Gianluigi Buffon: carta
Gianluigi Buffon: carta

Los guardametas viven en una dicotomía permanente, si el equipo disfruta de buena salud futbolística, ellos son ignorados y olvidados; “está teniendo un día de campo”, dicen los cronistas en tono burlón. En cambio, si el equipo sufre, es el personaje que interpreta al arquero el que debe aguantar, volar, atajar, saltar y hasta golpearse con el poste con el objetivo de guarecer el rectángulo sagrado de su conjunto. 

Gianluigi Buffon, uno de los grandes a la hora de ponerse los guantes, escribió una carta al respecto de su compañera por más de 25 años:

Tenía 12 años cuando te di la espalda.

Renegué de mi pasado para asegurar tu futuro.

Fue una elección del corazón.

Una elección del instinto.

El instinto, la guía de los seres humanos que los orilla a tomar decisiones, a veces, sin una razón lógica. De los 11 que disputan en la cancha, el que viste de guantes y color distinto tiene el panorama abierto, todos le dan la espalda, pero refugian sus esperanzas en quien se sabe vigilante eterno de que la número cinco no lo venza

Justo el día en que dejé de mirarte a la cara, sin embargo, empecé a amarte.

A protegerte.

A ser tu primer y último instrumento de defensa.

Vilipendiado y vitoreado según su suerte, el arquero pasa los años de su carrera en solitario, en compañía de los postes, Gigi se mostró renuente con sus compañeros de clase en Carrara que lo postularon para ocupar la portería por su altura y largos brazos. Nació el protector azzurri más grande de la historia.

Me prometí que haría todo lo posible para no cruzarme con tu mirada. O para hacerlo lo menos posible.

Pero cada ocasión fue un sufrimiento, tener que darme vuelta para entender que te había desilusionado.

No todo fue gloria en el camino del portero histórico de la Selección Italiana, Buffon sufrió de una fuerte depresión de la que le tomó varios meses salir adelante: 

Puedes reír, pero es lo que te pasará. Llegará en el momento más alto de tu carrera, cuando tendrás todo lo que un hombre puede pedir a la vida. Tendrás 26 años, serás el portero del Juventus y de la Selección.‘” dijo para Marca.

Una vez.

Una vez más.

Así es como Buffon se repite cada temporada, cuando parece que anunciará su retiro y tanto la Juve como la Selección Italiana celebrarán su longeva carrera con un partido de homenaje, Gigi se pone los guantes y la playera de Superman para volver a volar entre los postes; una vez más.

Siempre hemos sido opuestos y complementarios, como la Luna y el Sol. Forzados a vivir uno al lado del otro, pero sin poder tocarnos. Compañeros de vida a quienes se niega el contacto.

El cancerbero y el arco son como dos imanes que juegan a estar cerca sin tocarse. Todo tipo de rituales, cábalas o hechizos son proferidos por quienes desean, a toda costa, que su compañera no sea profanada. Con cariño la persignan, o extienden los brazos a manera de plegaria para que Santa Portería los proteja de los abucheos y tomatazos. 

Hace más de 25 años hice mis votos: juré protegerte y vigilarte. Convertirme en un escudo contra tus enemigos. Siempre he pensado en tu bien, anteponiéndolo al mío. Y todas las veces que me di la vuelta para mirarte intenté sostener tu expresión decepcionada con la cabeza en alto, pero a sabiendas de mi sentimiento de culpa.

El portero, protector del arco, del equipo, de su prestigio, del empleo del entrenador, de la ilusión del aficionado de la fila 25, del que lo ve en su casa, de la directiva, de su representante, de los patrocinadores, de los apostadores, de su matrimonio con los postes

Y aunque la amargura de nunca haber podido ganar la Champions League, el italiano no ha dejado de ilusionar, atajar y sonreír.

Tenía 12 años cuando le di la espalda a la portería.

Y seguiré haciéndolo. Mientras las piernas, la cabeza y el corazón resistan.

 

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Por: Alfredo Canseco / @alfrecanseco

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