La Copa de Francia 2019 sólo podrá ser revalorada en su justa dimensión en el futuro. Hoy no podemos saber a ciencia cierta sus consecuencias. La distancia servirá como el prisma que nos posibilite una visión con mayor temple, lejos del calor del momento. Con esto claro, uno puede hacer sus apuestas. Pero también se puede pensar este Mundial Femenil con los ojos puestos hacia atrás: mientras se define su papel para la posteridad, podemos encontrar en él una justa que se desvela como la celebración de una historia de lucha de las mujeres dentro (y fuera) de la cancha. 

 

El papel del Mundial Femenil de Francia 2019

Las comparaciones generalmente suelen ser injustas, debido a que se pierde el contexto de los elementos comparados, de sus condiciones de posibilidad y sus singularidades. Pero las futbolistas han convertido en balón en un medio y en un fin, situación que la mayor parte de los participantes del futbol varonil han olvidado. La ausencia de Ada Hegerberg es el ejemplo perfecto de esto. La noruega (ganadora del primer Ballon d’Or femenil) renunció a la posibilidad de levantar la Copa del Mundo como protesta por las condiciones del futbol femenil en su país, que van mucho más allá de igualar salarios. 

Megan Rapinoe es otra de las figuras que se encuentra en una línea similar a la de Hegerberg. No solamente es un referente dentro de la cancha, sino que fuera es una de las portavoces. Por ejemplo, cuando el seleccionado de Estados Unidos presentó una demanda por discriminación de género contra su federación, ella fue una de las más activas. A esto se deben sumar sus constantes enfrentamientos con Donald Trump, entre otras causas sociales a las que apoya.

Los ejemplos sobran: la profesionalización del futbol femenil en Argentina, la larga marcha que supuso para las Reggae Girlz el llegar al mundial y otras muchas historias nos confirman el papel de Francia, por lo menos si nos basamos en los antecedentes: Es la fiesta de las futbolistas. Los números refuerzan esta hipótesis. 

 

El día de las futbolistas

 

Por ejemplo, la semifinal entre Estados Unidos e Inglaterra logró congregar a más de 11.7 millones de televidentes ingleses, lo que representó un poco más del 50% de la audiencia posible. Cabe destacar que este encuentro dejó atrás los niveles de rating conseguida por la final de la Champions League varonil, en la que el Tottenham y el Liverpool (ambos equipos ingleses), sólo consiguieron 11.3 millones. Además de esto la venta de boletos fue histórica: los tickets para partidos como la inauguración, las semifinales o la final, se agotaron en menos de 48 horas

Todos estos antecedentes nos ayudan a dimensionar el papel de este Mundial Femenil, el por qué hay quienes auguran que habrá un antes y un después de Francia 2019. El domingo siete de julio será la conclusión de este evento en el que la pelota simboliza muchas luchas. La carga política y los discursos que corren junto a la pelota, tienen un gran peso. La final del Mundial de 2019 será el día del futbol de las mujeres. ¿O no?

 

La Copa Oro y la Copa América

 

Parece ser que la final del torneo más importante del futbol practicado por mujeres, no mereció su propio día. Cuando se disputó la final de Rusia 2018, el balompié todo se concentró en ese evento. Nada más sucedía en ningún otra latitud. Las confederaciones en las que se divide la FIFA respetaron aquel quince de julio. Parecía alguna especie de fecha sacra en la que el Estadio Olímpico Luzhnikí se convirtió en la Meca de los amantes del balón. Lo lógico habría sido esperar el mismo trato para la final del Mundial Femenil, pero la Final de la Copa Oro y la Copa América dejaron de manifiesto que no fue así.

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En nuestro país serán las diez de la mañana cuando el balón comience a rodar en el Parc Olympique Lyonnais. En el caso más dramático el partido se irá a tiempos extras y luego a los penales, poco más de dos horas. Suponiendo que para las 12:30 ya sepamos si las holandesas o las estadounidenses se llevaron el campeonato, sólo serán protagonistas de los noticieros y portales de futbol por cerca de tres horas, ya que a las 3 pm (hora de México), se llevará a cabo al final de la Copa América entre Brasil y Perú, para algunas horas después llevarse a cabo la de la Copa Oro, en la que México se enfrentará a Estados Unidos.

Si el futbol femenil se enfrenta a la resistencia y el desinterés de muchos sectores de la sociedad, el hecho de que el día en que se disputa el partido más importante de futbol femenil en los próximos cuatro años, tenga que compartir podio con la final de dos torneos de talla continental, no hace sino restarle proyección al evento. 

 

La planificación y la molestia

Según Victor Montagliani, para la planeación de la Copa Oro se consultó con todos y cada uno de los miembros de la Concacaf para definir el día de la final y a partir de ahí articular el resto del torneo. El 27 de septiembre del 2018 por sin se definió un día: el 7 de julio sería la fecha. Montagliani aseguró que se había tratado de un “error burocrático” y dijo que aunque comprendía la gravedad del error, ya no se podía hacer nada debido a que para el momento en el que lo notaron, ya habían vendido boletos para los partidos.

Es de llamar la atención que la fecha de la final del Mundial Femenil de Francia 2019 se dio a conocer el 28 de septiembre del 2017, es decir, cerca de un año antes de que la Concacaf decidiera qué día se llevaría a cabo el último partido de la Copa Oro. El malestar de las futbolistas no pudo hacerse esperar. Alex Morgan, quien disputará la final con Estados Unidos, afirmó que “es un poco ridículo tener otras dos finales en el mismo día”, al tiempo que dejaba de manifiesto que añoraba un día que fuera sólo para las futbolistas. 

 

Las contradicciones

Otra futbolista que manifestó un profunda inconformidad con esta situación fue la misma Megan Rapinoe, quien aseveró que “Es ridículo y decepcionante, para ser sincera”. Ante las quejas, la FIFA aseveró que en realidad esto hacía las tres finales en un “un hecho raro y emocionante”.

Francia 2019 aparece así como una tensión, un lugar donde las contradicciones se tocan: es la gran fiesta del futbol femenil. Pero al mismo tiempo es la justa que debe compartir palestra con dos finales más, es el torneo que destina un fondo de 400 millones a los varones y 30 a las mujeres. Es un símbolo de los logros, al mismo tiempo que una clara muestra de las deudas que se sostienen con el balompié femenil. El desdén y la exaltación en un campo de juego. 

 

Por: Alberto Roman / @AlbertoRomanGarcia

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