Jared Borgetti: el zorro trotamundos

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Con un olfato fino en zona de caza, el zorro es mayormente omnívoro, es decir, que se alimenta de lo que sea. Sin embargo, sus hábitos son los de un cazador o depredador. No duda ante la presa. El espécimen en cuestión obtuvo sus mejores resultados en el desierto, aunque también hizo de las suyas cerca del océano pacífico. Incluso, por su efectividad, se le vio cazando en Corea, Japón e Inglaterra. Trotamundos por excelencia, Jared Franciso Borgetti Echavarría sostuvo una relación larga y duradera con el gol; ese compañero que estuvo con él durante toda su carrera.

Aprendiendo a cazar

Un loco, de esos genios que aparecen en el futbol pero que bien podrían ser intelectuales, le dio la oportunidad de dar sus primeros pasos en primera: Marcelo Bielsa puso a Jared a jugar el 6 de marzo de 1994 con el Atlas de Guadalajara. Con el tiempo se valoraría su debut y el de varios de aquella camada: Pavel Pardo, Rafael Márquez, Oswaldo Sánchez y compañía formaron una generación irrepetible para el rojinegro. Luego de 3 temporadas y 21 goles, el culichi llamó la atención de Santos Laguna; los guerreros se hicieron de sus servicios para la temporada de invierno 96. 

El cazador furtivo terminó de formarse en Torreón: Borgetti cayó como hecho a la medida para ese equipo que marcó historia en el antiguo Estadio Corona. No tuvo que aguardar más que una temporada para levantar su primer título con los verdiblancos; el año 97 fue glorioso para los de la comarca. Las brillantes actuaciones acompañadas de goles le merecieron un llamado a la selección nacional; el 5 febrero de 1997 Jared vistió por primera vez la casaca tricolor. Su debut fue un presagio de lo que vendría: gol en su primer partido. 

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Aunque no fue considerado para el mundial de Francia 98, Jared continuó marcando diferencia en su club, tanto, que en el curso 2000-2001, el zorro del desierto se coronó bicampeón de goleo y campeón del Verano 2001 con Santos, desempeño que le valió la convocatoria a la Copa del Mundo de Corea y Japón 2002. Los dirigidos por Aguirre consiguieron el agónico pase a la justa veraniega con un golazo de cabeza cortesía de Borgetti. Aquella anotación era la premonición de lo que haría el atacante oriundo de Culiacán en  el torneo mundialista.

El exorcismo de Jared

Durante la primera Copa del Mundo celebrada en Asia, en los albores del milenio, la selección mexicana enfrentaba al equipo cabeza del grupo G: Italia. Los azzurri partían como favoritos en la cancha del estadio de Oita, Japón. Luego de las victorias ante Ecuador y Croacia, los de Javier Aguirre llegaban con ventaja en el puntaje frente a los de Trapattoni. Los europeos se jugaban la permanencia en Corea-Japón 2002 frente al tri

El catenaccio erigió una defensa férrea contra los mexicanos, que requerían de una genialidad para abrir la dura coraza blanquiazul. Luego de un intento de ataque italiano, México hiló con paciencia una seguidilla de pases: Márquez, Vidrio, Torrado. Morales, Luna, Arellano. El muro parecía inexpugnable. 

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En el área, poblada por algunos de los mejores defensores de la época, merodeaba Jared. Cuando la número cinco llegó a los pies de Cuauhtémoc, que recorría la frontal del área, Borgetti vislumbró el claro en el pico del área chica; un lugar vacío pero incómodo para el remate. Existen momentos en el deporte, instantes irrepetibles, en los que la lógica parece diluirse ante nuestros ojos. Cuando el diez mexicano colgó el pase flotado en el área, el nueve se desmarcó de Maldini, y al llegar a la cita con la de gajos remató de cabeza, en un giro imposible digno de Linda Blair en El Exorcista, que dejó inmóviles a todos en el gran ojo de Oita, incluido Gianluigi Buffon. La pelota cruzó la portería y se acurrucó en la red. 1-0. El júbilo se apoderó de Jared que corrió eufórico por toda la cancha. 

Aunque el empate italiano llegó para el segundo tiempo, México avanzó a la siguiente ronda como primer lugar de grupo. Y la estampa de Jared en el salto contra Maldini ante la mirada incrédula del arquero italiano, quedó impregnada en la memoria de todo aquel que presenció el primer y único exorcismo en una cancha de fútbol del que se tenga registro. La dolorosa y sorpresiva eliminación de México ante Estados Unidos en aquel mundial cortó la ilusión del quinto partido.

El zorro trotamundos

En 2004, un Jared consolidado en primera división y centro delantero indiscutible del combinado mexicano buscó nuevos aires y tomó rumbo para su tierra natal: luego de 189 goles con Santos Laguna (máxima cifra del club), los recién ascendidos Dorados de Sinaloa ficharon al ariete mexicano. La estancia fue corta, pero no por eso dejó de hacer goles; en 14 partidos marcó 8 tantos. Pero el sueño del hijo pródigo no resultó y Pachuca adquirió el pase del 9.

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Luego de un torneo corto en la bella airosa, tal vez tarde en su carrera, le llegó la oportunidad soñada por todo futbolista: jugar en Europa. Un pequeño club inglés se interesó por él y terminó jugando un año en la Premier League con el Bolton, aunque sin tener una actuación destacada en el torneo británico. El histórico delantero mexicano pasó por épocas complicadas, fue a Arabia para jugar en Al Ittihad, donde consiguió 10 dianas en 15 encuentros. 

A pesar de no encontrar la regularidad que habría esperado, el mexicano tuvo un pasó mucho más que brillante con la camiseta del tri, convirtiéndose en el anotador histórico de la selección con 46 goles. Aquella marca quedó vigente hasta 2017, cuando Javier Hernández se puso en primer lugar. De cabeza (sobretodo), con la derecha, con la izquierda, qué más daba, el 9 siempre encontró maneras de perforar el arco contrario. Aquel puño en alto tras el salto monumental al celebrar lo encumbraron como el delantero ideal.  

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Solamente 6 meses después de su llegada a Medio Oriente se abrió la posibilidad de volver a México; Cruz Azul se reforzó con Jared para 2007, pero no encontró regularidad ni con la máquina, ni con Monterrey, Chivas, Puebla, Morelia o León, equipos donde el depredador del área consiguió pocas glorias. 

El implacable rematador decidió retirarse de la selección en la eliminatoria para el mundial de Sudáfrica 2010, anotando un doblete contra Belice en un 7-0 implacable del tri. El estadio de los Tigres fungió como escenario de la última cazería del zorro. Dos años después, el 4 de diciembre de 2010, Jared colgó los botines definitivamente. 

El zorro del desierto fue homenajeado en 2016 con la investidura al Salón de la Fama del Fútbol, en Pachuca. Un reconocimiento a una carrera llena de goles, alegrías y fantásticos cabezazos. 

 

Por: Alfredo Canseco / @alfrecanseco

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