminar en empate, Sindelar y otros futbolistas opuestos al nazismo decidieron no seguir aquella farsa y vencieron al combinado teutón 2-0, después de aquel suceso el gobierno de Hitler buscó a los jugadores y los fusiló en el acto.

Con el apoyo a uno e implantado el terror a otros, Hitler tuvo una política fuerte dentro del futbol donde ni directivos, jugadores o trabajadores se salvaban. El terror en las canchas tuvo su fin cuando las tropas soviéticas alcanzaron Berlín, algo que llevó a suspender todo torneo, y con la rendición final del régimen nazi y el suicidio de Hitler el futbol en Europa central alcanzó una tranquilidad que no había disfrutado en años.

Para Hitler el balompié tuvo un arma de doble filo, por un lado podía conseguir el apoyo de su población a través de éste y por el otro sabía que mantener una estrategia de presión y miedo hacia jugadores y afición le traería una subordinación hacia el régimen, sin embargo, no contaba con que muchas veces existían individuos capaces de desafiar su voluntad, ya que para ellos el futbol era su bandera de resistencia ante el nazismo. Smash Fascism!

Por: Manuel Vázquez Laguna / @HayManolo

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