Pasión, identidad y pertenencia: retos para las aficionados

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El futbol, como deporte orgánico capaz de cobrar vida a través de las personas que lo rodean, está sujeto a cambios constantes, más cuando se habla de México, pues desde hace años existen diversas prácticas que afectan equipos, ciudades y, principalmente, aficionados que deben resignarse a las decisiones de directivos que anteponen el negocio y la rentabilidad de los clubes impactando de forma directa en la pasión.

Más allá de que las medidas y los protocolos que deberán adoptarse para evitar que la situación de salubridad se agrave suponen un cambio. Hay cuatro equipos que tendrán que afrontar diversas dificultades cuando den inicio el Guard1anes 2020 y la naciente Liga de Expansión. Atlante, Cancún FC, Atlético Morelia y Mazatlán FC son clubes ajenos y complementarios al mismo tiempo al compartir un reto distinto a los demás: sembrar las bases de proyectos que puedan dar identidad y arraigo en los aficionados de sus localidades.

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Mientras que Atlante y Atlético Morelia cuentan con más de 170 años de historia en conjunto (si tomamos en cuenta la apropiación del club michoacano), los equipos de Sinaloa y Quintana Roo esperan los primeros partidos para comenzar a escribir las páginas de un par de franquicias que surgen con la esperanza de ganar un lugar en el mapa del futbol mexicano. Como es de suponer, los principales afectados por los cambios, traslados y mudanzas son los aficionados, pues deben trasladar, adherir o reforzar su pasión ante los múltiples e inesperados cambios, algunos para bien y otros no tanto.

La pasión como estandarte

“En Mazatlán siempre habíamos soñado con tener un equipo de primera división. Antes teníamos equipos de ciudades cercanas; yo era de Chivas”, cuenta del otro lado del altavoz Charles Guerrero, uno de los dos presidentes de La Banda del Pacífico, porra oficial de Mazatlán FC, que surgió antes de conocer el nombre, los colores y el escudo del equipo.

A diferencia de las tres ciudades donde jugarán los otros equipos de este caso —Cancún, Ciudad de México y Morelia—, Mazatlán debutará como sede del máximo circuito, novedad que despertó emociones contenidas. “Veíamos otros lugares donde había una pasión bien bonita y decíamos ‘por qué no nací en Guadalajara o Monterrey y cada 15 días iría al futbol. Eso nos motivó”, prosigue Charles, quien años antes de la llegada del futbol a su ciudad se hizo una promesa que ahora puede cumplir: “Siempre dije que si llegaba un equipo de primera a Mazatlán —lo veía imposible— dejaría mis colores anteriores y adoptaría los de mi equipo local, los de mi tierra”.

La tradición como negocio

Sin embargo, para que la llamada Perla del Pacífico tuviera esta oportunidad, una ciudad tuvo que despedirse de una tradición de décadas. “En febrero empezaron los rumores. Nos causó suspicacia que de un día para otro dejaron de actualizar las redes sociales. Los dueños cada dos o tres años nos advertían que iban a llevarse al equipo porque había extorsiones del narcotráfico, ventas bajas, el horario, la transmisión, era una amenaza constante que la banda se acostumbró a escuchar y pensábamos que si no lo hicieron en diez años no lo harían ahorita”, relata Lokuro, referente de la Lokura 81, barra del ahora Atlético Morelia.

El 2 de junio, dos días antes de su 70 aniversario, Monarcas Morelia desapareció para dar paso al Mazatlán FC, incluso con sus redes sociales, una de las primeras señales que alertó a los aficionados michoacanos al ver que tiempo antes de la noticia se dejaron de actualizar las cuentas rojiamarillas. Para fortuna de los seguidores —si así se le puede llamar—, no se quedaron sin futbol, aunque tendrán que vivir un proceso de adaptación que se espera sea más fácil que en otros casos, no como lo fue para el Atlante en su aventura por las costas del Golfo de México antes de volver a la capital del país.

Los potros que dejaron de correr

Atlante siempre se ha manejado como un equipo gitano y para mí es un tema hereditario. La pasión por los colores viene desde mi abuelo, Tito Monroy, fundador de la Tito Tepito en 1983. Tuvo seis hijos y mi padre tomó la batuta de la porra en 1998-99, ahí se dio un cambio generacional y ahora estoy yo”, explica Chevo Monroy, actual líder de una de las porras mexicanas más conocidas.

El cambio más significativo y, probablemente también el más cuestionado, se anunció el 14 de mayo de 2007 al informar la mudanza del cuadro atlantista a Cancún, periplo que no tuvo los resultados que se esperaban. “La afición se alejó porque no lograron arraigarlo. Los cambios de sede te matan. Por eso Atlante no ha tenido el auge que debería tener como fenómeno social. Nadie tiene nuestra historia. Atlante nació humilde, del barrio, entre las clases populares, entendiendo que la mística del equipo es remar contra corriente, ser la antítesis del poderoso y luchar contra toda adversidad. Eso identifica al Atlante y debería tener un arrastre en la cultura popular del país, no sólo de la Ciudad de México”, reflexiona Chevo sin ocultar la alegría en su voz de saber que su equipo jugará de nuevo en un lugar donde la historia y la pertenencia jugarán de su lado.

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“Desde que terminó el torneo se escuchó el rumor que Atlante se iba, pero no teníamos idea de que llegaría otra franquicia. Creímos que íbamos a quedarnos sin futbol. Tenemos nuestro equipo de años aquí, los Pioneros, de la Liga Premier, pero en más de una ocasión ha quedado claro que no se les dará el apoyo”, sentencia uno de los líderes y fundadores de La Malagua, barra del nuevo equipo cancunense, al contar lo que pasó por su mente con la mudanza azulgrana.

“Cuando se hizo oficial que un equipo venía y se llamaría Cancún FC hablé con quienes somos los fundadores y pensamos que era la oportunidad que queríamos para que la gente se acerque y se sienta identificada con un equipo que los va a representar llevando el nombre de la comunidad, que es una de las cosas que con Atlante nunca fue lo mismo”, relata como parte del génesis de una pasión que, por ser de facto pensada desde cero, puede construir una historia local en lugar de apropiarse o adaptarse a otra.

Juego de identidades

Pero no todos los rumores terminaron con buenas noticias. Los seguidores de Morelia vivieron días de incertidumbre que se sumaron a la impotencia de actuar ante la mudanza de su equipo. “Llegamos a la conclusión de que estaba orquestado desde hace tiempo. Lo hicieron tan rápido que no hubo tiempo para protestar o asimilar con detalle las cosas. Además, lo hicieron durante la pandemia mundial; fue una estocada perfecta”, reconoce Lokuro por teléfono, no sin mencionar que en lo que él llama “aquel domingo que nunca se va a olvidar, se congregaron más de 7 mil aficionados michoacanos para manifestar su descontento.

Incluso recuerda que hubo un momento en que una facción de la barra quería llevar las
consecuencias al punto de afectar a una de las empresas del antiguo dueño de Morelia. “Nosotros tenemos un bloque, como en todas las barras bravas, y esos güeyes estaban que se las pelaban por ir a quemar a los putos de Elektra; así como lo oyes”, asegura el referente.

De regreso a Mazatlán, equipo que propició los cambios del futbol en Morelia, la afición también trató de ser cautelosa ante la información que escuchaban, y no fue sino hasta que vieron acciones que comenzaron a asimilarlo. “Cuando empezaron a construir el estadio nos dimos cuenta que tendríamos futbol. No sabíamos de qué tipo. Tal vez tercera, segunda división o alguna filial. Jamás pensamos en primera”, confiesa todavía incrédulo el dirigente de la porra que luce orgullosa los colores de los famosos atardeceres de su ciudad.

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La Banda del Pacífico no está sola, pues aún cuando tiene un núcleo y apenas han visto a su equipo en tres partidos de la Copa por México, ya cuentan con miles de seguidores en sus redes, al igual que La Malagua, de Cancún FC, con quienes también comparten el reto de compenetrase con dos nuevos proyectos a los que cuentan con adscritos guiados por el impulso casi infantil del juego por el juego.

“Así como nosotros, hay más gente buscando la identidad futbolística de Cancún. Este proyecto empezó con cinco personas, pero todos los que nos rodean tienen el mismo sentimiento. Es gente que tiene esa sed y encuentra lo que estaba buscando; Cancún FC es nuestro estandarte”, comenta incrementando el tono de voz de acuerdo a su emoción el líder de la barra caribeña que prefiere mantener su anonimato.

Por otra parte, el líder de la Tito Tepito, destaca la adaptabilidad de los aficionados atlantistas y menciona la historia que busca nuevamente asentarse en una ciudad donde cuenta con buenos recuerdos: “No nos ha quedado de otra; no somos los dueños del equipo. Lo regresaron por dos motivos: uno, porque en Cancún no se pudo arraigar, y dos, Atlante no puede estar en ningún otro lado”.

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Pero la historia también puede usarse en contra del aficionado para evitar la pérdida de la

identidad y la pertenencia generadas, como ha hecho el nuevo club michoacano que, apela a la nostalgia y símbolos arraigados previamente para prevenir el descontento: ”Supieron darnos en la madre destapando luego luego la noticia de que iba a regresar el Atlético Morelia. Ahí se dio un choque”, reconoce Lokuro, después de semanas para asimilar los cambios.

Los casi 70 años de Morelia fueron de lo poco que no se pudieron llevar con la mudanza
efectuada por parte de los dueños, y ahora es turno de Mazatlán para demostrar que también la idea generalizada de la predilección de la zona por el beisbol no afectará al futbol.

“Queríamos ser parte de la historia. Varias generaciones perdidas sin futbol profesional dieron pie a crear algo único”, dice Charles, quien aprovecha para explicar cómo son los mazatlecos. Mazatlán es fiestero. Cuando hay béisbol todos somos beisboleros, pero cuando está la semana internacional de la moto todos somos bikers. En tiempo de carnaval todos somos carnvaleros, cuando hay basquetbol nos convertimos en basquetboleros. El futbol se va a vivir cada 15 días, el beisbol se vive tres veces a la semana y solamente de octubre a febrero, entonces se puede combinar fácilmente”.

Saltando del Pacífico al Atlántico, Cancún FC también debe construir su palmarés dentro y fuera de la cancha, y aprovechar que cuentan con un proyecto que está diseñado para compenetrar con los habitantes de la ciudad y la región.

Estamos aquí por el futbol y qué mejor que con un equipo en casa, poniendo en alto el nombre de nuestra comunidad. Esto es un proyecto nuevo. El grupo de amigos que conformamos la barra apoyamos al Atlante en todos los partidos de temporada y liguilla, pero nunca sentimos que encontrara esa identidad en Cancún. Necesitábamos un equipo con más apego a la gente y que pudiera adoptar un poco de identidad del caribe mexicano”, explica el líder anónimo de La Malagua.

No obstante, los aficionados de Mazatlán FC, Atlético Morelia, Cancún FC y Atlante comparten algo más: la siempre constante —paradójicamente— incertidumbre del futbol mexicano, pues aún cuando tienen a sus equipos, los manejos de las ligas y sus dirigentes han demostrado tomar decisiones volátiles que ejecutan sin previo aviso o consideración de los aficionados.

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En este sentido, Chevo sabe que la oportunidad que tiene Atlante debe ligarse a los ideales que los identifican: “Como afición nos ocuparemos de hacerle saber a la gente lo que es el Atlante, lo que representa, el esfuerzo a diario, la lucha a lucha, levantarse temprano, salirse a romper la madre trabajando, la garra y la entrega”.

Para Charles Guerrero la situación no fue la ideal por cómo se llevó a cabo, sin embargo, como lo señala, los aficionados son los menos culpables: “No me parecieron las formas, pero no es culpa nuestra, la directiva y los dueños tomaron su decisión. A nosotros nos interesa que llegó un equipo y nos toca apoyar con todo nuestro corazón y aliento a nuestro equipo actual. Sentí feo por el aficionado de Morelia, nosotros respetamos sus opiniones y su enojo”, comparte antes de mencionar que ese respeto se basa en que no saben si a futuro los aficionados de Mazatlán FC vivirán alguna situación similar.

Y aunque la pasión es un tema central para los aficionados, también están conscientes que el tema del dinero juega un rol fundamental: “Viendo todo lo que hay alrededor del equipo, la ciudad, la directiva, pensamos que será a largo plazo. Mazatlán ha tenido un boom turístico, inversionistas de grandes cadenas han invertido en el puerto”, presume orgulloso uno de los presidentes de La Banda del Pacífico.

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Por último, y entrando a un tema que se liga directamente con el dinero, Lokuro de Morelia, introduce los temas de gobierno e intereses como un eje que es facilitador de los movimientos e inversiones que se hacen en el futbol mexicano: “También se vale hablar de política porque hay un trasfondo cabrón. En pocas palabras, es una movida para que se quede el gobierno perredista. Es parte de la estrategia que utilizan para ganar votos y hacer creer que ellos trajeron al Atlético Morelia”.

Y a primera instancia parece cuestionable que se decidiera alentar al nuevo equipo que retomó la historia del anterior, pero la identificación por los colores y simbiosis con la ciudad es el motor que permitió la aceptación del Atlético de Morelia, ya que a final de cuentas también sirvió para que el club de la ciudad dejará de depender de dueños con los que estaban inconformes.

“Fue como una negociación de tres puntos. Uno, se fue el cáncer que es TV Azteca; dos, nos regresan el escudo que tanto amamos y, tres, ponen una cláusula que el equipo nunca dejará la ciudad. Con esto, el descontento, la frustración y la desolación se apaciguaron. También tenemos ese miedo de que lo vuelvan a hacer, pero se va a apoyar porque este lugar nos pertenece”, sentenció Lokuro.

 

Por: Obed Ruíz /@ObedRuizGuerra

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