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Magdaleno y Micaelo

A quienes han padecido y padecen desempleo en la pandemia. ¡Ánimo!

Desde que perdió su empleo en marzo por “limitada capacidad de convivencia laboral durante periodos de crisis”, o al menos eso argumentaron en Recursos Humanos para despedirlo haciéndole firmar su renuncia, Micaelo no sabe qué hacer para sobrevivir en los próximos meses. Todos los días busca trabajo y no consigue.

Catalina, su esposa, desempleada desde febrero por recorte de personal, intentó generar ingresos con la venta de pays y pasteles caseros, sin embargo, no tuvo éxito. Amigos y familiares quedaron incluso debiéndole tras pedir fiado. 

La situación de los gastos en casa ha tomado nivel de alarma. Están a mil pesos de agotarse el dinero de liquidaciones y los pocos ahorros que tenían. Renta, comida, servicios básicos, escuela de los niños y medicamentos, son rubros necesarios por cubrir que no dan tregua al bolsillo. Es apremiante.

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Hay una solución inmediata para salir de aprietos mientras alguno de los dos encuentra empleo: vender las playeras de futbol que les regaló Magdaleno, hermano de Micaelo. Se las obsequió con ese propósito. Son camisetas originales de equipos y partidos memorables. Con el paso del tiempo, su valor se incrementó porque están catalogadas como históricas.

Una de las más valiosas es la del Borussia Dortmund campeón de Champions League 1996-1997 con el ‘19’ de Paulo Sousa. Devoto de la extinta Copa UEFA (hoy Europa League), adolescente en aquellos años, Magdaleno también se hizo de playeras como las de Galatasaray campeón de la edición 1999-2000 y Liverpool 2000-2001, cuando venció 5-4 en la final inolvidable a Deportivo Alavés. Otra que llama la atención es la de River Plate campeón de Copa Libertadores en 1996 con el 9 de Enzo Francescoli.

Pero Catalina y Micaelo se niegan a sacarles provecho.

-Son su tesoro.
-Es lo que le dije. Terco, insiste en que las vendamos, que ya no las quiere. Dice que su modita de coleccionar playeras es asunto del pasado.
-No le creo.
-Yo tampoco.
-Nadie se desprende de algo tan valioso así como así, aunque tú seas su hermano y quiera ayudarte.
-Lo sé, por eso ni siquiera hay que tocarlas. Yo vi cómo le costó conseguirlas y comprarlas.¡Las ama!
-No tardará en arrepentirse y vendrá por ellas.

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Lo que desconocen es que Magdaleno se ha desprendido de sus camisetas como un acto de amor a raíz de lo que ha aprendido a ver, oír y sentir en el confinamiento. El hecho que terminó por depositar el corazón en el estómago con la fuerza de una patada bien propinada fue observar felices a sus sobrinos; Catalina y Micaelo se esfuerzan día tras día para cumplir lo que se prometieron: no mostrar o transmitir a sus hijos la angustia sufrida durante la contingencia por la cuestión económica. Admira resistencia y fortaleza de su hermano y cuñada para procurar la alegría infantil de los niños en circunstancias tan críticas.

Fiel al ritual que un futbolero debe llevar a cabo para decir adiós a lo que le apasiona, Magdaleno platicó con cada una de las playeras explicándoles el porqué se deshacía de su compañía. Fue amable, ameno en sus despedidas. Por ejemplo, a la camiseta del desaparecido Colibríes de Morelos le contó que fue Mario Grana quien le dio la prenda luego de haber celebrado en balde la salvación de 2003.

Catalina y Micaelo tampoco tienen noción de que Magdaleno diseñó un plan para echarles la mano. ¿Cuál? Conoce tan bien a su hermano y cuñada que les dio las playeras a sabiendas de que son incapaces de tocarlas, así que funcionan, sin saberlo, como guardianes de las reliquias que él ya vendió por internet y debe enviar en dos semanas a los compradores. Para no verse tentado al arrepentimiento, se las regaló, entre comillas, a ellos. 

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¿Acaso no era más sencillo dar el dinero y ya? Sí, era lo más fácil para cualquiera, salvo para él, ya que desprenderse de capital lo hace cualquiera, pero hacerlo a través de aquello que representa lo inexplicable del futbol es sumamente complicado. Y eso es lo que siente Magdaleno, lo inexplicable.

 

*Ficción que se acerca a la realidad.

Por: Elías Leonardo / @jeryfletcher

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