Almería
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El futbol es el juguete favorito de los poderosos. Capricho irresistible, el juego que nació de las clases trabajadoras muy pronto pasó a engrosar la lista de bienes de los millonarios y aristócratas. Turki Al-Sheikh lo sabe bien. Traductor, poeta y ministro del gobierno de Arabia Saudita, adquirió a la Unión Deportiva Almería en 2019 por 20 millones de dólares, una ganga si se toma en cuenta el estratosférico valor que esta época suele adjudicarle a todo lo que tenga que ver con la redonda. Dos años más tarde, está a un paso de la gloria.

¿Comprar esperanza?

Almería, una ciudad de 200 mil habitantes, se mantiene en vilo ante el posible regreso de los suyos a la Primera División de España. La inyección económica proveniente del Golfo Pérsico ha alterado la fisonomía del equipo por completo y ha alimentado la ilusión de una hinchada históricamente sufrida y resignada a los vaivenes de su club. La ilusión reverdece de la mano de su entusiasta dueño. El cruce de playoffs les ha emparejado con el Girona. En caso de ganar, el Almería se jugaría el bolero a Primera contra el vencedor entre Leganés y Rayo Vallecano.

Al-Sheikh ha destacado en su país como compositor de canciones. Graduado en Ciencias de la Seguridad, su meteórico ascenso en la estructura gubernamental le llevó a convertirse en ministro de Entretenimiento, puesto en el que ha sabido ganarse el respaldo popular. Carismático y desinhibido, ostenta el título de jeque por triple partida: se le conoce como jeque en los territorios musulmanes a quien pertenece a la jerarquía política, social o religiosa. Al-Sheikh pertenece a las tres. Se sabe poderoso e influyente, y sabe que para los de su estirpe el futbol no es terreno desconocido.

Patear el balón a billetazos

Los nombres de Nasser Al-Khelaifi y Mansour bin Zayed son ya habituales en las primeras planas del mundo. Quizá al comienzo de sus respectivas odiseas no tuvieron los reflectores mediáticos de otros plutócratas que incursionaron en el futbol (como Roman Abramovich), pero su poder de influencia es cada vez más grande y los equipos que presiden, el PSG y el Manchester City, han irrumpido en el mapa futbolístico para discutirle la supremacía a los colosos de toda la vida. Sheikh optó por comenzar su camino a la gloria un par de escalones debajo de la élite; sin embargo, la palabra modestia no figura en el léxico de este ni de ningún otro millonario.

Ni bien había terminado de instalarse como nuevo propietario del Almería, Al-Sheikh activó la maquinaría propagandística. A través de sus redes sociales, el saudí dio a conocer que sostuvo reuniones con entrenadores de primer nivel, como Quique Setién, Aitor Karanka y Joe Pascua. Si a algunos otros dueños como el singapurese Peter Lim, del Valencia, o al mítico Ronaldo, del Valladolid, se les ha cuestionado su lejanía o franco desinterés por sus equipos, Turki patentó desde el primer instante su declaración de intenciones: ser un dueño interesado no solo en su club, sino también en el juego.

Estrategia

El populismo que irradió durante los primeros meses le alcanzó para ganarse la simpatía de la afición. No es un tema menor. Aunque abundan en los tiempos recientes ejemplos de clubes que han pasado de ser donnadies a formar parte privilegiada del imperio del futbol, los capitales extranjeros siguen sin desprenderse de todos los estigmas que les rodean. Cuando Al-Sheikh propuso modificar el escudo y la playera del equipo, el rechazo de la gente fue unánime. La tradición no se toca.

Y es que la promesa resulta clara y seductora: un equipo humilde, con más llantos que alegrías a lo largo de su historia, de pronto puede convertirse en un jerarca. Se trata del cuento de hadas por antonomasia. El precio a pagar, sin embargo, puede ser más alto. Las inversiones millonarias no son necesariamente garantía de éxito deportivo. Desde 2013, el Málaga es propiedad del jeque Abdullah bin Nasser Al Thani. Tras un arranque prometedor con fichajes de primera línea y un gran papel en la Champions 2012-2013, el equipo naufragó hasta descender a la Segunda División en 2018.

Cuando el Mónaco fichó en 2013 a Radamel Falcao y a James Rodríguez, parecía que el futbol europeo asistía al nacimiento de una nueva superpotencia. El ruso Dmitry Rybolovlev se hizo del club del principado con la consigna de llevarlo a las nubes. Con el tiempo, las intenciones se difuminaron. La entidad monegasca no pasó de ser un club vendedor, con relativo éxito deportivo. Sin embargo, pueden considerar que tuvieron suerte, en comparación con el destino del Málaga o el del Valencia, que navega en la medianía y cuya afición no escatima en cólera y desprecio hacia su dueño.

Escaño a escaño

Afín a la grandilocuencia mediática, Al-Sheikh dio un golpe de timón a finales de 2019, al anunciar a Guti como entrenador del Almería. El brillante y polémico exjugador asumió el cargo con la expectativa de ascender, pero pronto su personalidad regaló uno de esos titulares que tanto gustan a la prensa: para acercarse a sus jugadores, Guti salía de farra con ellos. El matrimonio entre dueño y entrenador duró menos de lo previsto.

Las acusaciones hacia el Almería de convertirse en un club de Estado, como el PSG y el City, han sido uno de los fantasmas a los que Turki se ha enfrentado desde su llegada. Su mano derecha, Mohammed el-Assy, ha desestimado esa posibilidad: “Si Arabia Saudita quisiera comprar un club para proyectar su imagen al mundo compran el Valencia no el Almería. Este es un proyecto individual. Es el proyecto de Turki al-Sheikh”, ha dicho este egipcio que ostenta el cargo de director general del equipo.

Tras ver difuminada la oportunidad de ascender el curso del estallido pandémico, una nueva ilusión se gestó para la 2020-2021, con una potente inversión de 22 millones de euros. Precisamente durante la crisis sanitaria provocada por la covid-19, Al-Sheik brindó apoyo a la comunidad de Almería: primero fueron 1.2 millones de euros destinados a compra de equipo médico, así como apoyos económicos para personas de escasos recursos y para quienes perdieron su empleo debido a la crisis económica. Después, en noviembre de 2020, invirtió 200 mil euros en la compra de vacunas para la comunidad.

Con el playoff por el ascenso en la mira, el equipo dirigido por Rubi se aferra al cuento de hadas. Sin embargo, Turki ha dejado claro que no existe la paciencia eterna. El resultado es el alimento de todo sueño. Otro año más en la segunda categoría podría dinamitar el idilio del jeque con Almería. Mientras el Girona les espera y la posibilidad de subir mantiene en vilo a la hinchada, Al-Sheik ansía que su juguete predilecto cumpla sus caprichos.

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Por: Omar Peralta / @OmarPeraltaH

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