La recámara de Lucy

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A las familias de víctimas mortales por covid-19

Nadie se había animado a entrar en la recámara de Lucy desde que sus cenizas fueron entregadas a la familia. Después de cinco semanas, doña Ofelia, su madre, quiso hacerlo.

Tomó aire antes de ponerse a revisar artículos y pertenencias de su hija para sentirla más
cerca de lo que ya estaba en su corazón. Tenía miedo de tocar cualquier objeto o prenda,
porque sabía que un mínimo contacto implicaba asimilar la ausencia física del enorme tesoro que el coronavirus le arrebató. Temía resignarse a escuchar “te amo” a través del recuerdo y no de viva voz como lo fue durante 35 años.

Con paso lento caminó hacia el tocador postrándose frente al enorme espejo que lo distingue. Se observó con detenimiento. Sumida en la tristeza y el dolor, la señora Ofelia pensó en Santi, su nieto, hijo de Lucy, un pequeño de 2 años que primero fue abandonado por el padre y ahora ha quedado huérfano de mami por culpa de un maldito virus. Reflexionó entonces que había un poderoso motivo para mantenerse de pie.

Su monólogo interno fue interrumpido cuando de reojo miró que del clóset sobresalía una
prenda que ella juraba haber tirado a la basura hace más de dos décadas. Se trataba de la
playera amarilla del Borussia Dortmund que Lucy utilizó en su primer equipo de futbol, deporte que practicó hasta un mes antes del confinamiento obligado.

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Intrigada, doña Ofelia fue al clóset para descolgarla. En cuanto sintió la tela entre sus dedos, rompió en llanto. Abrazó la camiseta apretándola con fuerza al pecho por varios minutos. Recordó a su hija barriéndose, reclamándole al árbitro, gritándole a sus compañeras. También vino a su memoria el instante en que Lucy le comentó que ya no le quedaba la playera por cuestiones propias del desarrollo físico, que necesitaba una de otra talla.

-Ya tira la que no te queda. Mañana te doy dinero para que compres una nueva.
-Mamá, no la voy a tirar, es mía.
-O la tiras tú, o la tiro yo, pero no vamos a acumular cosas que no sirven.
-Pero mamá…
-¡Shhh, nada de mamá! ¿Acaso no me di a entender?
-¡No!

Enjugándose las lágrimas con la prenda luego de acordarse de aquel episodio, doña Ofelia
creyó alucinar un susurro de Lucy diciéndole “te amo”. Tiró la camiseta al suelo debido a la
sensación.

Contuvo la respiración cinco segundos antes de descubrir que no había alucinado: al
agacharse a recoger la playera, notó que el nombre en la espalda no era el de su hija, sino el de su nieto Santi.

“Tenías razón, mi niña. Esta camiseta era, es y será tuya, mi cielo”, pronunció mientras sentía a Lucy junto a ella.

 

*Ficción que se acerca a la realidad.

Por: Elías Leonardo / @jeryfletcher

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