Parece uno de los mantras del grueso de la población que suele disfrutar del balompié, se escucha constantemente en la sobremesas o se encuentra como una constante en los comentarios de redes sociales: el deporte y la política no se mezclan. En términos de deber ser, seguramente se pueden llevar a cabo grandes debates respecto a si esto es correcto o no. Por otra parte, en términos empíricos, no hay nada más falso. En el caso particular del futbol, es mucho más fácil enumerar los clubes o selecciones que han estado al servicio de los intereses de algún político o partido (de cualquier espectro) que esquivar esta cuestión.

 

Francia 2019

Una gran muestra de esto es el Mundial de Francia 2019. Los números lo respaldan como un evento que muestra el gran crecimiento que está sufriendo el futbol femenil. Uno podría pensar que lo más político que sucedió en él fue la abierta confrontación entre la estadounidense Megan Rapinoe y el presidente Donald Trump. Y en términos explícitos es uno de los momentos cumbres, sin sitio a dudas. Pero hay mucho más que las palabras.

El simple hecho de que mujeres aparezcan pateando un balón, jugando un mundial, cuando suele tenerse dado que ese es un espacio para los hombres, ya supone un trastrocamiento de muchas cosas. El descrédito para con el futbol femenil por parte de gran parte de los aficionados, no hace sino dejar de manifiesto esta verdad. Y es que las mujeres dentro del campo han tenido que enfrentar una gran cantidad de adversidades estructurales que casi las obligan a tomar una conciencia que en el futbol varonil parece extinta. 

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Es cierto que hay jugadores como el mítico Sócrates, pero en la actualidad son los menos. Megan Rapinoe o Ada Hegerberg son dos de las mejores jugadoras de la actualidad a nivel mundial, Balón de Oro y campeona del mundo. Es difícil imaginar la misma politización en figuras como Cristiano Ronaldo, Messi o Neymar, quienes parecen vivir en una burbuja que los distancia del resto de los mortales.

Por otra parte vale la pena pensar en fotografías como el beso entre la sueca Magdalena Eriksson y la danesa Pernille Harder. No fue el único ósculo del mundial, pero tiene un gran valor debido a la naturalidad con que sucedió y el hecho de que la noticia fuera la rivalidad entre las futbolistas dentro del campo y no sus preferencias sexuales. Todo esto no puede sino hacer saltar una pregunta ¿No hay un sólo homosexual en el futbol masculino? La respuesta la tiene Olivier Giroud, campeón del mundo con Francia en el 2018 “Es imposible declararse homosexual en el fútbol”. En contraste, Megan Rapinoe declaró que “No puedes ganar sin gays en tu equipo”. 

Copa América en Brasil

Por el otro lado tenemos la Copa América, que se llevó a cabo en Brasil entre el 14 de junio y el 7 de julio. Todo parecía ir en relativo orden hasta que en la final el polémico Jair Bolsonaro, presidente del país sede del torneo, aprovechó la algarabía del campeonato, para ser parte de ella: bajó al campo y como si fuera uno más de los futbolistas, cargó la Copa. 

No es casual que Bolsonaro use como tarima este torneo, ya que según los números dados por el Instituto Datafolha el ocho de julio, la popularidad del presidente brasileño se encuentra en picada. El 33 por ciento consideró que su gestión ha sido “mala o pésima”, mientras que un 31 por ciento la encuentra regular. Sólo una tercera parte de los encuestados lo aprueba. 

A esto se deben sumar hechos como las declaraciones de Lionel Messi aseverando que “Brasil era local, hoy por hoy ellos manejan mucho en la Conmebol y se hace complicado” o el hecho de que, según el diario Globoesporte, el equipo de Bolsonaro hizo uso de la misma frecuencia de radio que el árbitro y los ayudantes de cabina del VAR durante el encuentro de Brasil contra Argentina, dificultando la comunicación entre ellos. 

El proselitismo de Jair Bolsonaro, o las declaraciones de Megan Rapinoe son solamente dos ejemplos de cómo la pelota y lo político no están separados e incluso pueden llegar a estar íntimamente ligados. Sobre todo si se toma en cuenta que el deporte hace tiempo que dejó de ser solamente un juego para ser una de las industrias más grandes de todo el planeta.

 

Por Alberto Roman / @AlbertoRomanGar

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