Lapadula

Reza el viejo adagio que cuando no te toca, aunque te pongas, y cuando te toca, aunque te quites; Lapadula se quitó cuando le tocaba, y se puso cuando no. El italo peruano tiene una historia peculiar que podría terminar salvando a la selección del Perú en los años venideros.

Gianluca es tan italiano como el parmesano; born and raised en Turín, pero de madre peruana. Hasta hace pocos años no había pisado tierras incas, y ahora es el reemplazo generacional de un gigante como Paolo Guerrero en la absoluta blanquirroja. De notable fuerza física, Lapadula es un delantero al mero estilo sudamericano; de rápido disparo, ingenioso en palmos pequeños de terreno y de sangre hirviente.

Luego de pasar sus primeros años como futbolista deambulando en divisiones inferiores de Italia y hasta ser prestado al Gorica de Eslovenia, Gianluca fue fichado por el Pescara de la Serie B; un equipo con aspiraciones al ascenso y protagonista de la segunda categoría del calcio. En los delfines consiguió 30 goles en 46 partidos

Fue entonces cuando su nombre llegó hasta Sudamérica y pasó por los oídos de un viejo sabio que, coincidentemente, es entrenador de la selección Peruana; Gareca escuchó de Lapadula y agendó una cena con el delantero para ganarse su confianza y encontrar, por fin, un 9 que le diera descanso a Paolo Guerrero. Y aunque seguramente las medidas diplomáticas de Gareca fueron casi quirúrgicas, Lapadula volteó al otro lado y rechazó el llamado para la Copa América Centenario.

La esperanza y el desencuentro

Gracias a la fabulosa temporada con el Pescara, la gran oportunidad de Gianluca parecía llegar, ya con la Selección Peruana en el retrovisor: el Milan, 7 veces campeón de la Champions League pero que sufre la crisis más grande de su historia volteó a ver a la figura emergente de la Serie B. Se asomaba como la gran oportunidad del goleador para alzar la mano Y vestir el 9 en la azzurri. El llamado llegó para jugar un amistoso contra San Marino, en el que Gianluca sorprendió (y no tanto) anotando tres goles. A pesar de ser nombrado el jugador del partido y tener toda la ilusión de representar a su país, nunca más fue tomado en cuenta para la selección europea. 

Perú, mientras tanto, seguía navegando como podía en las eliminatorias que pintaban bastante bien para el cuadro inca. La ironía de ironías en el futbol: Italia, fuera de Rusia 2018, Perú, clasificado. La decisión de Lapadula envejeció muy mal, pero no era el final todavía.

No estamos para lujos

En 2019, los delanteros con los que contaba Gareca se reducían a un Guerrero lesionado, un Pizarro al borde del retiro y un Farfán que ya estaba jugando en Arabia, lejos de un nivel deseable para el combinado nacional. En ese momento el entrenador de los sudamericanos consideró la opción de Gianluca, que se encontraba navegando en el Genoa y el Lecce, con goles, pero poca regularidad.

Luego de ver a la Selección Peruana en las eliminatorias, Lapadula mandó un mensaje contundente hasta sudamérica; un tatuaje de un indígena y un guiño en una entrevista hizo saber a la gente de la selección que tenía intenciones de participar de las eliminatorias para Qatar 2022. Los dirigentes del futbol peruano se dieron cuenta de que no había más opciones con la calidad del delantero italoperuano y optaron por llamarlo. 

El jugador no dudó esta vez y aceptó el llamado del profe Gareca. Lapadula ha despertado la atención del país entero, luego de un par de asistencias para la victoria de su selección en contra de Ecuador en Quito. Habrá que dejar que el tiempo nos diga si Guerrero puede descansar en su trono, y observar cómo su sucesor guía a los incas a buen puerto.

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Por: Alfredo Canseco / @alfrecanseco

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