Todo mecanismo de solución de conflictos —en el universo del futbol y en cualquier otro— debería ser, cuando menos, parejo. Buscando tal atributo es que los humanos hemos intentado un connnúmero (sic.) de estrategias para evitar terminar un partido de futbol mediante los odiosos penales. Ese azaroso mecanismo que usamos para resolver los empates. Por favor, tome usted asiento en este DeLorean del balompié. Bienvenido a este viaje en el tiempo. 

Hemos aterrizado en 1919. Al tiempo en que el mundo documenta la terminación de la Primera Guerra Mundial mediante la firma del Tratado de Versalles, nacen los tiempos complementarios en un encuentro entre Uruguay y Brasil. A partir de ahora, en tanto un partido no sea ganado por uno de los equipos con una diferencia de al menos un gol en los primeros 90 minutos, se agregarán dos tiempos extras de 15 en el que ambos conjuntos intentarán anotar. Este artilugio resultará insuficiente en tanto el tiempo adicional podrá concluir nuevamente en empate; sin un ganador categórico. 

Vayamos entonces a 1965. Sir Winston Churchill ha muerto según se lee en los encabezados de los diarios de la época. El funeral se celebrará en la catedral de San Pablo. Algunas páginas después nos topamos con el comunicado oficial: dejaremos atrás antiguas reglas de desempate como la moneda al aire o repetir partidos enteros. El famoso replay. En sustitución a tan arcaicas medidas, diversas confederaciones e inclusive la FIFA instaurarán el gol de visitante. Según esta fórmula, los goles marcados por el equipo visitante serán factor determinante ante el empate. Esta salida rehuirá de los empates, de los juegos extensos y de jugadores extenuados en tanto provocará juegos defensivos y sin vergüenza. 

La regla de los goles marcados fuera de casa permanecerá durante varias décadas. Empezará a caer en desgracia casi al unísono con la figura de Churchill. Cuando observemos a la gente tachándolo de racista y exigiendo que destruyan las estatuas erigidas en su nombre, el gol de visitante estará a punto de marcharse. Sigamos entonces viajando en el tiempo en búsqueda de una solución. 

Estamos llegando a 1968, año en que la North American Division I League ha alcanzado a entender que el gol de visitante no soluciona partidos de eliminación directa. Vaya, no en todos los partidos hay ida y vuelta. Local y visitante. Conforme a este nuevo intento, originalmente nacido en el hielo, tras la falta de un ganador absoluto en un encuentro, los equipos elegirán a sus cinco mejores jugadores. A cada uno de ellos se les otorgarán cinco segundos y treinta y dos metros para burlar al portero y anotar. Sí, en efecto, hablamos de los shootouts. 

Con esta ingeniosa alternativa es como se decidía el futuro de los partidos empatados al tiempo en que los guerrilleros del vietcong atacaban la embajada estadounidense en Saigón. La critica que se realizaba a este método de desempate era la notoria diferencia entre los shootouts y el resto del juego. ¿Cómo decidir el resultado de un encuentro con una actividad totalmente diferente a la jugada durante los 90 minutos iniciales? Una crítica similar a la que hoy podríamos hacer a la tanda de penales. 

Cercanos al cambio de siglo empezaremos a dejar en el olvido a los shooutouts. Servirán como inspiración para alguna loca propuesta llamada Atacante Defensor Guardameta que, en 2008, propondrá añadir un defensa y quince segundos más al shootout. ¡Vaya despropósito! 

Seguimos avanzando en el tiempo hasta llegar a 1970. A los momentos en que Pelé adquiría el carácter de dios del balompié en territorio azteca. Es en este preciso año en que la FIFA ha aceptado los penaltis como mecanismo oficial de solución de controversias. 

Los penales, querido viajero, no permanecerán por siempre como han nacido. ¡Ah, no! Irán evolucionando a partir de aquí. Pronto, en seis años a partir de ahora para ser precisos, los equipos tirarán los penales alternando turnos. No serán como ahora que cada equipo patea sus cinco tiros de un jalón. En este sentido es que en el futuro, por ahí del 2020, un tal Gerard Piqué, sugerirá un interesante formato en aras de la justicia: ABBAABBAAB. Si al final de los cinco tiros por equipo el partido continúa empatado, comenzará la etapa conocida como muerte súbita. Un jugador de cada conjunto deberá seguir tirando hasta llegar a un ganador.

A mediados del 2022, la FIFA y el organismo encargado de las reglas del futbol: The International Football Association Board seguirán ideando nuevas reglas para la tanda de penales. Así, tras una patética jugarreta del arquero australiano que dejará fuera a Perú del mundial de Qatar, se acordará un cambio a la regla 14 sobre la posición que los porteros deberán mantener para evitar el gol. El guardameta deberá estar sobre la línea de meta antes del lanzamiento, pero no se le sancionará por tener un pie por detrás de la línea. Una diferencia fundamental con los primos lejanos: los shootouts. 

Demasiados lamentos provocará la instauración de los tiros penales en el futbol. Antes de que el mundo llegue a una etapa de resignación y sumisión ante los penales, el mecanismo sufrirá varios embates. Resistirán. 

Nos vamos acercando al presente. Aparecemos ahora en 1994: Roberto Baggio falla el último penal de la tanda de penales de la copa del mundo en Estados Unidos mientras la FIFA instaura un nuevo mecanismo que tendrá mala fama y corta vida. Más minutos le tomará caer al suelo al balón lanzado por Baggio que al gol de oro desaparecer. Conforme a esta regla que resultará decisiva para dos Eurocopas y para el campeón de Francia 98, el tiempo de descuento terminará en tanto uno de los competidores marque un gol. ¿El lío? El mecanismo desnaturalizará el juego: los delanteros tirarán a gol desde posiciones inverosímiles buscando un milagro mientras los defensas intentarán jugar pese a la parálisis nerviosa que les provocará el formato. Mejor seguir buscando. 

¡Vengan, vengan! Esto es el 2002. La UEFA ha optado por la mesura futbolística y por el arrojo financiero. Al tiempo en que el euro comienza a rodar en los países de la Unión, se instaura el gol de plata. Un Frankenstein cuya vida será aún más fútil que la del gol de oro: tan solo dos años, hasta la Eurocopa 2004. Conforme a esta regla, el tiempo complementario no terminará solo porque uno de los competidores ha marcado un punto. No. Aun después del gol, el primer tiempo seguirá para dar oportunidad al contrincante de nivelarse. De no empatar, el tiempo extra finalizaría sin necesidad de jugar la siguiente mitad. ¡Como si la finalidad del juego fuera solo ganar!

Aquí ha terminado el viaje, valiente viajero. Puede desabrocharse el cinturón de seguridad y quitar esa cara de mansedumbre. El propósito del viaje era ese: ayudarle a superar su animadversión a los penales. Porque lo que ve es lo que hay. Mas rabioso debería ponerse contra estas soluciones medias que se insiste en aplicar en las confederaciones mundiales: ¿puntos totales, posición en la tabla, diferencia de goles?  ¡Juguemos futbol! Pateemos ese balón. 

Así es y así será por un tiempo, querido trotamundos. Es más, otros oportunistas aparecerán de forma ocasional. Sobre todo, en tanto se continue recopilando evidencia contra los penaltis. El esquema de goles esperados, por ejemplo. Ese que afirma que es posible analizar si determinado tiro tiene más o menos probabilidades de convertirse en un gol y que propone ser el nuevo criterio determinante de la victoria.  

Pues no. Hasta ahora la respuesta es y sigue siendo: penales, penales, penales. Todos los caminos llevan a los penales. Si bien nos hemos atrevido con otras opciones, no hemos encontrado algo superior a ellos. Bien decía Churchill refiriéndose a los penales (aunque la frase suele atribuirse erróneamente a su análisis sobre la democracia) que los penales son el peor sistema de desempate, a excepción de todos los demás. 

Cierto, lo hemos intuido y también nos lo han comprobado. Hasta el grandísimo Stephen Hawking se dedicó a estudiar el penal perfecto. Los penales están llenos, repletos de problemas. Los penales son cuestión de azar, el resultado es afectado en función de la cancha en que se tiran, quien empieza tiene mayores probabilidades de ganar, suelen fallarse por los mejores jugadores en el campo, las posibilidades de anotarlo se incrementan entre más tiempo se toma tu jugador, es más fácil fallar los del final que los iniciales. Sí, sí, sí. Un sinfín de hipótesis. Un montón de pruebas. Ningún contrincante serio.

Por: Vanessa Romero

Es abogada. Estudió la licenciatura y maestría en Derecho en la Escuela Libre de Derecho, así como una maestría en la University College London. Escribe sobre derecho, género y deportes. Ha publicado en Porrúa sobre cuotas de género y la igualdad en México.

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