Hoy Estados Unidos ya tiene una sólida estructura para el futbol (o soccer, como ellos lo llaman). Sigue sin ser el deporte más seguido, pero sus números han ido en ascenso y es claro que el mercado está en expansión. Pero hubo otras épocas, otros tiempos en los que el balompié no figuraba. Las pelotas que triunfaron eran las de beisbol, basquetbol o el futbol americano. Por alguna razón, la herencia inglesa no bastó para que el deporte más famoso del mundo se asentara en el gusto de los norteamericanos.

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Richard Nixon pertenece a estos tiempos. El balón le resultaba ajeno. Poco o nada sabía de futbol y para fortuna suya pocas veces tuvo que relacionarse con él. Sin embargo, las ocasiones en las que se encontraron, el resultado no dejó de ser extraño. Una de las mejores muestras de esto fue escenificada en su visita a Quito en 1958.

En 1952, el futuro presidente logró ser candidateado como vicepresidente en la postulación de Dwight D. Eisenhower por la presidencia de los Estados Unidos; para principios del siguiente año recibió oficialmente el cargo. Logró quedarse en aquel puesto hasta el final de la administración de Eisenhower, en 1961.

La experiencia en Quito

Uno de los momentos más turbios que vivió siendo vicepresidente fue su gira por ocho países de Latinoamérica, entre ellos Venezuela, Perú y Ecuador. Aunque ellos buscaban hacer de las visitas de Nixon muestras de “buena voluntad”, los recibimientos que tuvo en varios sitios (por parte de grupos de estudiantes a los que más adelante acusaría de “comunistas), fue de lo hostil a lo violento.

Este es el marco que contiene su estancia en Quito, que fue considerada la parada más tranquila de todo el viaje. Allí, se le ofreció al entonces vicepresidente dar la patada de inicio de un partido de futbol entre Aucas y Deportivo Quito. Aunque el norteamericano donó el trofeo a los vencedores y los invitó a participar en Juegos Panamericanos que se disputarían en su país el siguiente años, lo más recordado es Richard Nixon con el balón.

Y es que cuando se le ofreció dar la patada, él prefirió cabecear. Hasta acá todo bien, pero cuando en vez de usar la frente, usó la parte superior del cráneo, dejó de manifiesto su torpeza respecto al balompié. En aquellos días los balones eran mucho más duros, lo que seguramente hizo que algo más que el orgullo del vicepresidente quedase lastimado.

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Richard Nixon y el futbol: el balón que le dio Pelé

Con todo, el momento más álgido de su relación con el balompié todavía estaba por venir: Nixon y O’Rey se conocieron. Todo esto sucedió cuando el período del entonces presidente comenzaba a agonizar. El político norteamericano recibió a Pelé (que acababa de ser campeón del mundo en 1970) el ocho de mayo de 1973.

Faltaban solamente dos meses para que el Comité Watergate del Senado descubriera que Nixon había grabado una gran cantidad de conversaciones en sus oficinas. Éstas terminarían por inculparlo, debiendo renunciar, para evitar un impeachment, y lograr el perdón por parte de Gerald Ford. Sólo una semana antes, había dado un discurso en horario prime-time defendiendo su inocencia.

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Con todos estos sucesos en el ambiente, recibió a Pelé. Desde el primer momento demostró su absoluto desconocimiento del futbol, o sus referentes. Entre los momentos más extraños se destacan que el presidente le preguntara al futbolista si hablaba español. Éste contestó cortésmente que no, que hablaba portugués.

La mayor parte de la breve conversación fue simplemente protocolaria, donde Nixon habló de que el futbol ayuda a hacer amigos, aseverando que “lo principal era usar la cabeza”. Por su parte Pelé le recordó las diferencias entre el balompié y el futbol americano. El brasileño le obsequió un balón autografiado, mientras que el Presidente le dio el clásico bolígrafo.

Todo esto se conoce gracias a las cintas que terminarían por sacar al republicano de la Casa Blanca. Cuando la reunión con Pelé concluyó, Nixon se alejó junto a Donald Kendall, colaborador de su gobierno en ese momento, a quién (ya lejos del tono amigable que usó con O¡Rey) le aseguró que la investigación avanzaba y que iban a llegar al fondo del asunto. Parecía que para él, el balón de futbol sólo aparecía en malos momentos.

Por: Alberto Roman / @AlbertoRomanGar

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